La presión para el cierre de mercados de animales -legal/ilegal- para el consumo humano ha puesto en cuestión la enorme tradición histórica de una gran parte de países asiáticos que valoran su degustación como imprescindible en la dieta culinaria, pero ahora cuando no cesan las especulaciones sobre sí los murciélagos o pangolines son los portadores del coronavirus la vigencia de sus “mercados húmedos” comienzan a tambalearse tras exigir el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) su prohibición al igual que otras naciones.
El brutal desgarro social y económico que sigue provocando la pandemia y sus monumentales consecuencias han servido para que el WWF reclame a los países de Asia que permiten estos mercados de animales el cierre total de todos ellos para prevenir crisis sanitarias como la del coronavirus que ha bloqueado prácticamente al mundo.
Pese a que todavía quedan demasiadas incógnitas sobre los orígenes que provocaron el Covid-19, aunque se mantiene que pudo ser en un “mercado húmedo” (lugar donde se vende animales vivos, sacrificados al instante y muertos para consumo humano), en la ciudad china de Wuhan, la Organización Mundial de la Salud (OMS) cree que es una enfermedad zoonótica, es decir, que puede transmitirse entre animales y seres humanos y al mismo tiempo también puede ser provocada por virus, bacterias, parásitos y hongos.
Al menos el 90 por ciento de los ciudadanos de países o territorios asiáticos como Hong Kong, Japón, Myanmar (Birmania), Tailandia y Vietnam apoyarían que sus gobiernos lideren el cierre total de los mercados ilegales y no regulados de animales, aunque en China y en especial la ciudad de Wuhan, origen de la pandemia, tratan de volver a la normalidad, la prohibición para cerrar sus mercado no llega, aunque eso sí en la entrada del principal “mercado húmedo” de Baishazhou, uno de los más grandes de Wuhan, ya está volviendo a la normalidad con un letrero que dice: "No se matan ni venden animales vivos".
En China mucho antes de producirse la pandemia este mercado de Baishazhou como otros muchos, según las ordenanzas chinas, cumplían a la perfección la reglamentación básica, pero lo que es evidente que el dicho popular lo dice todo: “En China se come todo lo que vuela menos los aviones, todo lo que nada menos los barcos y todo lo que tenga patas menos las mesas”. Pero lo que sí es obvio que ahora más que nunca estos establecimientos estarán en el centro de debate sobre si China debe permitir su funcionamiento a causa de las pocas condiciones higiénicas de bastante de ellos, donde la sangre de los animales muertos corre por los suelos y el propio ciudadano impregna su calzado con ese líquido rojo.
La WWF considera que los gobiernos asiáticos deben ir cerrando sus mercados de vida silvestre de alto riesgo y poniendo fin a este comercio, sobre todo cuando tras la mortífera pandemia, ahora un 84 por ciento de ciudadanos ve poco probable que vuelvan a comprar productos en estos “mercados húmedos”. Pero cada vez hay más personas que desean que se reduzca el consumo de vida silvestre y se elimine el comercio ilegal y no regulado de animales.
Y sin olvidar que ya epidemias recientes, como el SARS, el MERS y el ébola, también fueron provocadas por virus que se transmiten de los animales a las personas, pero ésta, pese a las numerosas propiedades médicas que puedan tener ciertos animales, la concienciación en países tradicionales con estos mercados sirva para reorientar definitivamente un negocio donde todos saldremos ganando, pero en primer lugar el mundo animal y claro con dos millones de infectados y más de 126.000 muertos en al menos 188 países de todo el mundo el asunto no es nada baladí.
La tarea no resulta fácil dado que cerrar estos mercados que pululan en muchas ciudades de China, al margen de otros países asiáticos, son considerados vitales para el sustento de millones de agricultores y vendedores de pequeñas empresas y forman el núcleo central de las prácticamente de todas las comunidades chinas. Pero las presiones para su cierre definitivo no han hecho más que empezar, y ya EEUU argumenta que son posibles zonas de enfermedades.
Los expertos creen que el COVID-19 muy probablemente se originó en el mercado la ciudad china de Wuhan (China), famoso por el comercio de animales salvajes, vivos o muertos, donde es fácil toparse con peces, pájaros, tejones, murciélagos, pangolines (mamífero parecido al oso hormiguero con una armadura llena de escamas) y tortugas, además de otros animales de consumo ubicados en otras ciudades como cocodrilos (muy apreciada en algunos países asiáticos y considerada todo un manjar), cuya carne es una de las 54 variedades de distintos animales, aprobada por las autoridades chinas para el consumo humano.
Precisamente, una de las teorías más extendidas sobre el origen del coronavirus viene del laboratorio Wuhan P4, una instalación bioquímica de alta seguridad relacionada a la Academia China de Ciencias, mientras para la mayoría de expertos señalan que no fue así y que su origen podría estar en la naturaleza, es decir, en especies portadoras de virus como son los murciélagos y pangolines.
Aunque eso sí, China también acusa a EEUU como portadora del origen de la pandemia cuando en la ciudad Wuhan a través de los Juegos Mundiales Militares, celebrados en octubre de 2019, en los que participaron 9.603 deportistas militares, de 104 países, con 27 pruebas y 316 eventos, y donde varios estadounidenses fueron hospitalizados por "una extraña neumonía", de ahí que Pekín acusara a Estados Unidos de haber esparcido el virus en Wuhan, el epicentro del brote en China.
China aplicó una moratoria sobre el cierre de “mercados húmedos” al dispararse el número de muertos para frenar el coronavirus de Wuhan, pero ahora esta moratoria va desapareciendo y sus respectivos funcionamientos ya operan reabriendo los lugares donde se ofrecen murciélagos, perros, gatos, ciervos, animales salvajes, que en muchos casos se venden vivos, o sapos, lagartijas, además de los murciélagos o escorpiones para medicina tradicional. Pero muchos animales se sacrifican en los mismos mercados y se despellejan en condiciones poco higiénicas. Parece que ya la vida en los mercados tradicionales cobra normalidad.
Incluso el consumo de carne de perro pese a que ha bajado ligeramente en China y en otros países asiáticos, sigue siendo para una parte de la población un prestigio consumirla, dado que todavía hay gente que la valora médicamente y en especial cuando tras una importante operación quirúrgica contribuye a que las heridas cicatricen mejor y más rápidamente.
En suma, eliminar viejas tradiciones en países milenarios como China no será fácil, pero el coronavirus lo va a transformar todo, incluso la industria de cría de animales salvajes de China mueve miles de millones de dólares y da empleo a más de 14 millones de personas, según datos de 2016 de la Academia China de Ingeniería, pero ecologistas, investigadores y medios estatales chinos han pedido una regulación más estricta del comercio de animales exóticos en los mercados.
En definitiva, estamos ante el mayor desafío mundial a nivel global desde la Segunda Guerra Mundial y una vez que se haya derrotado al virus nada será igual que antes, incluido los “mercados húmedos” o al menos las estrictas normas de higiene, inexistentes ahora, tendrán que aparecer para evitar otra pandemia que pueda venir de la transmisión de los animales a las personas, siempre y cuando el auténtico origen sea éste.