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CARTA DEL PRESIDENTE

Manos Limpias: ‘Fiat iustitia, pereat mundus; veritas vincit’

Miguel Bernad, secretario general de Manos Limpias.
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Miguel Bernad, secretario general de Manos Limpias.

· Por Alfonso Merlos, Presidente del Grupo "El Mundo Financiero"

domingo 31 de mayo de 2026, 09:33h

Debería ser fácil reconocerlo pero no lo es. No, en un país en el que el PSOE está malacostumbrado, disponiendo de felpudos por doquier que se acomodan para justificar vergonzosamente su corrupción masiva. En toda democracia madura resulta imprescindible la existencia de contrapesos con facultades para vigilar a quienes ejercen el poder, y, en España, pocas organizaciones han desempeñado ese papel con tanta perseverancia y determinación como Manos Limpias.

A lo largo de los años, este colectivo se ha convertido en un auténtico ariete contra la corrupción política, especialmente cuando las instituciones han sido percibidas como lentas o reticentes a investigar determinadas conductas delictivas perpetradas por quienes hoy se ponen el pijama en la cárcel.

La nada sorprendente imputación de Zapatero ha vuelto a situar en el centro del debate público la importancia de quienes impulsan iniciativas destinadas a esclarecer posibles responsabilidades políticas o jurídicas en casos que tienen como protagonistas a puros malhechores, a despojos que se han valido de las instituciones para profanar el Estado de Derecho haciendo bastardamente caja.

En este marco, resulta innegable que Manos Limpias ha contribuido a mantener viva una cultura de exigencia y control sobre nuestros gobernantes. Con la corrupción masiva protagonizando mañana, tarde y noche un sinfín de escándalos que erosionan cada día la confianza de los ciudadanos en el sistema, la actuación de organizaciones dispuestas a acudir a los tribunales, con fundamento (no de manera inmotivada o caprichosa, como sostienen los palanganeros y los indoctos tarugos del sanchismo, algunos puros analfabetos en atolondrada acción) está sirviendo para reforzar la idea de que nadie debe estar por encima de la ley: dura lex, sed lex.

Hay que subrayarlo alto y claro. Manos Limpias ha hecho posible la ejecución de la capacidad para llevar ante la Justicia asuntos que, de otro modo, podrían haber quedado diluidos en la confrontación partidista o en la burocracia administrativa, con auténticos delincuentes marchándose de rositas. No. Su actividad no constituye un ataque a ningunas siglas concretas sino una defensa del principio básico de responsabilidad pública. Cosa distinta es que muchas de sus actuaciones hayan coincidido con casos vinculados al ámbito socialista, pero eso más tiene que ver con la irrespirable ciénaga en la que se ha convertido ese partido.

La fortaleza de un Estado de derecho no se mide por la comodidad de sus dirigentes sino por la fuerza ponderable y ponderada de la sociedad para exigir explicaciones cuando surgen dudas razonables. En ese sentido, Manos Limpias representa una expresión de vigilancia cívica y de compromiso con la transparencia, y su trayectoria contribuye cotidianamente, firmemente, a recordar una verdad esencial: la lucha contra la corrupción exige perseverancia, independencia y valentía.

Es por ello que esta plataforma, apenas sin recursos económicos, contra viento y marea, más allá de las lógicas simpatías o antipatías que pueda suscitar (un hecho totalmente secundario o marginal para el caso), se ha erigido en uno de los protagonistas más relevantes del control democrático en la España de las dos últimas décadas. La corrupción prospera en la sombra, pero retrocede cuando alguien enciende la luz: ‘fiat iustitia, pereat mundus’.

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