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LA SENTENCIA SOBRE LA INCONSTITUCIONALIDAD DE LA LEY DEL ABORTO, EN UN CAJÓN

Tibieza al frente del Tribunal Constitucional
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Tibieza al frente del Tribunal Constitucional

· Por Javier Cordero Aparicio

lunes 10 de mayo de 2021, 17:38h

Juan José González Rivas, de perfil muy bajo, otros dicen discreto, para la gran mayoría de las personas, pero desde 2012 es miembro del Tribunal Constitucional y al que por Real Decreto 281/2017, de 22 de marzo, se le nombró como su presidente, cargo que ocupa en la actualidad. ¿Habían oído hablar de él? Según los medios estamos ante un magistrado conservador. Hasta el Consejo General de la Abogacía Española le cataloga con el mismo adjetivo. ¿Conservador? ¿Dónde está el emoticono al que le caen dos lagrimones y se parte de la risa, para ponerlo a continuación? Yo diría que es un tibio más de los muchos que abundan, a raudales, en nuestra sociedad en su estrato más alto.

La sentencia sobre la inconstitucionalidad de la Ley del Aborto de Bibiana Aído descansa en un cajón. El Excelentísimo, por varias veces, magistrado, es el mismo que según algún medio digital, decía en febrero: “La ponencia sobre la constitucionalidad de la ley del aborto está escrita desde hace años, pero sigue en un cajón. Concretamente en el cajón del despacho de Andrés Ollero, magistrado del Tribunal Constitucional. Y todo apunta a que ahí se quedará. La sentencia escrita por él nunca verá la luz porque, según todas las fuentes consultadas en el órgano, el presidente Juan José González Rivas no tiene intención de convocarla al pleno. Quiere evitar que se produzca un debate que divida al tribunal en un tema tan sensible y espera a la renovación de parte de sus miembros para que un nuevo magistrado redacte una nueva sentencia”.

¿Han leído bien? En román paladino, es decir en lenguaje llano y claro, el presidente del TC está a la espera de la renovación de los miembros para que otro ponente redacte una nueva sentencia declarando, por supuesto, la constitucionalidad de la Ley de Bibiana Aído, dado que la emitida por Andrés Ollero señala la inconstitucionalidad de la misma.

Señor magistrado, ¿Cómo llamamos a eso? ¿Prevaricación? ¿Sentencia a la carta? Usted no debería estar un minuto más presidiendo ese, cada día, más desprestigiado Tribunal. Señor magistrado conservador, dimita y que en la dimisión le acompañe el también magistrado Andrés Ollero, al que los medios señalan como miembro del Opus Dei e igualmente conservador.

De ser cierto esto, está tardando el señor Ollero, otro grandísimo tibio, en irse a su casa por ser ninguneado y no levantar la voz en algo tan importante para la defensa de la vida de los no nacidos. Habrá que recordarles a estos magistrados conservadores lo que dice el artículo 15 de la constitución: “Todos tienen derecho a la vida…”.

Señores González Rivas y Ollero, ¿cuántos abortos se hubieran evitado de haberse declarado anticonstitucional la Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo o Ley de Bibiana Aído? Quedará esto en sus conciencias. Doy por perdida a esta sociedad enferma que, en su mayoría, entre otros síntomas, es capaz de posicionarse defensora del aborto. Ahora bien, que dos personas, en teoría con principios morales y religiosos, con poder para evitar, en España al menos, el mayor genocidio del presente siglo, se posicionen al respecto como las activistas de Femen, es para llorar.

Decía que la mayoría de la humanidad está enferma y por tanto, con toda seguridad, a muchos este retrógrado que firma este artículo les causará hilaridad. En esta línea y para que toda esta sociedad, entre atea y agnóstica, siga riéndose, me despido con una cita del Apocalipsis 3:15-17, la cual dedico a los tibios magistrados Juan José González Rivas y Andrés Ollero Tassara, así como al gran tibio de Oriente, quiero decir de Occidente, Mariano Rajoy de Brey, que tuvo la ocasión y oportunidad de tirar a la basura semejante Ley criminal.

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡!Ojalá fueses frío o caliente¡! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.

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