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EN PLENA TENSIÓN DE CAJA

Los impuestos de abril ponen en tensión la caja de miles de pymes en España

Los impuestos de abril ponen en tensión la caja de miles de pymes en España
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  • España es un país donde los plazos medios de cobro superan los 80 días, lo que implica que muchas empresas deben abonar impuestos sobre ingresos que aún no han cobrado

martes 14 de abril de 2026, 11:21h

Con la llegada de abril, miles de pequeñas y medianas empresas afrontan uno de los momentos más exigentes del año desde el punto de vista financiero: la liquidación de impuestos del primer trimestre. Entre el 1 y el 20 de abril, las pymes deben hacer frente al pago del IVA (modelo 303), los pagos fraccionados del IRPF (modelos 130 o 131), las retenciones de trabajadores y profesionales (modelo 111) y, en algunos casos, el pago a cuenta del impuesto sobre sociedades (modelo 202). Más allá de la obligación fiscal, este calendario tiene un impacto directo en la liquidez empresarial.

España es un país donde los plazos medios de cobro superan los 80 días, lo que implica que muchas empresas deben abonar impuestos sobre ingresos que aún no han cobrado. “El problema no es pagar impuestos, es cuándo se pagan, muchas pymes tienen que hacer frente a estos pagos sin haber cobrado todavía sus facturas”, explica John Belalcázar, CEO de Impulsa CFO.

El efecto silencioso: pagar sin haber cobrado

El IVA funciona como una balanza entre el impuesto repercutido y el soportado, sin embargo, en la práctica, muchas empresas ingresan a Hacienda importes correspondientes a facturas que aún no han sido abonadas por sus clientes. A esto se suma el IRPF, que obliga a adelantar un porcentaje del beneficio generado, independientemente de la liquidez real de la empresa, el resultado es un efecto acumulativo que tensiona la tesorería: salida de caja inmediata, cobros diferidos y necesidad de financiación

Desde Impulsa CFO detectan un patrón recurrente: las empresas planifican sus impuestos, pero no su caja. “Muchas pymes saben cuánto tienen que pagar, pero no cuándo van a tener el dinero disponible para hacerlo. Ahí es donde aparece el problema”, señala Belalcázar. Esta falta de previsión provoca que muchas compañías recurran a financiación de urgencia o retrasen pagos, incrementando su coste financiero.

En la práctica, muchas pymes llegan a este momento con una previsión fiscal clara, pero sin una planificación de tesorería equivalente. Saben cuánto tienen que pagar, pero no siempre con qué liquidez cuentan para hacerlo. Esta diferencia, aparentemente menor, es la que explica por qué negocios que funcionan entran en tensión financiera de forma recurrente.

Para evitarlo, cada vez más empresas están incorporando una lógica distinta en su gestión. No se trata de anticipar el impuesto, sino de integrar su impacto dentro de la planificación de caja desde el inicio del trimestre. Esto implica trabajar con previsiones de tesorería que permitan visualizar semanas críticas, ajustar pagos o priorizar cobros antes de que llegue el vencimiento fiscal.

Otro de los ajustes más relevantes está en la forma de leer el negocio. En un entorno donde el cobro se retrasa, la facturación pierde peso como indicador operativo, la atención se desplaza hacia la liquidez real: qué parte de las ventas se ha convertido en dinero disponible y en qué plazo.

También se está produciendo un cambio en la relación con la financiación, en lugar de utilizarla como solución de urgencia, las empresas que han profesionalizado su gestión la integran como parte de su estructura financiera; esto les permite absorber picos de salida de caja, como el de abril, sin trasladar el problema al siguiente trimestre.

Un patrón que se repite cada trimestre

El comportamiento es recurrente. Cada trimestre, la combinación de impuestos, plazos de cobro y costes fijos genera el mismo efecto: salida de liquidez en un momento en el que parte de los ingresos aún no se han materializado.

No es una anomalía ni una situación puntual, es un patrón estructural del funcionamiento de muchas pymes en España, la diferencia no está en el calendario fiscal, que es conocido y previsible, sino en la capacidad de cada empresa para anticipar su impacto.

Las que lo integran en su gestión operan con margen, las que no, reaccionan cuando la tensión ya es evidente.

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