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Una esperanza para los quioscos de prensa: libros, cultura y cercanía

Una esperanza para los quioscos de prensa: libros, cultura y cercanía
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· Por J. Nicolás Ferrando, director de Artelibro Editorial

El 3 de enero de 2026 el quiosco de prensa situado en el número 45 de la calle Ortega y Gasset volvió a demostrar que aún es posible reinventar los espacios tradicionales de la capital de España. Allí estuvimos firmando libros sobre Madrid del catálogo de Artelibro Editorial, en un lugar que, desde hace algún tiempo, se ha convertido en un auténtico refugio cultural en medio de un contexto especialmente complejo para la prensa escrita y para el libro impreso.

El quiosco está regentado por Miguel Sanz, burgalés afincado en Madrid, que derrocha simpatía, optimismo y una convicción poco común en estos tiempos. No es casual que su quiosco haya empezado a acaparar la atención de los medios de comunicación. Cuando le preguntamos por la jornada, Miguel no duda: «Hay que currárselo mucho más que antes. Los quioscos no pueden limitarse a esperar. Hay que hacer cosas diferentes, aportar dinamismo e introducir nuevas iniciativas, como esta firma de libros que hoy estamos celebrando aquí».

Durante la mañana, el libro más vendido fue Barrio de Salamanca, perteneciente a la colección 21 distritos, 21 libros. Un dato que no sorprende a Miguel, que conoce bien a su clientela y al barrio: «La gente sigue teniendo interés por los libros que hablan de su entorno, de su historia más cercana. El barrio también se lee».

No era la primera vez que este quiosco acogía a un autor. A lo largo del tiempo han firmado aquí nombres tan reconocidos como Fernando Savater, Sergio Fanjul, Rubén Amón, Jaime Riba, Miguel Ángel Aguilar, Luis Alberto de Cuenca, Andrés Trapiello o Esperanza Aguirre. Para Miguel, esta continuidad no es casual: «Eso demuestra que el quiosco puede ser algo más que un lugar de paso. Puede ser un espacio cultural de proximidad, abierto, vivo, donde pasen cosas».

La iniciativa, como él mismo explica, nace de una necesidad evidente. Los quioscos atraviesan un momento difícil, golpeados por la fuerte caída en la venta de periódicos impresos y por los cambios en los hábitos de consumo. Pero Miguel rechaza el derrotismo: «Pese a todo, yo creo que a la gente le siguen gustando los libros físicos. El papel, el poder hojear, llevarse una historia bajo el brazo… Todo eso sigue teniendo un enorme atractivo».

Para él, apostar por el libro y por la cultura tangible no es solo una estrategia económica, sino una cuestión de identidad: «Los productos culturales son el producto señero del quiosco. Son los que nos identifican como tal y los que pueden marcar la diferencia».

Durante la firma se habló de historia local, de Madrid, de barrios y de memoria colectiva. Se vendieron libros, sí, pero sobre todo se generó conversación. Y ahí, según Miguel, reside uno de los grandes valores de estas acciones: «Devuelven humanidad y cercanía a un negocio que siempre ha sido parte del paisaje urbano y emocional de la ciudad».

La conversación deriva inevitablemente hacia el papel de las instituciones. ¿Qué se le puede pedir al Ayuntamiento de Madrid para apoyar a los quioscos? Miguel lo tiene claro: «En cultura toda ayuda es poca. Yo pediría un plan específico que estudie de qué manera se puede ayudar a los quioscos, enfocándose en la venta de productos culturales: libros, revistas especializadas, publicaciones locales, presentaciones, firmas…».

Apoyar este tipo de iniciativas —concluye— es apostar por una ciudad más culta, más cercana y más humana. Por el comercio de proximidad y por la vida de barrio. Porque, como demuestra el quiosco de Ortega y Gasset, con imaginación, compromiso y libros, todavía hay futuro. Y, sobre todo, todavía hay esperanza.

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