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ESTADOS UNIDOS MEJORARÍA OSTENSIBLEMENTE SU POSICIÓN ESTRATÉGICA

Desde el punto de vista continental ¿Es más europea o americana la gran isla de Groenlandia? Una vista al mapa del Polo Norte coloca Groenlandia como un espacio geoestratégico de primer orden que Dinamarca no puede gestionar.
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Desde el punto de vista continental ¿Es más europea o americana la gran isla de Groenlandia? Una vista al mapa del Polo Norte coloca Groenlandia como un espacio geoestratégico de primer orden que Dinamarca no puede gestionar.

¿Es realmente ridícula la idea de Trump de comprar Groenlandia?: la historia acredita que es posible

· Por José Luis Barceló, Editor-Director de ElMundoFinanciero.com y experto en Relaciones Internacionales

domingo 06 de octubre de 2019, 13:58h
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Mucho se ha ridiculizado en las últimas horas la idea, aparentemente descabellada, del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de "comprar" literalmente a Dinarmarca la gigantesca isla de Groenlandia, un "espacio muerto" para el pequeño país nórdico, con apenas poco más de 56.000 habitantes en todo su conjunto, pero que para los Estados Unidos se convertiría en una nueva plataforma geoestratégicade primer nivel que le posibilitaría "acercarse"aún más al continente europeo y "rotar" el eje de acceso al Polo Norte en su favor, acechando a Rusia una vez más. Los vikingos conoceron y explotaron muy bien lo que era la navegación de cabotaje circunvalando las costas del Mar Báltico y Mar del Norte hasta llegar a las costas de Groenlandia y de allí, práctcamente sin esfuerzo, alcanzar América del Norte hasta Terranova. Existen en el pasado importantes antecedentes que invitan a pensar que la propuesta de Trump no es ninguna tontería, y hay en la Historia casos de adquisisión de importantes territorios estratégicos mediante acuerdos de compra entre países. Tal fue el caso de Alaska, cuyos protagonistas principales fueron la Rusia zarista y los mismísimos Estados Unidos que ahora protagonizan el intento de compra de Groenlandia, o las islas Carolinas, por parte de España. ¿Nos imaginamos una Unión Soviética que hubiera podido plantar misiles nucleares en Alaska durante la Guerra Fría? Groenlandia fue descubierta por Erik el Rojo hacia el año 982, su evangelización se inició en el siglo XI y en 1261 quedó bajo soberanía de Noruega. los europeos no prestaron mucho interés por este vasto territorio helado, y los inuit fueron los únicos habitantes del territorio hasta el siglo XVI. Los navegantes europeos Frobisher y John Davis visitaron en el siglo XVI la isla sin encontrar descendientes de los antiguos colonos. En 1721 llegaron pobladores daneses, quienes se asentaron en el oeste de la isla y fundaron Godthab, llamada actualmente Nuuk, que es su capital. En 1953 dejó de ser colonia danesa para convertirse en el territorio del Reino de Dinamarca con mayor autonomía.



Podemos pensar que para Dinamarca no tiene ningún sentido mantener la titularidad de aquellos vastos territorios, pese a que el Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno de Groenlandia ha afirmado que la isla "no está en venta", después de que el presunto interés del presidente estadounidense Donald Trump en comprar la isla fue ampliamente ridiculizado. "Groenlandia es rica en valiosos recursos como por ejemplo los minerales, tiene el agua y el hielo más puros, reservas pesqueras, mariscos y energía renovable y es una nueva frontera para el turismo de aventura. Estamos abiertos para hacer negocios, pero no en venta", dijo el ministerio en su cuenta oficial de Twitter. Eso dice el actual ministro de momento, pero en algunos círculos de la Inteligencia europea se cuestiona esa versión, porque de otra manera el presidente de los Estados Undos no habría lanzado su órdago sin conocer antes la versión oficial danesa. Es por ello que muchos analistas se inclinan por pensar que las negociaciones ya se han abierto y que se han lanzado globos sonda para conocer el efecto que pueda tener en la opinión pública, tanto la danesa, como la norteamericana como la atlantista. No podemos olvidar que Dinamarca es a su vez miembro de la NATO, dato trascendenctal para concocer como van a producirse de ahora en el futuro las relaciones acerca de a situación de Groenlandia.

