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LA INVERSIÓN EMOCIONAL

Experto en finanzas del comportamiento advierte de un nuevo repunte en la inversión emocional y señala que los inversores corren el riesgo de perder dinero

Experto en finanzas del comportamiento advierte de un nuevo repunte en la inversión emocional y señala que los inversores corren el riesgo de perder dinero
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  • El optimismo es aún mayor por la esperanza generada en torno al despliegue de las vacunas contra el coronavirus y los programas de estímulo económico y fiscal

martes 09 de marzo de 2021, 12:48h
Actualizado el: 03/12/2021 07:43h

El especialista en finanzas del comportamiento Oxford Risk ha advertido que el actual ambiente económico, fiscal y bursátil, sumado a la reciente revalorización de los activos criptográficos y el auge del trading minorista, han creado una situación en la que el riesgo de inversión emocional alcanza nuevas cotas. Estima que, de media, a largo plazo, la inversión emocional cuesta a los inversores alrededor del 3 % en rentabilidad perdida al año, pero cree que, en la actual crisis, esta cifra será mayor. La inversión emocional consiste en que las personas se dejan llevar por sus impulsos para comprar y vender acciones y participar en inversiones a remolque de las subidas y bajadas de los mercados. Ello da lugar, frecuentemente, a situaciones en que las personas entran en tropel a invertir cuando dichos mercados, las acciones o los tipos de activos están altos, y venden cuando están bajos, a menudo instigadas por el ruido ensordecedor que rodea a estas oportunidades de inversión. Oxford Risk afirma que, muchas veces, buscan inversiones que les resultan familiares; por ejemplo, en empresas muy publicitadas en los medios o aquellas que recientemente han anunciado importantes ganancias.

Ello se debe a que, en tiempos difíciles, los inversores encuentran consuelo emocional en inversiones de las que oyen hablar con regularidad y que ofrecen la promesa de rentabilidad a corto plazo.

Greg B. Davies, director de finanzas del comportamiento en Oxford Risk, afirmó: «Actualmente tenemos la tormenta perfecta para la inversión emocional. Tras el desplome bursátil causado por el coronavirus en el primer trimestre del pasado año, donde los mercados fueron testigos de grandes caídas, nos encontramos ahora en una tendencia alcista, con parqués en ascenso en todo el mundo. El optimismo es aún mayor por la esperanza generada en torno al despliegue de las vacunas contra el coronavirus y los programas de estímulo económico y fiscal. No obstante, tenemos por delante problemas económicos muy graves en torno al desempleo y los enormes déficits de gasto público, por ejemplo, por lo que, durante los próximos meses, deberíamos esperar lo inesperado en los mercados».

«La revalorización del bitcóin también ha dado lugar a una fiebre del oro en el ámbito de los criptoactivos, con inversores minoristas que se han volcado en una clase increíblemente volátil que la mayoría no comprende. La pandemia implica que muchos inversores sufren actualmente una gran debilidad emocional y han desarrollado un horizonte temporal de muy corto plazo que aumenta el atractivo de las apuestas a todo o nada».

Para aquellos inversores que han aumentado sus reservas asignadas a efectivo durante estos tiempos de volatilidad en los mercados, Oxford Risk calcula que el coste a largo plazo de esta reticencia a invertir oscila entre el 4 % y el 5 % anual. Calcula también que el coste del «desajuste conductual», es decir, las pérdidas derivadas de decisiones desincronizadas en las que se invierte más dinero cuando las bolsas atraviesan una buena racha y menos cuando no (comprar alto y vender bajo), alcanzan de media, a la larga, entre un 1,5 % y un 2 % anual.

Oxford Risk desarrolla software destinado a ayudar a gestores de patrimonios y otras empresas de servicios financieros a asesorar a sus clientes para que tomen las mejores decisiones financieras más allá de cualquier complejidad, incertidumbre o sesgo de comportamiento. No obstante, afirma que muchos gestores de patrimonios y asesores financieros se encuentran pobremente equipados para ayudar a sus clientes a enfrentarse al torbellino emocional y psicológico soportado durante la crisis de la COVID-19 y su efecto en mercados e inversiones.

Cuando se trata de ayudar a sus clientes a gestionar sus emociones al invertir, Oxford Risk afirma que muchos gestores de patrimonios necesitan hacer más.

Greg B. Davies añadió: «Los procesos de análisis de idoneidad de muchas empresas de gestión de patrimonios tienden a poner mucho peso en el factor humano, resultan ineficaces y están sobrecargados al inicio de su relación con el cliente, lo que les impide adaptarse con rapidez a sus circunstancias durante una crisis. Comprender la personalidad financiera del cliente suele limitarse a la realización de perfiles de riesgo, a menudo de mala calidad, y a la subjetividad de la valoración humana. Son muy pocas las ofertas de gestión de patrimonios que usan el tipo de medidas objetivas y respaldadas por la ciencia necesarias para hacerse con una imagen completa de sus clientes. Hay mucha especulación y muy poca tecnología».

«No obstante, no defendemos eliminar a las personas del proceso, ya que las conversaciones con los asesores son vitales, especialmente durante una crisis, pero necesitan ser respaldadas por mejores herramientas de diagnóstico que les permitan evaluar adecuadamente la personalidad del cliente y sus tendencias de conducta más probables».

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