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DEBATE ABIERTO

El plástico, los plásticos

El plástico, los plásticos
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· Por Aurelio Gabaldón Gutiérrez, Ingeniero de Montes, Geólogo

viernes 10 de abril de 2020, 10:12h
Mecánicamente una cadena sometida a un esfuerzo, si se rompe se va a romper por el eslabón más débil. No creo que nadie lo niegue, lo cuestione, o que lo ponga en duda. Aunque como siempre, en este valle de lágrimas en el que vivimos no faltará alguien que lo haga. Todavía hoy en día hay gente que crée que la Tierra es plana, así que figúrense...

Pero, ¿quién es el eslabón más débil? Usted. Yo. Todos nosotros. Los paganos. Y además los últimos de la cadena. Los que pagamos impuestos absurdos y abusivos queramos o no. Impuestos de los que no podemos escapar. O a lo mejor sí.... por cierto, yo animo a todos a que lo hagan. Y no me vengan con que los impuestos son para hacer “hospitales y carreteras”. A otro perro con ese hueso. Antes sí, hoy ya no. Desde hace mucho tiempo ya no. Desde hace muchos años los impuestos son para mantener el criminal e insolidario Estado autonómico. Hay que defenderse de este injusto Estado, en aras de esa rebeldía intelectual de la que hacen gala los progres, para defender nuestra propiedad privada que en España aunque parezca que sí, ya no existe puesto que el Estado no vela por ella. Hoy en día la mayoría de impuestos son confiscatorios, vamos, un robo legal.

¿Por donde iba...? Ah sí...por la cadena. Cuando a finales de los años 60 y en los 70 la industria del plástico empezó a extenderse de forma masiva por todos lados a los envases de líquidos, vimos que parecía un invento práctico, cómodo y útil. Y en verdad el plástico lo es en muchos aspectos y para muchos usos. Pero es nefasto en otros, concretamente para la salud de nuestro cuerpo.

El plástico de las botellas de las que bebemos es un derivado del petróleo. El plástico está en todo y por doquier. ¡Hasta hay flores de plástico! Que es el colmo. Es querer tener Naturaleza sin tenerla. El siguiente paso será poner una imagen de unas flores en la pantalla del movil. Y cuanto más se aleja el Hombre de la Naturaleza, más precio tiene que pagar, y en este caso en salud. El progresso mal usado y entendido, y la industrialización mal aplicada, nos hacen pagar un alto precio a la larga.

Que un líqudo apto para el consumo humano, como es el agua, esté envasado en una botella de plástico y no en una botella de vidrio, no es algo natural ni sano, por muy transparente que veamos la botella. El vidrio se obtiene mediante una transformación mineral “sana”. Por simplificar, el vidrio es tierra y fuego combinados. El plástico no. Confieso que soy un sano obseso del tema y cuando voy a un supermercado y veo botellas de plástico de agua mineral me fijo en ellas y además las maldigo. Las marcas, sabiendo como está el patio (porque afortunadamente cada vez más personas tienen información al respecto), están llegando a unos niveles artísticos y de sofisticación inimaginables imitando al vidrio. Para engañar, imagino que con la idea de hacernos creer que son prácticamente la misma cosa. -Qué más da vidrio que plástico, ¿no? Mire qué botellitas mas cristalinas fabricamos, igualito que el vidrio. No se preocupe...es lo mismo, ¿no lo ve?...y encima pesa menos y no se rompe. Olvídese del vidrio que pesa mucho y si se rompe se puede usted cortar” –.

De la misma manera que imitan flores haciéndolas de plástico fabrican botellas de plástico para que parezcan de vidrio. ¿No les parece sospechoso? ¿A que no han visto nunca una botella de vidrio intentando imitar a una de plástico? Pero al revés sí. Es la estupidez de imitar a la Naturaleza pudiendo tenerla de verdad. Es el autoengaño. Y con la burda excusa de que el vidrio es más caro de fabricar que el plástico, a parte de más frágil y pesado. Pues bendito vidrio. Recuerdo con nostalgia cuando ibas a las tiendas y bodegas y devolvías los “cascos” de vidrio. Eso sí que era natural además de una actitud responsable y cuidadosa con la Naturaleza.

