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CARTA DEL PRESIDENTE

Cara al Sol: el Estado organiza el ocio de una sociedad lanar

Cara al Sol: el Estado organiza el ocio de una sociedad lanar
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· Por Alfonso Merlos, Presidente del Grupo "El Mundo Financiero"

domingo 16 de agosto de 2026, 10:47h

Todo es posible con P.S. Los españoles dábamos por hecho, ingenuamente, que la misión del gobierno y el Estado era ayudar a solucionar el problema de la vivienda, o mejorar la circulación de los trenes, o agilizar las citas ante la administración, o rebajar la losa con la que aplasta y tritura a los autónomos cada día. Pero PS y su asediada tropa se han pasado semanas (quién sabe si meses) preparando el eclipse total de este agosto con una maquinaria institucional considerable: grupos de trabajo interministeriales, centro oficial de seguimiento del fenómeno, planes especiales de seguridad, comunicaciones públicas redundantes y vacuas… y campaña propagandística en RTVE -¡sólo faltaba!- de un nivel tal que deja Barrio Sésamo en un programa para ingenieros y doctores: el eclipse ha sido, por eso, un ‘eclipse mental’.

El show se ha convertido esta semana, ante una sociedad indisimuladamente lanar, en un acontecimiento administrado y subvencionado. Es la pura conducción de masas, que alcanza puntos álgidos cuando el poder está corroído y ha degenerado, como es el caso del poder político e institucional que se mantiene a las faldas de P.S. La pregunta es: ¿por qué razón ese poder corroído y degenerado siente una necesidad casi irresistible de organizar también aquello que ocurre espontáneamente, incluso de apropiárselo?

Un eclipse sucede sin permiso del Consejo de Ministros. El Sol no necesita estrategia de comunicación. Y, sin embargo, hemos visto irrumpir toda la liturgia institucional sanchista en su más patética expresión, con un coro -incluidos trompeteros de baja estofa- que deja en catedráticos a Espinete y Don Pimpón.

La historia de la sociedad de masas está llena de intentos de sincronizar la atención colectiva y, desde luego, los regímenes totalitarios del siglo XX llevaron esa lógica hasta extremos siniestros mediante grandes concentraciones, ceremonias y espectáculos cuidadosamente coreografiados. De otro nivel, desde luego y dicho sea de paso.

La comparación tiene límites evidentes -organizar esperpénticamente un eclipse en una democracia no convierte a nadie en Goebbels-, pero el mecanismo comunicativo más elemental merece ser estudiado: conseguir que millones de personas miren lo mismo, hablen de lo mismo y participen simultáneamente del mismo acontecimiento… mientras son expoliadas por ese gobierno y ese Estado. ¡Hay que echarle…!

Ante un hecho singular, cierta planificación resulta perfectamente razonable pero lo más que discutible y, sin duda lo denunciable es la creciente infantilización del ciudadano convertido en público dirigido que atiende obedientemente, que se deja mover como una marioneta y que es incapaz de reaccionar ni siquiera ante las instrucciones del gobierno más patoso, iletrado y mentecato, con creces, de nuestra joven historia democrática. ¿A quiénes sigue valiendo la pena, y por qué, seguir siendo los penosos monigotes de P.S.?

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