Cada verano, mientras millones de españoles han estado calculando si podían permitirse una semana de vacaciones, P.S. y Begoña volvían a un lugar que simboliza como pocos los privilegios inherentes al cargo: La Mareta, la espectacular residencia oficial situada en Lanzarote. No es un hotel de cinco estrellas en el Caribe. Tampoco una villa alquilada por una fortuna en Es Cubells. Es, sencillamente, un palacio. Lo que ellos se merecen.
Begoña preocupada porque, contenida su libertad de movimientos allende nuestras fronteras, se va a tener que conformar, una vez más, con pasar unos días, a la gorra, en una residencia de 30.000 metros cuadrados de maravillosos jardines integrados en el paisaje volcánico por César Manrique, piscinas, lago artificial, pistas deportivas y varios bungalows independientes para invitados y personal de seguridad, además de acceso directo al mar. ¡Qué tortura!
Desde su llegada a La Moncloa en 2018, P.S. y Begoña han convertido La Mareta en su destino vacacional preferido. No únicamente durante el verano. También han pasado allí Navidades, Semana Santa e incluso periodos de descanso político especialmente delicados. La residencia se ha convertido, en la práctica, en su segunda casa institucional, pero eso no es suficiente para contener el llanto de Begoña.
¡Qué injusta es la vida! Dormir en un complejo diseñado para reyes, con privacidad absoluta, acceso restringido, protección permanente y un entorno prácticamente inaccesible para el resto de la población no basta para aplacar la queja de Begoña, tan embebida, como su esposo P.S. en vacíos y fariseos discursos públicos trufados de conceptos prostituidos por ellos mismos con los hechos como los de la igualdad, la austeridad, la sensibilidad social y los sacrificios compartidos. ¡Ja! ¡Y ja!
Este año, de nuevo, mientras centenares de miles de españoles rebuscan apartamentos con ofertas de última hora y vistas imposibles al mar, calculan el precio del combustible o renuncian directamente a las vacaciones, mientras los autónomos echan cuentas por si pueden permitirse diez días sin facturar porque la economía doméstica no da para más, la trascendental pregunta de la familia de P.S., parafraseando el slogan del popular ‘beach club’ ibicenco Beso Beach, será “¿hay verano sin La Mareta?”. ¡Qué injusto que un juez perturbe, por una vez, sus vacaciones de millonaria!