El plástico, con sus talatos, bifenoles y dioxinas es totalmente perjudicial para nuestra salud cuando contiene líquidos que vayamos a ingerir. Una lata (ya ven que curiosamente seguimos llamándolas “latas”) de plástico de aceite de motor de coche, es algo comodísimo y que no tiene un efecto prejudicial sobre nuestra salud, pero una botella de plástico con agua... aceite de oliva... zumos...etc, sí. Y así se ha demostrado ya hace tiempo. Concretamente una tesis doctoral de un alumno de la Universidad de Zaragoza lo demostró hace muchos años, por si eran pocas ya las voces que lo venían diciendo. Por simplificar: la tesis decía que a las 48 horas de estar un líquido envasado en una botella de plástico, aquel (y sobre todo el agua, que para eso es el disolvente universal) empieza a “devorar” y deshacer el plástico a nivel molecular. Imperceptible para el ojo humano y el paladar, a no ser que haya pasado mucho tiempo desde su envasado. El agua comienza a incorporar a su estrutura los talatos del plástico, que pasan a estar en disolución en el agua. Inmediatamente no, pero con los años, bebiendo y bebiendo en recipientes de plástico vamos haciendo acopio de papeletas para el sorteo del cáncer, pero no el de la Cruz Roja contra el cáncer sino a favor de él. Cáncer que si en algunos aspectos es todavia un misterio incluso genéticamente, en otros está demostrado qué es lo que ayuda a padecerlo. Y en este punto les recomendo ver alguna conferencia del Dr. Martí Bosch, una autoridad internacional en el estúdio y tratamiento del cáncer de forma completa. Malos hábitos... mala alimentación... tensión... miedos... mala vida... lo que bebemos y en dónde lo bebemos... Hay algo que estamos haciendo mal, y desde no hace muchos años si vemos en conjunto el tiempo que lleva el Hombre en el planeta. Y esta de los plásticos, como la cloración, es una de esas cosas que, a la larga, está demostrado que ayudan a la aparición o proliferación del cáncer. Seguro que alguien también duda hoy en día que fumar provoque cáncer de pulmón. Allá cada cual. Un tio mio murió con 82 años sin cáncer habiendo fumado toda su vida como un carretero, sin que ello quiera decir que el fumar no sea perjudicial y no provoque cáncer de pulmón. Siempre va a haber una excepción que confirma la regla. De la misma manera sucede con los plásticos que nos bebemos, porque eso es lo que subyace en este asunto: nos estamos bebiendo el plástico poco a poco... lentamente... literalmente. Y nuestro cuerpo no ha sido diseñado para digerir plástico.

La industria de la ósmosis inversa, de la que soy admirador incondicional sobre todo para uso doméstico, nos ilustra sobre los diferentes tipos de plásticos a los que estamos expuestos continuamente y que vamos introduciendo en nuestro cuerpo. Plásticos con los que la industria nos ataca.

En la Guía Verde (“Green Guide”) de USA sobre botellas de plástico, P.W McRandle nos muestra los distintos grados de peligrosidad. Vean que la toxicidad disminuye hacia abajo, y como vemos, el orden no es numéricamente correlativo, no tiene que ver con la peligrosidad. A saber, y evitar de arriba a abajo son:

#3. PVC (Cloruro de polivinilo) contiene DEHP (2-etilexil talato), un disruptor endocrino y probable carcinógeno en humanos. El más nefasto de todos.

#6. PS (Poliestireno) otro que contiene un posible elemento cancerígeno en humanos, el estireno, tanto en envases con agua como en comida envasada en ese plástico. Por cierto, por favor, nunca calienten nada envasado en plástico en el microondas.

#7. PC (Policarbonato) Este contiene bifenol-A, otro disruptor hormonal que va apareciendo a medida que el plástico envejece y/o se le somete a un líquido ácido.

