ACTUALIDAD
Aún faltan Castilla y León y Andalucía, las cuales no parecen presagiar grandes diferencias a la espera de las Elecciones Generales y sus incógnitas de convocatoria.
Resulta admisible que nuestro sistema democrático, albergue la presencia de Partidos que contribuyan al acervo de nuestras características, pero no en la forma como transcurre hasta ahora.
Nos venimos refiriendo desde hace algún tiempo a la “Abstención Cualitativa”, y, “Representatividad”. Consiste la primera en una naturaleza política e intencional por parte de elector de no votar mediante decisión consciente y motivada basada en una posición crítica hacia el sistema o los actores políticos.
Es interpretada como una forma de protesta decorosa y efectiva dentro de un régimen electoral
Para este tipo ciudadano, abstenerse no supone falta de interés, sino una elección deliberada para rechazar alternativas políticas que considera inadecuadas o poco representativas.
En cuanto a esta última (falta de representatividad) tiene lugar cuando las instituciones o actores elegidos no reflejan adecuadamente a la sociedad que dicen representar.
Suele dividirse en: falta de representatividad sustantiva y descriptiva.
La primera, se presume cuando las decisiones y políticas de los representantes no están alineadas con las actitudes y preferencias de los votantes.
La segunda, cuando los representantes no comparten características demográficas clave con sus electores (como edad). Por ejemplo, la disminución de la proporción de jóvenes en la sociedad puede llevar a que sus intereses sean menos importantes para los partidos, aumentando su apatía política al no sentirse cuidados ni representados por candidatos de mayor edad.
Lógicamente, surge también desde la perspectiva de aquellos que sí votan, la observación de que podría verse como una amenaza al proceso democrático o un incumplimiento de la responsabilidad cívica; sin embargo, para el abstencionista cualitativo, es una forma de no validar un sistema en el que no cree.
LA REALIDAD DESDE 2020
Muchos, nos venimos preguntando ¿si se pretende convertir al actual modelo y por ende al correspondiente Partido Político dirigente, en un sistema hegemónico permanente capaz de concentrar un poder desproporcionado, monopolizando las instituciones del Estado, mediante alianzas estratégicas para sostener un dominio electoral y político?
Según los expertos, y en la línea del político italiano Antonio Gramsci (+1937) y su definición sobre algunas características del sistema hegemónico, oscila, entre otras, entre un Transformismo y un Liderazgo fuerte.
La primera como capacidad de adaptarse a nuevas circunstancias institucionales manteniendo el control de fondo. Respecto a la segunda, presencia de un caudillo o dirigente fuerte al mando del Poder Ejecutivo, que personaliza el poder y la dirección estatal.
A título de ejemplo Institucional, también se define como hegemónico, el desempeño de Estados Unidos en la OTAN y otras alianzas militares lideradas por Estados Unidos.
RESUMEN Y CONCLUSIONES PROVISIONALES
A fecha de hoy deben prevalecer los resultados conocidos en las dos Elecciones con cierto acompañamiento de las Encuestas en sus vertientes de aproximación.
Se observa dentro de una Polarización aparente, una fragilidad real.
- Aunque PP y PSOE aparecían como polos opuestos, ambos han dependido de “trasvases”, bien por rechazo, escasamente por adhesión.
- Venía siendo mayoritaria la premisa: “te voto porque el otro es peor”.
Ello deja a los grandes partidos muy vulnerables ante cualquier “shock” (corrupción, crisis económica, pactos forzados).
- El ascenso de VOX debe contemplarse como reacción emocional, no por convicción.
Interpretación política: lo que está cambiando de verdad: Una erosión de legitimidad del sistema de representación.
La ciudadanía no indica:
- “quiero otro partido” sino: “no deseo continuar validando este comportamiento”.
La abstención cualitativa ya no es silencio, es mensaje y comienza a colegirse como rechazo ético, no como apatía.
Regeneración que exigirá una mayor trascendencia, sin olvidar que la Ley Electoral, permanece en anaqueles, más por motivos políticos que técnicos, y, algún día tendremos que acordarnos de que se trata de una especie de “soufflé”, preparado por y para los políticos, sin acordarnos de que podría resultar válido, por ejemplo, “que gobernase la lista más votada”