Dicha ley, concebida como legislación interna, otorga explícitamente jurisdicción sobre organizaciones e individuos fuera de China. La ley sirve a China como pretexto jurídico para ampliar su jurisdicción extraterritorial y su represión transnacional, constituyendo una amenaza significativa para la libertad, la democracia y los derechos humanos en todo el mundo. En el futuro, cualquier persona del mundo cuyas palabras o acciones sean consideradas inaceptables por China podría ser objeto y procesado según esta ley. La comunidad internacional debe unirse para condenar los continuos intentos de expansionismo autoritario de China mediante legislación interna.
Es más, múltiples disposiciones de la ley se basan en conceptos imprecisos, tales como lo que China denomina «socavar la unidad étnica», «crear división étnica» y «actuar en detrimento de la unidad y el progreso étnicos». Esto da cabida a interpretaciones arbitrarias de las agencias chinas encargadas de hacer cumplir la ley, dificultando a las personas la evaluación de riesgos, dando lugar a la autocensura y al efecto inhibitorio. Tales medidas contradicen gravemente los principios de claridad y proporcionalidad jurídica defendidos por los países regidos por el Estado de derecho.
La República de China (Taiwán) reitera que es un país soberano e independiente, y que ni esta ni la República Popular China están subordinadas la una a la otra. Ninguna legislación interna promulgada por China tiene fuerza vinculante sobre Taiwán. China no tiene derecho en absoluto a fabricar fundamentos jurídicos para criminalizar al pueblo taiwanés. Como país libre y democrático, Taiwán garantiza a su pueblo la libertad de expresión y de pensamiento conforme a la ley. China no tiene ningún derecho ni a comentar ni a interferir en ello.
Taiwán subraya que, cuando los regímenes autoritarios exportan el miedo, las democracias deben reforzar su resiliencia social; y cuando las autocracias intentan sembrar la división, los socios afines deben profundizar su colaboración para articular una respuesta colectiva. Como bastión democrático, Taiwán seguirá recurriendo a la cooperación internacional para fortalecer la resiliencia social y contrarrestar la represión transnacional del gobierno chino. (E)