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CAMBIOS EN EL ECOSISTEMA FINANCIERO

El auge del dinero digital y la respuesta de la banca central
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El auge del dinero digital y la respuesta de la banca central

· Por Pablo Sanz Bayón. Profesor de Derecho Mercantil, Facultad de Derecho – ICADE, Universidad Pontificia Comillas

jueves 10 de septiembre de 2020, 07:58h
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El ecosistema de la economía digital ha dado lugar en los últimos años a la proliferación de una multiplicidad de nuevos medios de pago, intermediarios y plataformas. Entre los actores que comienzan a tener un papel destacado se encuentra el sector de las monedas virtuales, y en concreto, dentro del mismo, el de las criptomonedas, sobresaliendo entre ellas el Bitcoin. Como es sabido, estos activos digitales o tokens se caracterizan por usar una infraestructura cibernética y criptográfica de registro distribuido (DLT/Blockchain), que supone la descentralización y anonimato de las relaciones económicas y de los pagos (P2P). Como consecuencia de la innovación financiera que esta tecnología digital y sus actores están generando, los sistemas monetarios y bancarios de todo el mundo han comenzado a reaccionar ante este desafío.

Otra información:

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La digitalización de formas alternativas de dinero, es decir, la aparición de criptoactivos con función de pago, es en efecto un reto frontal a la política monetaria tradicional, como afirman Brunnermeier, M.K., Landeau, J.P. y James, H., en su trabajo “The Digitalization of Money”, Universidad de Princeton (2019). Además, el auge de esta innovación informática ha sido coetáneo y se ha retroalimentado por razón de la crisis económica mundial, sin precedentes en la historia moderna. Una crisis originada en 2008 que ha tratado de ser neutralizada mediante una política de expansión de la oferta monetaria, potenciada extraordinariamente en el primer semestre de 2020 como medida para estimular la demanda. Esta situación ha conducido al sistema financiero a unos tipos de interés situados en niveles muy bajos, nulos o incluso negativos, lo que a su vez ha ido despertando el atractivo de los inversores por activos más rentables, como las criptomonedas.

El devenir de estos acontecimientos ha propiciado en los últimos meses el desarrollo de investigaciones sobre monedas virtuales de banca central, las denominadas Central Bank Digital Currencies (CBDC), en el que la conservación de la soberanía monetaria del Estado se sitúa en el centro del debate. Lo que se plantea como un escenario hipotético podría dar lugar a un verdadero riesgo sistémico si la tendencia no se corrige por las autoridades y una mayoría de la población mundial va migrando y cambiando sus depósitos en dinero fíat hacia formas digitales alternativas, como son las criptomonedas descentralizadas o las monedas virtuales corporativas (stablecoins como Libra, del consorcio liderado por Facebook).

La aparición de ecosistemas de comercio electrónico, con sus respectivos marketplaces globales y gigantescas comunidades de usuarios, con aplicaciones móviles operadas por multitud de proveedores de servicios de pago, de cambio y de custodia de monederos electrónicos desplazarían del mercado a la banca comercial y situaría el tráfico monetario fuera del perímetro de control de las autoridades supervisoras. En este contexto, la arquitectura financiera internacional y sus postulados de estabilidad podrían quedar comprometidos si no se plantea una respuesta coordinada a nivel supranacional e intergubernamental sobre las criptomonedas, yendo más allá de los aspectos fiscales y de prevención del blanqueo de capitales.

Por todo ello, una respuesta ante este desafío está comenzando a cristalizarse en proyectos institucionales sobre las CBDC. El pasado mes de enero, el Foro Económico Mundial, junto con algunos de los principales bancos centrales del mundo, establecieron un conjunto de herramientas (toolkit) para la formulación de políticas sobre las CBDC (WEF White Paper: “Central Bank Digital Currency Policy-Maker Toolkit”, 22 de enero de 2020). Como expresó la jefa de tecnología blockchain y registros distribuidos (DLT) del Foro Económico Mundial, Sheila Warren: “Dado el papel crítico que desempeñan los bancos centrales en la economía mundial, cualquier implementación de una CBDC, incluso potencialmente con tecnología blockchain, tendrá un profundo impacto a nivel nacional e internacional. Es imperativo que los bancos centrales procedan con cautela, con un análisis riguroso de las oportunidades y desafíos que se presentan”.

