El marxismo dejó de ser una mera ideología y se plasmó en el comunismo, la dictadura del proletariado y la eliminación de la propiedad privada, así como en una persecución sanguinaria y feroz contra todos los propietarios de medios de producción, contra lo religioso y contra todos los discrepantes de la dictadura.
A partir de 1917, la URSS realizó intervenciones directas en su entorno (Hungría, Polonia y Alemania principalmente) para exportar su régimen. En muchos otros países de Europa la ideología marxista ya se había ido sembrando desde antes. Así ocurrió en el caso de España. Pablo Iglesias fundó, en 1879, el Partido Socialista Obrero Español, incluyendo el marxismo en sus estatutos. Tan sólo cien años más tarde, se erradicó de ellos la ideología marxista, cuando en 1979, Felipe González promovió y consiguió que fuera eliminada de los Estatutos del partido.
Mientras tanto el comunismo de Lenin se ratificó e intensificó con Stalin, quien llegó al poder tras la muerte de Lenin en 1923 y que lideró la expansión del marxismo durante sus 30 años de sanguinaria dictadura.
En España tras los inicios borrascosos e intolerantes, la República de 1931, comenzó a caminar, celebrando unas elecciones constituyentes en junio que no crearon una constitución de concordia sino de imposición de criterios de izquierda. No hubo un ambiente de consenso sino de conflicto. Dos años más tarde, en noviembre de 1933, se convocaron nuevas elecciones que, como reacción, ganó holgadamente la derecha y que debería haber gobernado hasta fines de 1937. No obstante, Alcalá Zamora, presidente de la republica abusó de su poder, no dejando que los partidos llegaran a acuerdos para consensuar al presidente del Gobierno.
Mientras tanto, el PSOE, la principal fuerza revolucionaria, promovió, con Largo Caballero e Indalecio Prieto al frente, en octubre de 1934, un golpe de estado, estilo Lenin y con la misma finalidad, implantar en España una república soviética. Pero solo triunfó en Asturias, centrada principalmente en los mineros. No obstante, fue necesario que la República tuviera que llamar al general Franco para frenar el golpe, lo que dio lugar a dos semanas de duras contiendas, en las que se ocasionaron unas 1.400 víctimas, 260 de ellas miembros de las Fuerzas de Seguridad y del Ejército, lo que pone de manifiesto el grado de violencia que crearon los revolucionarios.
Las consecuencias de ese levantamiento marxista dificultaron la acción de gobierno, pero, a pesar de todo, había mayoría suficiente de las derechas para formar gobierno con apoyo mayoritario en las Cortes. Sin embargo, de nuevo Alcalá Zamora se entrometió y convocó elecciones generales anticipadas cuando aún la tensión política era muy alta. Se celebraron en febrero de 1936, y la ganó la izquierda, pero con muchísimas criticas de haber manipulado los resultados. Para más inri, la propia izquierda destituyó de forma inconstitucional a Alcalá Zamora, que recibió así un amargo pago por los servicios prestados.
El clima revolucionario, con el tema de la amnistía del golpe del 1934 por medio, se enrareció más aun y los desórdenes públicos fueron in crescendo.
Gil Robles, líder del principal partido de oposición denuncio el 16 de junio de 1936 que desde el 16 de febrero hasta esa fecha se habían producido 269 muertos, (recordemos que ETA en 20 años ha causado 850 ) así como una detalladísima lista de destrozos y atentados que enumeró en las Cortes. En paralelo la izquierda seguía con sus proclamas revolucionarias y sus alabanzas a la dictadura del proletariado.
El clima de violencia era gravísimo y en ese contexto se produjo el asesinato de Calvo Sotelo, que fue el detonante final que dio inicio al alzamiento militar dirigido por Mola y Franco y a la triste Guerra Civil.
Hubo dos lados, uno republicano de carácter fundamentalmente revolucionario y marxista, otro conservador que buscaba el orden público y el rechazo al marxismo. Aquellos consiguieron el apoyo de Stalin, estos el de Hitler y Mussolini.
La guerra duró tres años. Barbaridades hubo seguramente por ambos lados, pero es indiscutibles hoy que los crímenes del lado rojo y su aparato represivo, las checas, son innegables.
Tras la guerra se implantó una dictadura militar que tuvo que enfrentarse a guerrillas comunistas que se instalaron especial en las zonas montañosas y que no fueron eliminadas hasta casi mediados de los amos 50. En ese contexto la dictadura de Franco se orientó a la reconstrucción de los destrozos de la guerra y al desarrollo de la economía con un sector público importantes (el INI) apoyada en el mercado libre y la empresa privada. Consiguió con ellos que España avanzase y prosperarse económicamente y que se crearan las condiciones que permitieron, a la muerte de Franco, en 1975, una transición pacífica basada fundamentalmente en la reconciliación.
Mientras tanto las repúblicas socialistas de Europa del Este seguían estancadas económicamente y con muchísimas menos libertades que la España de Franco. Tardaron casi quince años más en encontrar el camino hacia la libertad hasta la caída del muro de Berlín en 1989, derivada en gran medida por la postura aperturista de Gorbachov.
¿Qué hubiese sido mejor, que hubiese ganado el lado rojo y que España hubiese podido experimentar lo que era el comunismo o que ganara Franco?
El desarrollo social y económico y la paulatina apertura del régimen dio lugar a que España tras un brevísimo periodo de reflexión interno, optara por la Reconciliación y por mirar hacia adelante.
Lamentablemente esa Reconciliación fue tirada por tierra por la izquierda, en especial cuando Zapatero empezó a hablar de uno de sus abuelos y terminó aprobando su ley de Memoria Histórica, que después ha sido reiterada y reforzada por Sánchez en sus ocho años de gobierno.
Por ello ahora no bastará cambiar el gobierno socialista actual por un gobierno de coalición PP-VOX que solo pretenda ser eficiente y trasparente en la economía. También será necesario desmontar la mentira ideológica que lleva tanto tiempo coleando y asesinando por el mundo. Las heridas mal cerradas siempre vuelven a abrirse. Necesitamos Reconciliación, Estabilidad y Fraternidad y eso no es compatible con la mentira ideológica.
Es necesario dejar claro de una vez por todas que, de un lado, está la dictadura del proletariado y la propiedad pública de los medios de producción y de otro la democracia y la economía de mercado. Y por si no quedara claro, convendría explicar que la economía de la China comunista actual se debe mucho más a que el régimen se asimila hoy mucho más al fascismo de Mussolini que al comunismo de Marx. En efecto, los chinos han tirado El Capital de Marx a la basura, han reimplantado la propiedad privada, china y extranjera y el 80% de sus empleos los genera el sector privado. Lo que si tienen es un partido único dirigente, el Partido Comunista Chino que ostenta todo el poder político al igual que lo hacía el Gran Consejo del Fascismo de Benito Mussolini.