Cambio climático, movilidad urbana, desigualdad, acceso al agua, transición energética y gobernanza local fueron algunos de los temas que dominaron las discusiones en la Sala IX de la UNESCO, donde la presencia del presidente municipal mexicano puso de relieve una transformación silenciosa que comienza a redefinir las relaciones internacionales: el ascenso de los gobiernos locales como nuevos actores de la diplomacia.
La escena resultaba simbólica. A más de nueve mil kilómetros del Bajío mexicano, una ciudad de poco más de 80.000 habitantes encontraba un espacio en uno de los principales escenarios mundiales dedicados al desarrollo sostenible.
San José de Iturbide, situado estratégicamente entre Querétaro y San Luis Potosí, se ha consolidado durante las últimas décadas como uno de los municipios con mayor dinamismo económico del centro de México. Integrado al corredor industrial del Bajío, concentra inversiones nacionales y extranjeras ligadas a la manufactura, la industria automotriz y la logística. Sin embargo, para Manuel Montes de la Vega, el crecimiento económico no puede medirse únicamente en cifras.
Durante su intervención en París, el alcalde defendió una visión basada en el fortalecimiento institucional, la participación ciudadana y la construcción de una cultura de paz como pilares para consolidar comunidades sostenibles. Un planteamiento que encontró eco entre especialistas y líderes locales que coinciden en que el desarrollo del siglo XXI exige una nueva relación entre economía, medio ambiente y cohesión social.
La trayectoria del mandatario ayuda a comprender esa visión. Abogado de profesión, especialista en Derecho Corporativo, maestro en Derecho y doctor en Administración, Manuel Montes de la Vega construyó gran parte de su carrera en el ámbito académico y en proyectos relacionados con la educación, la prevención de la violencia y la promoción de una cultura de paz. Su llegada a la presidencia municipal en 2024 marcó una nueva etapa política para San José de Iturbide, desde donde ha impulsado una agenda centrada en el fortalecimiento comunitario y el desarrollo con rostro humano.
Pero la presencia del alcalde mexicano en París trasciende el ámbito local. Refleja también el fortalecimiento de los vínculos entre Francia y México a través de una diplomacia menos visible, pero cada vez más influyente: la cooperación entre territorios.
Durante décadas, la relación entre ambos países estuvo impulsada principalmente desde las cancillerías de París y Ciudad de México. Hoy, alcaldes, regiones y gobiernos municipales comienzan a desempeñar un papel cada vez más importante en la construcción de alianzas en materias como sostenibilidad, innovación urbana, gestión del agua, movilidad y desarrollo económico.
El Foro Global de Ciudades Sostenibles, que durante una década ha convertido a París en punto de encuentro entre líderes locales de ambos continentes, representa precisamente esa nueva etapa. Allí convergen experiencias de Europa y América Latina con la convicción de que muchos de los desafíos contemporáneos exigen respuestas construidas desde los territorios.
La participación de Manuel Montes de la Vega en la UNESCO es, en ese sentido, una muestra del creciente protagonismo de las ciudades intermedias en la geopolítica del desarrollo. Mientras los Estados enfrentan transformaciones económicas y tensiones internacionales, los municipios se convierten en laboratorios de innovación y cooperación.
Más de la mitad de la población mundial vive hoy en zonas urbanas. Para mediados de siglo, esa cifra superará los dos tercios de la humanidad. El destino del planeta dependerá, en gran medida, de las decisiones que adopten las ciudades.
Y en esa nueva arquitectura del poder global, la voz de un municipio del Bajío mexicano logró escucharse en París.
Porque en el siglo de las ciudades, la diplomacia también se escribe desde los ayuntamientos.