Más del 77 % de su superficie está cubierta de hielo y se la considera como la mayor isla del mundo. Ocupa 2,166 millones de kilómetros cuadrados, la mitad que el total de la superficie de los países ue integran la Unión Europea. Groenlandia ha sido habitada, aunque no de forma continua, desde mediados del III milenio a. C. por pueblos amerindios hasta que en el año 986 su costa meridional fue colonizada por poblaciones de origen nórdico procedentes de Islandia, y en 1261 los groenlandeses aceptaron la soberanía noruega sobre la isla. La ocupación nórdica duró hasta principios del siglo XV aunque con muy escasa actividad. A principios del siglo XVIII Hans Egede restableció el contacto con Groenlandia, pasando a depender de Dinamarca en 1814, tras la disolución del Reino de Dinamarca y Noruega. Desde la Constitución de Dinamarca de 1953, Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca con una relación conocida como Rigsfællesskabet, Mancomunidad de la Corona. En 1979, Dinamarca le otorga la autonomía y, en 2008, transfiere la mayor parte de las competencias que tenía el gobierno danés al gobierno local groenlandés. Este traspaso se hizo efectivo el año siguiente y dejó para Dinamarca las competencias de asuntos exteriores, seguridad y política financiera. Asimismo, otorgó a Groenlandia un subsidio anual de 633 millones de dólares, lo que suponía 11 300 dólares estadounidenses per cápita. Podemos imaginarnos también el optimismo que para algunos groenlandeses puede suponer la idea de que puedan pasar a obtener la nacionalidad de los Estados Unidos de Norteamérica. Desde el punto de vista continental no queda claro para algunos geógrafos si Groenlandia pertenece al continente europeo o al americano, al estar en una frontera difusa a mitad de camino de ambos y tratarse de un subcontinente con una inerte actividad comercial, industrial y humana.

Podemos imaginrnos ahora el efecto que podría tener la suscitación de un referéndum por parte de los groenlandeses acerca de su ciudadanía y status, especialmente sise tuviera en cuenta la oferta hecha por el presidente de los Estados Unidos y de la amplia autonomía con la que cuentan por parte de Dinamarca. Si se les preguntara, ¿qué responderían ellos? Recordemos que Dinarmarca, y por tanto Groenlandia, están fuera de los acuerdos del Euro y mantienen la corona danesa como moneda propia. Con la propuesta de Trump los groenlandeses pasarían a utilizar dólares americanos como moneda propia.

Existen casos en el pasado de compras territoriales que surtieron efectividad tal y como ha sido planteada ahora la idea del presidente Trump respecto a Groenlandia.

Uno de los casos más llamativos es el de las españolas islas Carolinas, que fueron descubiertas el 22 de agosto de 1526 por los exploradores españoles Toribio Alonso de Salazar y Diego de Saavedra, avistando la isla de San Bartolomé o Taongui. El 1 de enero de 1528 el descubridor Álvaro de Saavedra tomó posesión en nombre del Rey de España de las islas de Uluti, siendo visitado el archipiélago de las Islas Matelotes en 1542, 1543, 1545 y por Legazpi en 1565. Francisco de Lezcano en 1686 llegó a Yap y las llamó Carolinas, en honor del rey Carlos II de España, haciendo extensible el nombre a las islas Palaos y a las que fueron rebautizadas como islas Gilbert e islas Marshall por los exploradores británicos del mismo nombre que las visitaron entre 1788, las primeras y 1799, las segundas. En 1852 el coronel español Coello indicó a su gobierno las ventajas que la ocupación efectiva de las islas Carolinas proporcionarían al comercio de Filipinas con Australia, Nueva Guinea y América, pero España hizo caso omiso de sus sugerencias hasta el año 1885, año en que el representante español Butrón firmó con los reyes de Koror y Artingal un acta por el cual se reconocía la soberanía del rey de España sobre las Carolinas.

