En Step 1, correspondiente a la propuesta corta, España presenta un rendimiento especialmente positivo. De un total de 1.160 propuestas cortas, las empresas españolas obtuvieron 667 decisiones GO y 493 decisiones NO-GO, lo que supone una tasa de éxito del 57,5%.
Este porcentaje es superior a la media general del conjunto de propuestas analizadas, situada en torno al 47,5%. Es decir, España no solo participa de forma activa, sino que además consigue que una proporción elevada de sus proyectos supere el primer filtro de evaluación.
Este dato es importante porque el Step 1 funciona como una primera prueba de calidad estratégica. En esta fase se valora si el proyecto presenta una innovación suficientemente ambiciosa, una oportunidad de mercado relevante, un equipo creíble y un potencial de escalado alineado con los objetivos del EIC Accelerator.
El resultado español en Step 1 sugiere que el ecosistema nacional está generando un volumen significativo de proyectos capaces de captar el interés inicial de los evaluadores europeos.
La situación cambia cuando se analiza el Step 2, la fase de propuesta completa. En esta etapa, España registró 1.026 propuestas completas, con 244 decisiones GO y 782 decisiones NO-GO, lo que equivale a una tasa de éxito del 23,8%.
Este resultado se sitúa ligeramente por encima de la media global del Step 2, estimada en el 22,8%, y en línea con el promedio agregado de la UE-27. Por tanto, España es competitiva también en la fase completa, aunque su ventaja relativa es menor que en Step 1.
La comparación entre ambas fases es reveladora. España pasa de una tasa de éxito del 57,5% en Step 1 a un 23,8% en Step 2. Esta caída es normal, porque el Step 2 es mucho más exigente, pero señala claramente dónde se encuentra el principal margen de mejora.
En términos prácticos, España necesita aproximadamente 1,7 propuestas para conseguir un GO en Step 1, mientras que en Step 2 necesita alrededor de 4,2 propuestas para conseguir un GO. Esto muestra que la preparación de la propuesta completa es decisiva.
Superar el Step 2 exige mucho más que una buena historia de innovación. Requiere evidencias sólidas, una estrategia de mercado convincente, hipótesis financieras robustas, análisis competitivo, justificación clara del impacto europeo, madurez tecnológica, capacidad de ejecución y una narrativa de inversión coherente.
Uno de los datos más destacados del rendimiento español está en el ámbito sectorial. En Step 2, el sector Health concentra 115 decisiones GO, lo que representa el 47,1% de todos los GO obtenidos por España en esta fase.
Esto apunta a una fortaleza clara del ecosistema español en salud, biotecnología, medtech y life sciences. Son ámbitos donde España parece estar especialmente bien posicionada para responder a las expectativas del EIC Accelerator: innovación de alto impacto, necesidades no cubiertas, potencial de mercado internacional y contribución estratégica a la competitividad europea.
Al mismo tiempo, esta concentración plantea una pregunta estratégica: ¿cómo puede España elevar el rendimiento de otros sectores como energía, clima, industria, inteligencia artificial, movilidad, tecnologías digitales avanzadas o ingeniería deep tech?
España cuenta con capacidades científicas, tecnológicas e industriales para competir con fuerza en muchos de estos ámbitos. El desafío está en convertir esas capacidades en propuestas EIC más sólidas, más diferenciales y más claramente orientadas a escalado europeo y global.
También conviene observar la evolución del volumen de propuestas. Las solicitudes españolas en Step 1 pasaron de 402 en 2021 a 190 en 2025, lo que supone una caída del 52,7%.
Este descenso no tiene una única interpretación. Puede reflejar mayor selectividad, cambios en la estrategia de presentación, evolución de las prioridades del programa o una mayor madurez del ecosistema a la hora de decidir qué proyectos están realmente preparados para competir. Pero es un dato que merece seguimiento.
Un pipeline nacional fuerte necesita equilibrio entre volumen y calidad. Demasiadas propuestas poco maduras pueden reducir la eficiencia del sistema, pero un volumen demasiado bajo puede limitar el número de empresas españolas que acceden a oportunidades europeas de financiación y escalado.
La conclusión es clara: España está bien posicionada en el EIC Accelerator, especialmente en Step 1. Es uno de los países más activos, cuenta con una tasa de éxito elevada en la propuesta corta y mantiene un rendimiento competitivo en la propuesta completa.
Pero el siguiente salto está en mejorar la conversión entre fases. España no solo debe aspirar a presentar muchos proyectos, sino a transformar más proyectos prometedores en candidaturas completas, robustas, financiables y estratégicamente alineadas con las prioridades europeas.
Para las startups y pymes españolas, el mensaje es directo: superar el Step 1 no es el objetivo final. Es solo el inicio de una competición mucho más exigente.
El Step 2 debe abordarse como una fase distinta, con un nivel de profundidad, evidencia y ambición mucho mayor. La propuesta completa debe demostrar no solo que la tecnología es innovadora, sino que la empresa puede ejecutarla, escalarla, financiarla y convertirla en una ventaja competitiva para Europa.
Para el ecosistema español de innovación, la oportunidad también es evidente. España ya tiene talento, actividad y sectores altamente competitivos. El reto ahora es convertirse no solo en uno de los países que más participa, sino en uno de los países que mejor convierte.