Un mapa de ausencias y unas pocas islas de esperanza
Si miramos el mapa de España, el panorama es desolador, pero con matices que desconciertan. Mientras la mayoría de las comunidades se desangran en oferta residencial, solo cuatro puntos han logrado nadar a contracorriente.
- Comunidad Valenciana: es la gran ganadora, si es que se puede llamar ganar a crecer en un contexto de crisis. Sumó
1.131 nuevos alquileres permanentes. Es un respiro, sí, pero si tenemos en cuenta que se revocaron más de 14.000 licencias turísticas, la "recuperación" apenas llega al 8%.
- Extremadura: un ejemplo curioso donde el crecimiento fue de
721 inmuebles, una cifra que, curiosamente, supera el volumen de licencias retiradas.
- La Rioja y Ceuta: con incrementos modestos de
77 y 58 viviendas respectivamente, completan el pequeño club de los que no perdieron terreno.
¿Y el resto? El resto es un naufragio. Cataluña lidera la caída libre perdiendo más de 15.000 viviendas de alquiler estable, a pesar de haber cancelado casi 13.000 licencias turísticas. Es decir, por cada piso turístico que se cerró, desapareció otro más del mercado tradicional. Andalucía le sigue de cerca en este despropósito: 21.000 licencias revocadas y, aun así, el alquiler permanente bajó en casi 2.700 unidades.
La trampa del "alquiler de temporada"
La verdad es que los propietarios no han vuelto al redil del alquiler de larga duración. Al verse acorralados por las nuevas normativas y el miedo a la inseguridad jurídica, han buscado la rendija en la ventana: el alquiler de temporada.
Es una metamorfosis astuta. Un piso que antes era turístico ahora se alquila por 11 meses a un nómada digital o a un estudiante. ¿El resultado? El dueño esquiva los límites de precios y las prórrogas forzosas de la Ley de Vivienda, mientras que el ciudadano de a pie se queda mirando un escaparate de precios imposibles. En 2025, mientras el alquiler permanente caía, el de temporada subió en más de 58.000 unidades.
"Es como intentar tapar una vía de agua en un barco con las manos; el agua simplemente sale por otro lado con más fuerza", comentaba un experto inmobiliario esta semana.
Las cicatrices del presente y el miedo al mañana
Las consecuencias de este desajuste son humanas y tangibles. Actualmente, se estima que casi el 40% de los inquilinos en España destina más del 40% de sus ingresos al alquiler. Es una asfixia económica que no permite ahorrar, que retrasa la emancipación hasta los treinta y tantos y que está mandando a la exclusión residencial a perfiles que antes considerábamos "clase media".
¿Qué nos espera en el futuro?
1.- Gentrification 2.0: los centros de las ciudades se están convirtiendo en museos para residentes temporales de alto poder adquisitivo, mientras los locales se ven desplazados a la periferia, donde el transporte público no siempre llega.
2.- Envejecimiento poblacional: sin casa no hay nido, y sin nido no hay hijos. La crisis de la vivienda está lastrando la natalidad de forma irreversible.
3.- Aumento del sinhogarismo: se calcula que ya hay más de
40.000 personas en situación de calle, una cifra que seguirá creciendo si la oferta no se estabiliza.
La lección de este 2025 es clara y amarga: prohibir el turismo no basta para crear hogares. Si no se incentiva al propietario, si no se ofrece seguridad jurídica y si no se construye vivienda pública de verdad, las llaves de casa seguirán estando en manos de cualquiera, menos de quienes realmente las necesitan para vivir.