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El mapa del alquiler en España: ¿Dónde sigue valiendo la pena apretar el gatillo inversor?

El mapa del alquiler en España: ¿Dónde sigue valiendo la pena apretar el gatillo inversor?
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· Comprar un piso para ponerlo en alquiler solía ser la fórmula mágica del ahorro en España

By Angel Manuel Gómez
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angelbereales/5/5/12
https://www.bereal.es/

De esas que se comentaban entre cañas los domingos con absoluta rotundidad: "Te compras un ladrillito, se paga solo y te queda una jubilación apañada". La verdad es que las cosas se han vuelto bastante más complejas. Entre el precio de compra disparado, los tipos de interés que no terminan de dar tregua y un tablero regulatorio cambiante, acertar con la ubicación ya no es cuestión de intuición, sino de pura orfebrería financiera. Hoy en día, el mercado residencial ofrece un contraste acusado. Mientras en los grandes escaparates nacionales el coste por metro cuadrado roza el vértigo, en otros rincones del mapa los números encajan con una fluidez pasmosa.

¿Por qué Madrid y Barcelona ya no son el dorado de la rentabilidad?

Si uno mira únicamente dónde hay más gente desesperada por encontrar un techo, la respuesta parece obvia: Madrid, Barcelona, Palma o San Sebastián. La demanda allí es una apisonadora impredecible. Sin embargo, aquí es donde choca de frente la lógica del pequeño inversor con la crudeza del mercado: mucha demanda no equivale a alta rentabilidad bruta.

Cuando un piso de dos habitaciones en un barrio periférico de Madrid cuesta 280.000 euros y se alquila por 1.200 euros al mes, la rentabilidad bruta apenas ronda el 4,5% o 4,8%. Restemos IBI, gastos de comunidad, seguros de impago y mantenimiento... y el margen se estrecha drásticamente. En Barcelona o San Sebastián las cifras son todavía más ajustadas, oscilando entre el 3,3% y el 4,3%.

En las grandes metrópolis no se busca un flujo de caja holgado, sino la liquidez inmediata y la revalorización del activo con el paso de los años. Es una estrategia defensiva, casi un valor refugio para capitales abultados.

Al observar la rentabilidad bruta media por ciudades, el mapa muestra grandes diferencias: en Lleida, Murcia o Huelva el rendimiento se sitúa entre el 7,0% y el 7,5%. En Valencia y Zaragoza las cifras se mueven entre el 6,2% y el 6,8%, mientras que en Madrid capital caen a una franja de entre el 4,7% y el 5,2%. San Sebastián y Palma quedan en la parte más baja de esta escala, registrando retornos de entre el 3,3% y el 4,3%.

Las verdaderas minas de oro: Ciudades medias y la periferia industrial

¿Dónde está la rentabilidad real para quien busca ingresos desde el primer mes? Hay que poner el foco en capitales de provincia de tamaño medio y en municipios de la segunda corona metropolitana.

- El eje del Sureste y la Mancha: Ciudades como Murcia, Lleida, Huelva o Castellón lideran de forma consistente los rankings de rentabilidad bruta, superando con holgura el 7% e incluso rozando el 8% en determinados distritos. La explicación es simple: el precio de adquisición por metro cuadrado sigue siendo moderado, pero la bolsa de inquilinos (estudiantes, personal sanitario, trabajadores locales) mantiene el mercado de alquiler muy vivo.

- El cinturón metropolitano: Si la meta es no alejarse del ecosistema madrileño o catalán, la clave pasa por alejarse 20 o 30 kilómetros del centro urbano. Municipios como Parla o Fuenlabrada en Madrid, o L'Hospitalet y Mataró en Barcelona, arrojan rendimientos brutos que rondan el 7% u 8%, sencillamente porque la demanda expulsada del núcleo central absorbe la oferta al instante.

- El fenómeno emergente: Capitales como Valencia o Zaragoza ofrecen un equilibrio sugerente. Combinan una revalorización constante con rendimientos brutos que se mueven entre el 6% y el 6,8%.

Millones de afectados: Radiografía del drama y del negocio

A la hora de analizar las consecuencias operativas de esta dinámica, el impacto humano es innegable. Las cifras retratan un mercado tensionado en ambos extremos de la balanza.

Por un lado encontramos a unos 3,5 millones de inquilinos, que destinan aproximadamente el 40% de sus ingresos a la vivienda, sufren un retraso notable en la edad de emancipación y recurren cada vez más al alquiler de pisos compartidos. Por otro lado se sitúan cerca de 2,8 millones de pequeños propietarios que se ven desplazados hacia provincias secundarias, exigen mayor solvencia a los candidatos y buscan refugio en el alquiler estacional o por habitaciones.

Para las familias e inquilinos jóvenes, la asfixia es directa. Más de 3,5 millones de arrendatarios en España destinan ya más del 40% de sus ingresos netos únicamente a cubrir el recibo del alquiler y las facturas básicas, sobrepasando con creces cualquier límite razonable de prudencia financiera.

Por el lado de los pequeños propietarios (quienes poseen entre 1 y 3 inmuebles), la angustia tampoco es ajena. Alrededor de 2,8 millones de pequeños inversores intentan capear un entorno donde un solo mes de impago o una avería grave de fontanería se come el margen de todo el ejercicio. Este temor ha provocado una fuga paulatina desde el alquiler residencial tradicional hacia el alquiler por habitaciones o la modalidad de temporada, buscando blindarse legalmente y arañar un par de puntos extra a la rentabilidad.

Consecuencias presentes y lo que se avizora en el horizonte

Si nos asomamos al futuro a medio plazo, la inversión inmobiliaria residencial no va a detenerse, pero sí está mutando de forma acelerada.


1.- Polarización del perfil inversor: El pequeño ahorrador de a pie que no cuenta con liquidez suficiente está quedando desplazado por la subida de los costes de financiación. Quien compra hoy lo hace con un nivel de endeudamiento mucho menor o mediante capital propio acumulado.

2.- Efecto mancha de aceite hacia el interior: A medida que ciudades como Málaga, Alicante o Valencia sigan encareciéndose, la presión inversora migrará en masa hacia segundas y terceras coronas como Elche, Talavera de la Reina, Linares o Mérida.

3.- Endurecimiento de las exigencias al inquilino: Ante la sensación de indefensión que reportan muchos arrendadores, los filtros de selección se volverán inflexibles. El scoring crediticio, la contratación de seguros de impago y las garantías adicionales ya no son la excepción, sino la condición de entrada indispensable.

Comprar un piso para ponerlo en alquiler sigue siendo un negocio sólido en España, pero la época en la que cualquier piso en cualquier sitio daba dinero fácil se ha terminado. La rentabilidad hoy exige mapa en mano, calculadora en frío y, sobre todo, una mirada amplia hacia esas ciudades intermedias donde la vida, y los números, discurren a un ritmo bastante más sensato.

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