#2. HDPE (Polietileno de alta densidad)

#4. LDPE (Polietileno de baja densidad)

#1. PET ó PETE (Polietileno tereftalato) el más común de las botellas de agua mineral y teoricamente el “menos malo” junto con el #5. Ninguno de ambos contiene bifenol-A pero sí DEHP al cabo del tiempo.

#5. PP (Polipropileno) El más aconsejable para la reutilización de entre todos. Aunque siempre se recomenda que no se reutilicen. Y si tienen dudas no lo reutilicen, ya que desde luego no parece que estos plásticos sean beneficiosos para nosotros como lo pueda ser una naranja...¿no créen?

Todos estos numeritos son los que figuran en el fondo de todas las botellas y depósitos de agua, metidos en un triángulo y con sus correspondientes iniciales.

Conclusión: si se puede, no usemos botellas de plástico. Si tienen curiosidad compruébenlas.

Pero entonces qué pasa, pues que vienen los “ambientalistas” y nos dicen que no usemos bolsas de plástico porque “contaminamos”, porque “estamos llenando los mares de plástico”. Y uno dice ¿Cómo...? ¿Perdón...? ¿Yo...? Pues según ellos sí. Para ellos no es culpable la industria del plástico, el gigantesco “lobby” internacional de plástico, o sea, quien lo fabrica, no no... sino usted que paga por pedir una bolsa en la caja del supermercado. Y sin embargo no nos dicen que no bebamos en botellas de plástico. No les oímos presionar a los gobiernos y al “lobby” del plástico para que sencillamente dejen de fabricar botellas y bolsas de plástico. No se atreven con la industria del plástico ni los ecolojetas ni los gobiernos. Nos culpan a nosostros porque usamos las bolsas de plástico, las botellas y los envases que la industria pone a nuestra disposición. ¿En qué quedamos? ¿Nos ponen un produto delante, fruto de la industria y de la tecnologia, para que no lo usemos? ¡Entonces que no lo fabriquen! Y dejen de rasgarse las vestiduras diciendo que nosotros somos los que contaminamos el planeta.

Y la excusa es tan burda que es ridículamente hilariante. O sea, que las bolsas (que ya están fabricadas, y que por tanto ya han “contaminado” para poder ser fabricadas, no nos vayamos a creer que no se generan subproductos en la fabricación de bienes) las bolsas, como digo, que nos miran impasibles en su quietud desde la parte baja del mostrador de la caja del supermercado, nos están diciendo, “si no me compras, te ahorras 5 céntimos y no contaminas; pero si me compras puedes contaminar, tranquilo”. O sea, el que paga tiene todo el derecho del mundo a “contaminar”. Y eso en este nivel, en el del último eslabón, en el nível del consumidor final. A niveles más superiores ya hace años que la filosofía internacional es que la empresa que contamine, pague.

En lugar de no contaminar, se promueve el pagar por contaminar. Pagar como acto disuasorio, con lo cual a quien no lo importe pagar, pues paga y tiene todo el derecho de “contaminar”. Una vez más, ¿quién...? el rico, el poderoso. Pero usted, eslabón débil, no. Le ponemos el plástico delante de sus narices pero no lo use porque al hacerlo “contamina”. Y es que ambas cosas son mentira; tanto que nosotros contaminamos al usar las bolsas de plástico, (bolsas que ya están fabricadas las usemos o no), como decir que si no las usamos no contaminamos. O al menos son verdades a medias, que es lo peor. Los vertido tóxicos a ciertas aguas por parte de ciertas empresas sí que son contaminación real. Eso sí que es un problema. Al igual que es cierto que hay mucho plástico en el mar y que no debería estar ahí, puesto que el mar no es un basurero, sin que eso quiera decir que la culpa de que haya bolsas de plástico en el mar sea de usted que usa bolsas de plástico en su vida diaria y plástico en general. Pero que usted sea culpable de “contaminar” por comprar una miserable bolsa de plástico no es cierto. Y habría que entrar aquí en otro argumento sobre qué es realmente contaminar y qué no lo es. Pero esto lo dejaremos para otro día.

