Las principales presiones tienen que ver con el incremento del precio de los carburantes y de la energía, pero no se pueden despreciar los efectos negativos de los cambios de ruta, del transporte detenido y de la consecuente inflación en productos y servicios. Las consecuencias a corto plazo son la rotura de stock o la parada de producción, pero el verdadero peligro es el efecto dominó: sobrecostes que devoran el margen y un daño reputacional que cuesta años reparar.
Aunque las empresas están hoy mejor preparadas que hace una década para hacer frente a episodios de inestabilidad como el actual, continúa existiendo una brecha importante, advierte el también vicepresidente de Scalian para el sur de Europa. Así, y aunque “la pandemia fue un curso acelerado de digitalización, muchas compañías todavía operan con puntos ciegos en su inventario o en sus dependencias críticas”.
La solución a estas fluctuaciones propias de un contexto internacional turbulento llega de la mano del concepto de resiliencia empresarial, pero no de un modo abstracto, sino en forma de capacidad técnica. Desde Scalian se conecta demanda, producción y logística en un modelo vivo gracias a la IA; “pasar de una gestión estática a una resiliente es lo que marca la diferencia entre sobrevivir a una crisis o salir fortalecido de ella”.
Esta supervivencia se basa, pues, en la inteligencia operativa que permite decidir antes de la llegada del bloqueo. La IA se presenta aquí como la capacidad de ver lo invisible. Puede detectar un retraso probable por clima, una saturación en un puerto o una anomalía de calidad antes que un analista humano. Lo que hacemos, aclara de Águeda “es hibridar los datos internos del cliente con señales externas —geopolítica, rutas, mercados—. No solo predecimos el problema, sugerimos la solución óptima en tiempo real”.
Los datos son el oxígeno del sistema y las empresas. Sin ellos, la decisión llega tarde. Al contrario, con visibilidad total, una empresa puede redirigir una ruta o activar un proveedor alternativo en minutos, no en días. Los data lakes, una de las áreas de expertise de Scalian, permiten el flujo de una información que no sea útil solo al departamento de IT sino a todas las áreas de negocio y que convierte la cadena de suministro en un organismo: se proyecta la demanda para no fallar al cliente mientras se optimiza cada paso para minimizar costes.
En definitiva, la combinación de poder realizar una trazabilidad en tiempo real con IoT y nuevas herramientas predictivas, como los
gemelos digitales, “permiten dejar de ser esclavos de la incertidumbre para empezar a gestionar certezas”. Permitiendo convertir la cadena de suministro en un organismo adaptativo. No solo proyectas la demanda para no fallar al cliente, sino que optimizas cada paso para minimizar costes.
Este cambio de paradigma ya se está dejando notar con especial intensidad en varios sectores clave, ámbitos en los que compañías como Scalian vienen trabajando desde hace años. En particular, en la aeronáutica y el espacio, donde la creciente complejidad de la cadena de suministro está acelerando la adopción de soluciones avanzadas, como la inteligencia artificial. También en los entornos críticos, como la energía o la defensa, donde garantizar la continuidad operativa es fundamental. Por último, en el sector del gran consumo, donde el uso de datos y capacidades analíticas está permitiendo mejorar la eficiencia y optimizar los costes de abastecimiento.