Tras una semana de puesta en escena del nuevo equipo, de ampliación de carteras ministeriales y de promesas de reformas, una acertada percepción estética de cambio ha dado paso a la preocupación. Enfrentarse a la realidad del panorama geopolítico y de conflictos implicará malas noticias en La Moncloa y serán aprovechadas en el Parlamento, por unos y otros, para la próxima cita electoral o el mercadeo de competencias autonómicas. Recordemos que quienes han favorecido el cambio de gobierno son partidos políticos que cuentan con un proyecto político independentista, nacionalista o abiertamente enfrentados contra la identidad nacional, lo que implica un nulo interés por los temas de Defensa, es decir, ejercicio de la soberanía, unidad indisoluble de España, y sentido de Estado para salvaguardar y promocionar nuestros intereses.
En su primer discurso, Pedro Sánchez anunció que “Nuestra patria es Europa”. Dejando de lado estos giros poéticos, en términos de lealtad, la narrativa para los próximos dos años tendrá como titular la Constitución, los españoles y el interés de su partido, pero inevitablemente necesitará ceder a las demandas políticas del independentismo catalán (PDeCAT, Compromis y ERC), el nacionalismo vasco (PNV, EH Bildu) y el populismo de extrema izquierda (Unidos Podemos). Las decisiones sobre las cuestiones estratégicas de seguridad se convertirán en un asunto incómodo, serán fuertemente cuestionadas por los socios parlamentarios y necesitarán una compensación para salir adelante. El interés del PSOE será asegurar equilibrios, afianzar la confianza de los simpatizantes y recuperar electores como alternativa al cambio, con la vista puesta en las urnas. La opinión pública se convertirá en una herramienta imprescindible para lograr una percepción favorable. Los asuntos de Defensa no dan votos, pero ayuda a perderlos.
No lo tendrá fácil la ministra de Defensa, Margarita Robles, a pesar de contar con experiencia en asuntos judiciales y policiales, como subsecretaria de Justicia y secretaria de Estado de Interior. Continuar con los trabajos emprendidos por el equipo anterior será un criterio prudencial y acertado, pues en lo esencial, los temas más relevantes estaban bien orientados. Estas prioridades están perfectamente estudiadas y planteadas desde múltiples perspectivas, y responde a criterios no partidistas, sino para que la Defensa pueda cumplir con las misiones encomendadas, que no son únicamente las de salir al exterior, desfilar el 12 de Octubre o aparecer en TV como si fuera una ONG. Hacer efectivas las necesidades presupuestarias será necesario para poder mantener un ministerio a flote, necesitado de reformas para su modernización –incluyendo la política de personal- y de un nuevo impulso inversor al medio-largo plazo, con las vistas puestas en el 2035.
La política de Defensa de los próximos dos años no podrá hacerse efectiva si no cuenta con un mínimo de consenso en lo esencial y si no se toman las decisiones adecuadas para salir de una situación límite. El Presidente Sánchez y la ministra Robles se darán cuenta de que nuestras Fuerzas Armadas son excepcionales. Las amenazas contemporáneas han difuminado la clasificación entre interior-exterior y seguridad-defensa. La cartera de Defensa tiene vida propia y no debe estar subordinada a la de Exteriores ni a la de Interior. Tampoco al criterio de lo políticamente correcto desde el punto de vista de la opinión pública. Gobernar España implica estar sujeto a una historia y una ubicación geográfica determinada, no solo a un partido avalado por un puñado de escaños. La pertenencia a la Alianza Atlántica y a la Unión Europea tiene consecuencias. También el tener en nuestra frontera sur (Sahel) el conflicto regional más inestable del mundo.