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Emilia Pardo Bazán en Carabanchel: la huella literaria de Insolación

· Por J. Nicolás Ferrando, director de Artelibro Editorial

Emilia Pardo Bazán en Carabanchel: la huella literaria de Insolación
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Cuando se habla de Emilia Pardo Bazán, la crítica literaria suele fijar la mirada en Galicia, en los pazos rurales, en el naturalismo o en su combate intelectual contra una sociedad que no aceptaba que una mujer escribiera con libertad. Sin embargo, hay un Madrid esencial en su obra que durante demasiado tiempo ha pasado desapercibido. Un Madrid que se aleja del salón aristocrático y del centro urbano para adentrarse en los márgenes. Ese Madrid tiene un nombre propio: Carabanchel.

La novela Insolación (1889) sitúa una parte fundamental de su acción en este territorio entonces periférico, ligado al ocio, a la naturaleza y a las romerías populares. No se trata de un simple decorado costumbrista. En Carabanchel, Emilia Pardo Bazán encuentra el espacio simbólico perfecto para desarrollar una historia incómoda, audaz y profundamente moderna: la del deseo femenino observado, juzgado y castigado por la sociedad.

La protagonista de Insolación, la marquesa viuda Asís Taboada, abandona el Madrid encorsetado para cruzar el Puente de Toledo y dirigirse a la romería de San Isidro. Ese desplazamiento físico es, en realidad, un desplazamiento moral. Carabanchel aparece como un espacio de mezcla social, de contacto entre clases y de libertad momentánea. Allí confluyen aristócratas, burgueses y pueblo llano; allí se diluyen, aunque sea por unas horas, las rígidas normas que rigen la vida femenina.

Pardo Bazán conoce bien ese escenario. Carabanchel no es un lugar marginal en el siglo XIX, sino uno de los grandes espacios de recreo de Madrid. La ermita de San Isidro, las quintas de recreo, la finca de Vista Alegre —propiedad del marqués de Salamanca— y los paseos campestres convierten la zona en un enclave privilegiado. Precisamente por eso resulta tan significativa su elección literaria: llevar a una marquesa al corazón simbólico de la fiesta popular.

En Insolación, el calor no es solo meteorológico. Es una metáfora del deseo, del aturdimiento y de la pérdida momentánea del control. La romería de Carabanchel se convierte en el lugar donde la protagonista experimenta una libertad que la sociedad no le permite en otros espacios. Y esa libertad, en una mujer viuda, fue presentada por la crítica contemporánea como un escándalo.

Las reacciones no se hicieron esperar. Leopoldo Alas, “Clarín”, y José María de Pereda atacaron duramente la novela, calificándola de inmoral y acusando a la autora de proyectar pulsiones personales en sus personajes. La crítica no era solo literaria: era profundamente misógina. Insolación fue leída como una provocación porque ponía en primer plano algo inadmisible para la época: el deseo femenino narrado sin castigo ejemplar.

Carabanchel, en ese contexto, funciona como un detonante narrativo. Lejos de los salones vigilados, hace que emerja lo que normalmente se reprime. Pardo Bazán comprende que el espacio condiciona la moral y utiliza el paisaje carabanchelero como un territorio de tránsito, de ambigüedad y de peligro social. Allí, una mujer puede sentirse libre… y por eso mismo será juzgada después con mayor dureza.

La elección de Carabanchel convierte a Insolación en una novela profundamente madrileña y, al mismo tiempo, adelantada a su tiempo. Emilia Pardo Bazán no idealiza el barrio, pero tampoco lo reduce a un simple decorado pintoresco. Lo convierte en escenario literario de conflicto, en un lugar donde se cruzan clase, género y poder.

Esta presencia de Carabanchel en la obra de Pardo Bazán cobra en la actualidad una nueva dimensión con su recuperación literaria e histórica a través de la marca Distrito 11, que aspira a convertirse en el barrio cultural de Madrid, del mismo modo que Montmartre lo es en París, Chiado en Lisboa o el Soho en Londres.

El relato novelado “La herida abierta de Insolación”, incluido en el libro 15 imprescindibles de Carabanchel y Latina, está dedicado a Noemí Trujillo Giacomelli, autora de Una noche de Reyes. El texto profundiza precisamente en esta dimensión: la del dolor íntimo de la autora, la violencia de la crítica y el papel del espacio carabanchelero como catalizador narrativo. No se limita a analizar la novela, sino que propone una lectura contemporánea de Emilia Pardo Bazán, una escritora que rompió muchos techos de cristal.

Carabanchel fue, en Insolación, el lugar donde una mujer se permitió sentir. Y eso, en la España de finales del siglo XIX, fue imperdonable. Hoy, más de un siglo después, ese mismo espacio nos permite leer la novela con otros ojos y devolver a Emilia Pardo Bazán al lugar que también le pertenece: el de una autora que supo escribir la ciudad desde sus bordes.

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