Una vez asegurado el territorio, España intentó establecer derechos aduaneros en la región en 1875, pero Alemania y el Reino Unido se opusieron al esgrimir que el anterior abandono de las islas por parte de España permitió la llegada de diferentes misiones de estos dos países. El conflicto surgido a causa de estos hechos fue sometido al arbitraje del papa León XIII, quien reconoció la prioridad de los derechos de España sobre las islas comprendidas hasta el grado 164 longitud Este, asignando a Alemania las islas Marshall y la facultad de conservar una estación naval en una de las islas Carolinas, derecho que Alemania no utilizó. Después de la guerra hispanoamericana de 1898, las islas Carolinas y Marianas fueron vendidas a Alemania por 25 millones de pesetas en 1899, reservándose España el derecho de establecer un depósito de carbón en la zona, algo que tampoco hizo. Para tomar posesión de estas islas fue enviado por parte de Alemania el cañonero Panther e incluso marcó pesos filipinos del rey Alfonso XIII y táleros de María Teresa de Austria en 1899 con un punzón circular en que asignaba el valor de 5 marcos y una leyenda alusiva al rey Guillermo II de Alemania: “W.II.KAISER.KRLNS” y el año 1899.​

El ministerio danés ha hecho hace pocas horas una declaración despectivaa la propuesta de Trump después del informe del jueves del Wall Street Journal en el que indicó que "en reuniones, cenas y conversaciones casuales, Trump ha preguntado a sus asesores si Estados Unidos podría comprar Groenlandia".

El presunto interés de Trump ha sido recibido con incredulidad y sorpresa en Europa, especialmente en los gabinetes gubernamentales. Del Reino Unido no se conoce aún respuesta, pero queda claro que los cancilleres europeos no han leído mucha historia reciente si se ríen a mandíbula batiente sin estudiar a fondo antes el asunto. No se trata de reírse de la propuesta, sino de analizarla en profundiad y concoer las consecuencias de tan atrevida propuesta, que es absolutamente viable.

Lars Lokke Rasmussen, primer ministro de Dinamarca hasta fines de junio, dijo en Twitter que "¡debe ser una broma por el 1 de abril, día de los inocentes, pero completamente fuera de temporada!" Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca.

Aaja Chemnitz Larsen, miembro del Parlamento danés y originaria de Groenlandia, dijo en Twitter: "¡No gracias, a la compra de Groenlandia por parte de Trump!" y agregó que "una asociación mejor y más equitativa con Dinamarca" debe ser la forma de avanzar.

Rasmus Jarlov, miembro conservador del Parlamento danés, dijo en Twitter que "de todas las cosas que no van a ocurrir esta es la menos probable. Olvídenlo".

Rufus Gifford, exembajador de Estados Unidos en Dinamarca, dijo que "como alguien que ama a Groenlandia, que ha estado ahí nueve veces en todos los rincones y que ama a la gente, esto es una completa y total catástrofe".

Pero olvidémonos por un momento de las interesadas palabrerías de los politicos y centrémonos en la propuesta en si. Analicemos por un momento el caso de Alaska, un precedente real de compra de un territorio por parte de los Estados Unidos en el mismo sentido que como ahora ha pretendido Trump para Groenlandia.

La mayor parte de la historia de Alaska procede de la colonización europea, empezando por el navegante danés -otra vez Dinamarca- al servicio de la Armada Rusa, Vitus Bering, que alcanzó Alaska a bordo del San Pedro en el transcurso de la Segunda expedición a Kamchatcka. Sin embargo, el primer europeo que alcanzó las costas de la región fue el ruso Aleksei Chirikov, que navegaba en la expedición de Bering al mando del San Pablo, cuando llegó el 15 de julio de 1741 al lugar en el que hoy se encuentra la ciudad de Sitka. La Compañía ruso-americana pronto empezó la colonización de la costa y en los años 1790 ya había asentamientos en la región, que cuenta hoy con poco más de 700.000 habitantes en total. La principal actividad en la zona era la industria peletera con la caza de nutrias, aunque la colonia no fue nunca rentable debido al elevado coste de los navíos necesarios para ello. Aunque en principio el contacto con los nativos fue cordial, pronto se produjeron encuentros violentos, que unidos a las enfermedades transmitidas por los europeos, exterminaron a cuatro quintas partes de la población nativa. El primer asentamiento permanente por parte de Rusia se estableció en 1784, cuando Grigori Ivánovich Shélijov fundó una colonia en la isla de Kodiak, en la Bahía de Three Saints Bay, hoy base naval estadounidense. En 1790, Shélijov alquiló los derechos de caza a Aleksandr Baránov, quien trasladó la colonia a la actual ciudad de Kodiak, aunque viendo la posible llegada de exploradores y cazadores europeos, trasladó la capital a Nuevo Arcángel que se convirtió en la ciudad de Sitka.

