La abogacía, cuando se ejerce desde su dimensión más profunda, no se limita a interpretar normas ni a tramitar expedientes. También implica traducir la complejidad del sistema en respuestas comprensibles para quienes atraviesan momentos de vulnerabilidad. Esa idea atraviesa la trayectoria de Velázquez&Villa Abogados, un despacho que ha orientado su actividad hacia el derecho laboral, las incapacidades y las prestaciones de la Seguridad Social, ámbitos donde la técnica jurídica se cruza de forma inevitable con la salud, el trabajo, la dignidad y el proyecto vital de cada persona.
La vocación por la abogacía nació muy pronto para María Teresa Menéndez Villa. «Desde muy joven tuve una clara vocación por ayudar a las personas», explica la letrada al recordar el origen de su camino profesional. Antes de estudiar Derecho cursó Relaciones Laborales, una formación que le permitió acercarse al ámbito jurídico desde una perspectiva práctica y vinculada a la realidad de los trabajadores. También su entorno familiar influyó de manera decisiva: creció viendo cómo su padre ayudaba a otras personas a entender y ejercer sus derechos, una experiencia que terminó consolidando su sensibilidad hacia la defensa jurídica.
Los primeros años en el ejercicio profesional fueron versátiles, como ocurre en muchos despachos. El contacto con distintas áreas del Derecho le permitió adquirir una base amplia antes de avanzar hacia la especialización. Con el tiempo, el ámbito laboral y de la Seguridad Social se reveló como el espacio donde el despacho podía aportar mayor valor. «Se trata de un campo muy técnico, pero también profundamente humano», sostiene. Esa combinación explica la orientación actual de Velázquez&Villa Abogados: rigor jurídico, estudio minucioso y acompañamiento cercano en procesos que suelen llegar cargados de incertidumbre.
La especialización en incapacidades laborales no apareció como una decisión abrupta, sino como un proceso natural. A medida que el despacho profundizaba en la materia, también comprendía la necesidad de construir un método propio, basado en la experiencia, la mejora continua y el análisis concienzudo de cada caso. En este terreno, la precisión resulta determinante: no basta con acreditar una enfermedad, sino que debe demostrarse jurídicamente cómo esa patología afecta a la capacidad real de trabajar.
Ese matiz, aparentemente técnico, es uno de los puntos que más dificultades genera entre los clientes. Muchas personas creen que el diagnóstico médico es suficiente para acceder a una prestación, cuando el sistema exige una valoración mucho más compleja. «Es necesario acreditar jurídicamente cómo esa enfermedad afecta a la capacidad de trabajar», explica. La falta de información produce frustración, inseguridad y decisiones equivocadas, especialmente cuando el trabajador no cuenta desde el inicio con asesoramiento especializado.
Los casos más habituales que llegan al despacho están relacionados con patologías del sistema musculoesquelético: problemas de columna, articulaciones o musculatura, muchas veces vinculados a años de actividad profesional. Sin embargo, en los últimos tiempos también se observa un incremento significativo de patologías psíquicas. Son enfermedades que siempre han existido, pero que hoy cuentan con mayor visibilidad y reconocimiento. Este cambio anticipa, además, una evolución relevante del derecho laboral en los próximos años, especialmente en lo relacionado con la salud mental y las nuevas realidades del trabajo.
Velázquez&Villa Abogados insiste en que uno de los errores más frecuentes de los trabajadores es desconocer sus derechos o confiar únicamente en el criterio médico sin comprender la dimensión jurídica del procedimiento. También existe un desconocimiento generalizado sobre los distintos grados de incapacidad, los requisitos de acceso o la forma en que se valoran las limitaciones en relación con la profesión habitual. «Paradójicamente, hablamos poco de estos temas cuando son situaciones que pueden afectar a cualquier persona en algún momento de su vida», señalan desde el despacho.
Aunque su principal especialización son las incapacidades laborales y las prestaciones de la Seguridad Social, el despacho también trabaja en otras áreas del derecho laboral: conflictos laborales, reclamaciones de derechos, despidos y situaciones donde sea necesario defender los intereses de las partes con seguridad jurídica.
Su clientela está formada, en gran medida, por trabajadores que han desarrollado una actividad durante años y que, a causa de problemas de salud, ven limitada su capacidad para continuar ejerciendo su profesión. Llegan con dudas, temor e incertidumbre. La labor del despacho consiste en ordenar esa situación, explicar el procedimiento y construir una estrategia jurídica sólida.
También las empresas, en su opinión, deben asumir una gestión más responsable de las relaciones laborales. La prevención, el asesoramiento especializado y la comprensión de que detrás de cada conflicto hay una persona resultan claves para evitar tensiones y favorecer entornos laborales más saludables.
A nivel personal, la mayor satisfacción de esta profesión sigue estando en el impacto directo sobre la vida de quienes confían en el despacho. «Saber que, a través de nuestro trabajo, contribuimos a que alguien pueda ver reconocidos sus derechos es, probablemente, lo más gratificante de esta profesión». En esa frase se resume una manera de ejercer la abogacía donde el expediente nunca borra a la persona.