Y entonces a usted, una persona de bien y que no tiene por qué tener mucha información al respecto del plástico, una noche se le puede aparecer en sueños la humilde bolsa del supermercado, momento en el que se le colgará de las orejas mirándole fijamente, sí a usted que estaba placidamente dormido sin saber que la bolsa estaba ahí..., acechante..., esperando su momento como un mosquito agarrado a la pared del cabecero de la cama esperando que usted apague la luz y se duerma, para hacerse con su dosis inacabable de droga dura y gratuíta: el dióxido de carbono de su respiración. Pero la bolsa, que no es tan estratega como el mosquito, al aparecerse le dirá “lleváme... pero no, no me lleves... llévame contigo..., no, no me lleves”... así hasta que a usted le den palpitaciones. Y le retrotraerá en el sueño al momento en el que usted estaba esperando en la cola del supermercado hace unos días, con la cajera a 3 metros (bueno, ahora con el coronavirus, a 5 ó 6); y sólo tiene a dos personas delante... y usted con la cartera en una mano y la otra sin nada, preparada para la posible captura en el último momento de la bolsa indefensa que espera bajo el mostrador... tentadora... huérfana esperando a ser útil en su vida... y usted pensando deprisa si le darán los brazos para llevar los paquetes sin bolsa y si podrá con ellos a pelo (total vivo aqui al lado, nada más que a 30 manzanas), o si por el contrario necesitará la ayuda de la bolsa...que, para colmo, ya no es ni de plástico sino de “cáscara de patata reciclada”, con lo cual surge otra duda y uno intenta razonar en sueños: si la bolsa es de cáscara de patata reciclada y no contamina, ¿por qué me la cobran?, ¿no habíamos quedado en que pagamos porque se supone que el plástico contamina? Pero una patata no contamina..., ¿no...?

Y ya le va tocando a usted en el turno de caja y hay que decidirse, ¿bolsa o no bolsa..? ¿“contaminar o no contaminar”?... y mientras, la bolsa a lo suyo “llévame contigo...” y al mismo tempo “no, no me lleves”... y recuerda cuando la miraba dubitativo, “te compro o no te compro...si te compro peco, pero peco con perdón imediato, porque pago. Estaré redimido ipso facto. Tendré el beneplácito de Green Peace, de Los Verdes de todos los países, de Amnistía Internacional, de las feministas y de toda la progresía que nos dice lo que tenemos que hacer para “proteger” el planeta piruleta y cómo debemos pensar.

Y usted, último eslabón, no sabrá bien qué hacer y le quedará un poso de “culpabilidad medioambiental” y se quedará con la duda de qué es lo que está bien y lo que está mal. Como en la separación (que no reciclaje) de la basura en su propia casa. “Huy... ¿estaré prejudicando al planeta porque he metido la lata de anchoas en la bolsa de los plásticos... y un cartón junto con restos de cocido en la orgánica...? ¡Pido perdón! Pido humildemente perdón al ayuntamiento, al planeta y a la madre que me parió. Lo que sea con tal de dormir tranquilo esta noche.”

Pero como dijo Góngora, “ande yo caliente y ríase la gente, traten otros del gobierno del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días mantequillas y pan tierno”. En este caso mi mantequilla y mi pan tierno son el respeto por la Naturaleza y el cuidado del cuerpo en la medida de lo posible y siempre que esté en mi mano. Hoy en día ir a la compra es ir a la guerra, a defenderse de la industria dañina.

Información señores, información veraz. Eso les hará más libres. No se dejen engañar por los nuevos Dulcamaras que hacen negocio con el clima, que en el fondo es de lo que se trata todo esto, ni más ni menos que del negocio del clima.

¿Por donde iba...? Ah sí, por la cadena, por la cadena del váter en el que están conviertiendo el mundo los ambientalistas. Ética y moralmente. Por cierto, a todos ellos, “ambientalistas” de pacotilla que en el mundo han sido, son y serán yo les digo: Váyanse ustedes a la mieeeeerda.

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