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MOMENTO DE INFLEXIÓN

Facilitar la investidura de Sánchez o no. Esa es la cuestión
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Facilitar la investidura de Sánchez o no. Esa es la cuestión

· Por Enrique Miguel Sánchez Motos, Administrador Civil del Estado

martes 17 de septiembre de 2019, 08:55h
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El tema no es nuevo. Los resultados de las elecciones del 28A pusieron en evidencia que esto se plantearía para investir al presidente. Pedro Sánchez había obtenido 123 escaños, el mismo número que tenía antes Rajoy. El PP 66, Cs 57, Podemos 42 y Vox 24. El resto 38 escaños. Evidentemente había ganado Sánchez y la pura lógica llevaba a pensar que, si había logrado ser investido teniendo 84 diputados ¿cómo no lo iba a ser ahora que tenía 123? Nadie podía, ni puede impedir, que Sánchez se echara, o eche, en brazos de los mismos apoyos que tuvo (Podemos y separatistas, básicamente) en la moción de censura contra Rajoy que le llevó a la Moncloa. A partir del 29 de abril, y sin excusas tras las elecciones locales del 26M, fue el momento en el que los partidos constitucionalistas de la oposición debieron tener visión de Estado y demostrarla. Sin embargo, PP, Cs y Vox perdieron la oportunidad de tomar la iniciativa y de ofrecer, con condiciones, a Sánchez su abstención en la segunda votación, para facilitar su investidura, ya que el resto de formaciones políticas, con sus 38 escaños, no podría impedirla si los 123 diputados de PP y Cs se abstuvieran y más aún si también se abstuvieran los 24 diputados de Vox.

Pero el centro derecha perdió su oportunidad de mostrar sentido común. No supo poner sobre la mesa una oferta con temas básicos por el interés de España. El freno al independentismo, con la opción del 155 incluida, el compromiso de no indultar a los posibles condenados por el golpe de estado catalán, el control decidido de la inmigración, la derogación de la memoria histórica y compromisos claves en la economía, para no frenar el crecimiento del PIB y del empleo.

Sin embargo, esa oportunidad se perdió y desde el 28A hasta ahora, el Gobierno de Sánchez ha afectado a la economía privada, con los “viernes sociales”; ha seguido dando alas al independentismo, sin afrontar sus desafíos y dejándole seguir creando sus “embajadas” con el dinero de todos los españoles. También ha tenido una actitud demagógica ante la inmigración, Open Arms incluido, y ha presentado, a través del partido, una propuesta de profundización de la sesgada y sectaria memoria histórica. Y a nivel local ha optado por pactar con los bilduetarras y aceptar sus iniciativas de euskaldinizacion de Navarra. Todo lo cual ha empeorado la situación en que España se encontraba el 28A. Lo único bueno ha sido que Sánchez de darse cuenta de que no podía incluir a Podemos en su gobierno, pues se ha dado cuenta de que esa formación se le iba a rebelar, desde dentro desde el primer momento.

A partir de ese momento de iluminación, Sánchez ha tomado la antorcha del interés de España y de la estabilidad y ha pedido a PP y a Cs que le faciliten sin más la investidura, echando sobre ellos la culpa de que no haya aún Gobierno ni Presupuestos y de que por tanto no puede enviar anticipos a las Comunidades Autónomas, lo cual carece de la menor solidez jurídica.

Todo nos aboca a las elecciones y de pronto, Rivera, sin encomendarse a Dios ni al diablo, le ha ofrecido facilitarle la investidura con su abstención, y le pide, como contrapartida, el compromiso de no indultar a los posibles condenados por el procés, firmeza ante el independentismo, aunque no la exigencia de un 155 inmediato, y compromisos presupuestarios relativos al no incremento de impuestos y al control del gasto público. A la vez invita al PP a sumarse a esta iniciativa, que cabría denominar “Rivera Suma” pero, por supuesto, ignorando a Vox, cuya abstención no sería en realidad necesaria.

Dejando para otro momento el juicio de oportunidad sobre los intereses que hayan movido a Albert a hacer esta propuesta, lo cierto es que al PP le ha cogido con el pie cambiado y a Vox lo ha dejado como convidado de piedra. Lo que Rivera ha propuesto coincide en gran medida con el interés general de España y de los españoles, muchos votantes socialistas incluidos, y hay que optar. Ni PP ni Vox pueden callarse ¿acaso no es el interés de España el que está en juego? Ha llegado el momento de que cada uno ponga sobre la mesa las condiciones que exige de Pedro Sánchez para facilitar su investidura. O bien arriesgarse a un acuerdo final Sánchez-Podemos, con concesiones a los independentistas.

Convendría que PP y Vox tengan en cuenta que tienen que mojarse y que la campaña electoral ha comenzado, haya o no nuevas elecciones. Obviamente no están en posición de pedir a Sánchez imposibles. Deben medir lo que le piden, si quieren que haya posibilidad de que lo acepte. Por otra parte, no responder con sus propuestas, a la iniciativa de Cs, sería muy malo para ellos porque los ciudadanos lo valorarían como incapacidad de reacción.

Las encuestas sobre las futuras elecciones no son muy seguras. Muchas cosas pueden cambiar hasta que se convoquen y luego celebren. Lo que no cambia es que Rivera ha jugado sus cartas y que llega el turno a PP y también a Vox. Está claro que en las manos de Sánchez estará el compromiso de decidir si acepta, o no, las condiciones que le pidan PP y Cs, juntos o por separado. O si busca un acuerdo con Iglesias o prefiere nuevas elecciones. El tendrá la responsabilidad de decidir. Pero los partidos de centro derecha no deben ignorar que se ha llegado a un punto crítico y que serán responsables, cada uno de ellos, de lo que propongan o de lo que callen en estos momentos.

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