Bajo este esquema el banco central sería el emisor de la CBDC y supondría un elemento esencial de la digitalización total del mercado de pagos, con intención de sustituir progresivamente al efectivo físico. El cambio de paradigma podría ser radical porque supondría separar la regulación del dinero de la regulación del sistema financiero. El director del BIS, Agustín Carstens, reconoció el pasado mes de marzo que la principal razón de la aceleración de estos proyectos se debe sin duda a la eclosión de las criptomonedas, y particularmente, a los proyectos de stablecoins, como Libra, impulsada por Facebook. Las stablecoins también han sido examinadas pormenorizadamente por un grupo de trabajo del G7. Lo que está detrás de impulso a las CBDC es salvaguardar la soberanía monetaria ante la emergencia de estos activos digitales en la economía digital, acompañados de múltiples sistemas de pago e intercambio.

En este contexto, el Banco de Pagos Internacionales (BIS), en una encuesta de este año, ha dicho que más del 80% de los 66 bancos centrales consultados han reconocido estar trabajando en proyectos de CBDC. Al responder sobre sus principales motivaciones, los bancos centrales muestran, sin embargo, algunas diferencias. Los bancos de países emergentes entienden las CBDC como un mecanismo orientado, sobre todo, a mejorar la eficiencia y seguridad de los pagos nacionales, y también para promover la inclusión financiera. Sin embargo, las economías avanzadas justifican sus investigaciones en CBDC principalmente en la seguridad de los pagos y la estabilidad financiera (BIS,” Impending arrival – a sequel to the survey on central bank digital currency”, BIS Papers, Nº 107, 2020).

Los Estados que están tomando la delantera son aquellos emergentes que tienen más vulnerabilidades en materia de control de efectivo, con amplias capas sociales excluidas del sistema financiero, con dificultades en la prevención del blanqueo de capitales o que pueden permitirse, debido a su idiosincrasia, potenciar rápidamente la digitalización de sus servicios financieros. No obstante, el poder e influencia de los bancos centrales más grandes será el factor que a buen seguro marque determinantemente el desarrollo definitivo de las CBDC en los próximos tiempos. El Banco Central Europeo (BCE) se encuentra entre ellos, pero de momento no al nivel de su homólogo chino, el Banco Popular de China, que ya ha desarrollado y está probando un proyecto piloto sobre el Yuan Digital (DC/EP), que se vinculará 1:1 a la moneda nacional, el RenMinBi (RMB).

Por contraste, en EEUU el proyecto Digital Dollar, promovido por el expresidente de la CFTC, Christopher Giancarlo, pero al margen de la Reserva Federal, se encuentra aún en una fase muy embrionaria, después de haberse desestimado su introducción legal a través de los programas de estímulos contra la crisis del coronavirus. El debate sobre una CBDC en EEUU fue alentado a propósito de un borrador de un proyecto de ley de estímulo ante los efectos económicos de la pandemia. Este proyecto de ley sugería el uso de un dólar digital para facilitar la distribución de los pagos de una manera rápida y sin contacto. Al final, la idea fue desestimada y desapareció del borrador final del proyecto de ley (The Wall Street Journal: “We Sent a Man to the Moon. We Can Send the Dollar to Cyberspace”, 15 de octubre de 2019 y “Former Regulator Known as ‘Crypto Dad’ to Launch Digital-Dollar Think Tank”, 16 de enero de 2020).

El mayor reto de los reguladores bancarios y monetarios es que la CBDC sea estable, es decir, que su oferta esté administrada y proporcione confianza para servir como medio de pago con capacidad de reemplazar progresivamente al efectivo físico. Es por ello por lo que el lanzamiento de una CBDC no sólo implica el surgimiento de un medio de pago tecnológicamente más avanzado sino también que la diversidad de enfoques regulatorios puede conllevar diferentes efectos sobre la política monetaria de un banco central y con respecto a su misión de garantizar la estabilidad financiera. Las CBDC vienen, en este sentido, a neutralizar el auge de las criptomonedas, cuya capitalización y difusión comienza a ser cada vez más considerable, aunque su utilidad por el momento no sea como medio de pago sino fundamentalmente como reserva de valor.

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