También tomaron parte los españoles en la historia de Alaska y España reclamó los derechos que la bula Inter Caetera les daba sobre la costa oeste de Norteamérica, que incluía Alaska. El rey Carlos III de España organizó varias expediciones a la región para intentar colonizarla. Las expediciones de Bruno de Heceta y Alejandro Malaspina han dejado algunos topónimos en la región, como el Glaciar Malaspina y las ciudades de Valdez y Cordova. También los británicos siguiendo el ejemplo de la corona española, enviaron exploraciones a la zona, como las de James Cook o George Vancouver. En 1799, Nikolái Rezánov compró los derechos de explotación de las pieles al zar Pablo I de Rusia y creó la Compañía ruso-americana, y la sobreexplotación del territorio llevó a un enfrentamiento entre los colonos y los nativos, cuyo acontecimiento más destacado es la Batalla de Sitka de 1804.

En 1867, el Secretario de Estado estadounidense William H. Seward realizó finalmente la compra de Alaska a Rusia por 7,2 millones de dólares estadounidenses. La falta de efectivo de Rusia y el temor a perder el territorio en algún conflicto futuro con sus rivales británicos, impulsó erróneamente al zar Alejandro II a vender el territorio a los Estados Unidos tras el fracaso en la Guerra de Crimea. La compra se efectuó el 18 de octubre de 1867, hoy recordado como el Día de Alaska. Aunque la compra recibió duras críticas en el momento de producirse, popularmente conocida por los estadounidenses como la "Locura de Seward", "Nevera de Seward" o "Parque de los Osos Polares de Andrew Johnson", ya que parecía imprudente gastar tanto dinero en una región tan remota. Pero finalmente se vio como un negocio ventajoso gracias al descubrimiento de oro en Yukón así como de petróleo y la continuidad de las capturas para peletería. En la década de 1890, los territorios de Alaska y Yukón sufrieron una explotación de sus minas debido a la fiebre del oro, conocida como fiebre del oro de Klondike, nombre del principal yacimiento, y continuaron siendo explotadas aún cuando las reservas auríferas disminuyeron.

Hoy no podemos entender la historia de los Estados Unidos son el "affair Alaska", y, haciendo política a ficción, no podríamos quizás entender la historia futura de los Estados Unidos sin una idea aparentemente descabellada como la que acaba de lanzar el presidente Trump, una persona, no olvidemos, imbuida de un razonamiento muy personal acerca de su forma de ser y de éxito final de sus propuestas: Trump está convencido de que es precisamente su forma de ser y actuar la que le ha lanzado siempre al éxito, y no lo contrario, motivo por el cual considera que siempre tiene la razón. La gente en general tiende a desacreditar siempre las propuestas y las ideas que van contra el sentido común o contra lo que se considera establecido. Donald Trump apuesta por ir en la dirección contraria pero eso no tiene por qué ser siempre descabellado, sino un camino diferente, que es ciertamente su forma de actuar, en los negocios y en la política. Y, para bien o para mal, el tiempo termina por darle la razón.

Las permanentes reclamaciones sobre el Polo Norte colocan las reivindicaciones daneses en un primer espacio competidor con Rusia, donde Estados Unidos podría avanzar notablemente en su escasa influencia que actualmente tiene en comparación con Dinamarca o Canadá.
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Las permanentes reclamaciones sobre el Polo Norte colocan las reivindicaciones daneses en un primer espacio competidor con Rusia, donde Estados Unidos podría avanzar notablemente en su escasa influencia que actualmente tiene en comparación con Dinamarca o Canadá.
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