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SENSACIONES DE MALESTAR GENERAL

Trastorno obsesivo-compulsivo. ¿Qué es y cómo afecta a nuestro día a día?

Trastorno obsesivo-compulsivo. ¿Qué es y cómo afecta a nuestro día a día?

· La sintomatología de este trastorno comienza con la aparición de obsesiones

martes 13 de marzo de 2018, 08:52h
Actualizado el: 16/03/2018 08:42h
Se trata de un problema psicológico que las personas sin formación confunden con facilidad. Unos ante este síndrome creen que solo se trata de manías, sobre todo cuando no son los afectados. Otros hacen justo lo contrario e interpretan manías o costumbres personales con trastornos. La verdad es que este síndrome está más extendido de lo que muchos piensan, y su gravedad lo distingue claramente de las idiosincrasias conductuales que mencionamos.

La sintomatología de este trastorno comienza con la aparición de obsesiones; es decir, pensamientos que aparecen de forma recurrente sin que podamos ignorarlos ni reprimirlos y nos producen ansiedad. En respuesta a dicha ansiedad, el enfermo desarrolla las compulsiones por las que se conoce el trastorno; se trata de conductas repetitivas, carentes de sentido, que no tiene utilidad ninguna más allá de mitigar la ansiedad que siente la persona. No eliminan la ansiedad, tan solo la reducen, interfiriendo con el día a día de quien sufre el síndrome. Podría decirse que el trastorno obsesivo-compulsivo es superficialmente comparable con la adicción al tabaco: nos genera una ansiedad ficticia que impide que actuemos con normalidad y nos fuerza a recurrir a un comportamiento no beneficioso que percibimos, equivocados, como la manera de vencer dicha ansiedad. Como al hacer esto no resolvemos el problema que origina este malestar, no desaparecerá, por mucho que lo hagamos. A lo sumo se ocultará por un tiempo, pero seguirá perjudicándonos.

Con lo dicho en el párrafo anterior debería quedar clara la diferencia entre las obsesiones que caracterizan este síndrome y las manías o “pequeños rituales” que todos tenemos. Las obsesiones no son voluntarias ni controlables, podría decirse que invaden la mente del enfermo, haciendo que se sienta mal, y le imponen conductas inútiles. Sobre las compulsiones cabe señalar que, lejos de lo que mucha gente piensa, no tienen por qué ser comportamientos obvios como por ejemplo encender y apagar la luz tres veces antes de abandonar una habitación. Una compulsión también puede condicionar nuestro funcionamiento mental, haciendo que repitamos una serie de procesos conscientes que podrían perjudicar, entre otras cosas, nuestra toma de decisiones.

En aquellos casos en los que se ha establecido por completo un trastorno obsesivo compulsivo tratamiento suele ser necesario para su corrección. Sin embargo, para determinar si esta necesidad es real, así como para llevar a cabo la terapia, hacen falta profesionales cualificados de un centro de psicología confiable.

Aunque no se sabe con seguridad cuáles son las causas del trastorno, o más bien cuáles son las posibles causas de las cuales puede derivar, se cree que nace un funcionamiento anormal del cerebro, debido a problemas hereditarios, disfunciones o incluso golpes en la cabeza, así como a traumas y otros desajustes de carácter psicológico. Te invito a buscar más información si quieres saber más, aunque recuerda que aprender cosas por deseo de conocimiento es fantástico, pero no nos cualifica para emitir diagnósticos. En los casos en que el enfermo no desarrolla un TOC a raíz de un suceso o traumatismo reconocibles, a menudo el síndrome comienza durante la infancia o la adolescencia. Lo más frecuente es que se produzca un diagnóstico alrededor de los 20 años, aunque algunos enfermos no presentan síntomas hasta la treintena.

El trastorno nos perjudica de varias formas, día a día, tanto en nuestro funcionamiento personal como en las relaciones sociales. Por un lado, la ansiedad generada por las obsesiones dificulta de modo indirecto cualquier cosa que estemos haciendo o intentando hacer cuando hacen acto de presencia. Por otro, las conductas que reproducimos lo interrumpen y complican de manera directa. Pero vamos a profundizar en los síntomas que se consideran determinantes a la hora de identificar un trastorno obsesivo-compulsivo. Recuerda que, a pesar de lo que vamos a contar ahora, debe ser un profesional cualificado quien lo diagnostique. Otra persona lo único que puede hacer es aventurar la posibilidad de que ella misma o alguien a quien conoce sufra del síndrome, y en caso de que así lo crea se tiene que recurrir a un terapeuta para que lo confirme o desmienta y aplique el tratamiento pertinente.

Con frecuencia acuden a su mente imágenes, pensamientos o incluso sensaciones, caracterizados en todo caso por el malestar que generan y por la imposibilidad de vencerlos o ignorarlos. Pueden adoptar muchas formas, llegando a confundirse o mezclarse con fobias y episodios de estrés (otra razón para huir del autodiagnóstico, así como de “cuñadeos” si le ocurre a otra persona).

Repiten un comportamiento o ritual innecesario. Las famosas conductas que algunos personajes de ficción presentan, como el lavado excesivo y repetitivo de manos, llamar a la puerta un número determinado de veces, abrir y cerrar una puerta…las posibilidades son infinitas, y los rasgos comunes de estas conductas es que son inútiles, ocupan mucho tiempo (puede que a lo largo del día o en un mismo momento) y perjudican al enfermo, ya sea por esta pérdida de tiempo o por el malestar consciente que le pueden producir.

En resumen, los pensamientos que originan el proceso son incontrolables y hacen sentir mal a la persona, las acciones con las que este responde no tienen sentido, no les reportan ningún beneficio salvo una breve reducción de dicha ansiedad e incluso es posible que también les causen malestar, y en conjunto ambos elementos interfieren con su vida diaria.

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