Hay que reconocer una cosa. Los políticos encarcelados del procés son mucho mejores que los actuales. No les llegan ni a la suela del zapato. Hacía mucho tiempo que no nos divertíamos tanto oyendo los últimos mítines. Y es que el original siempre es mucho mejor que los imitadores. Es cierto que ambos, los de antes y los de ahora, buscan lo mismo, pero las formas de los primeros son más divertidas. Y, si no, tenemos el caso del ex presidente de Ómnium. Sólo salir de la cárcel sus primeras palabras fueron: “Ho tornarem a fer”. Jordi Cuixart ya dio un titular: “Lo volveremos a hacer”. Sabemos que lo volverán a hacer, porque son “ere que ere”, pero llevábamos tiempo sin que un hiperventilado -y Cuixart lo es- lanzara estas proclamas tan ancladas en un tiempo que ya ha pasado, menos en la cabeza de estos personajes circenses.
Evidentemente el líder de ERC no sé podía quedar atrás. Este personaje que se ha creído el nuevo Macià y Companys, que pretende ser el mártir del catalanismo del siglo XXI, un político que ni es estadista ni sabe gobernar, fue a Badalona. Ahí, después de tanto tiempo en la cárcel, se vino arriba. Se puso eufórico y lanzó su proclama. Dino Junqueras: “Tienen miedo de la gente, tienen miedo de todos nosotros, tienen miedo de nuestras palabras, tienen miedo de que la gente sea consciente y vote en libertad para construir un mundo mejor”.
La verdad, después de oír estas palabras uno no puede dejar de pensar que, cuando uno lo encierran en la cárcel, el tiempo no pasa. Se han quedado anclados en el pasado. Fray Luis de León dijo “como decíamos ayer”. Pues eso. Ahora resulta que les tenemos miedo. Tenemos pavor. Y no nos debe extrañar. Ellos son seres superiores y nosotros, con nuestras limitaciones, tenemos miedo de lo desconocido. Lo bueno es que en Cataluña nadie vota en libertad. Vivimos en un mundo oscuro, decadente, y ellos crearán el País de las Maravillas.
No acabó aquí su discurso. También estamos nerviosos porque ellos no insultan, porque no faltan al respeto, porque no destripan a nadie. Y lo mejor, ellos se dedican a ayudar a la gente. Cuanta mentira en el mundo real y cuanta irrealidad en su mundo mágico. Llevan 10 años insultando, faltando al respeto y destripando a los que no piensan como ellos. Han maltratado a una parte de la sociedad por el simple hecho de no ser independentistas. Y lo siguen haciendo. Han dividido Cataluña entre los que son bueno y malos. Otra mentira es que ayudan a la gente. Sólo ayudan a los que les han votado. Su sectarismo los lleva a discriminar una parte muy importante de la sociedad catalana.
Añadiendo que “sin ninguna duda nosotros hemos hecho las cosas mucho mejor que muchos de los otros. Tenemos la oportunidad de seguir trabajando para este país desde una mayoría en el Parlamento de Cataluña”. Estos señores no saben gobernar. El independentismo nunca ha sabido gobernar, porque han gastado todo su esfuerzo en luchar por un referéndum y reclamando una autodeterminación. Esa ha sido su meta. El resto de las cosas les ha preocupado muy poco. Todos ellos, a parte de su inutilidad como gobernantes, siempre han tenido en la cabeza quimeras baldías, sentimientos de inferioridad y sueños que se desvanecían cuando sonaba el despertados. A todo esto, debemos añadir que son gandules.
El miedo lo tienen ellos, no los demás. Y tienen miedo de que otros les puedan quitar la poltrona. Que una conjunción planetaria se ponga en contra de ellos y les dé el poder a otras formaciones políticas. De pasar, adiós a los sueldos, a las subvenciones, al control de los medios de comunicación… Tienen miedo de perder el control y por eso le dan la vuelta a la tortilla e intentan convencer a los suyos que el miedo es de los otros. Mienten. Mantienen una colección de gandules e inútiles, que no saben hacer nada, gracias a las subvenciones. Toda esta infraestructura ficticia se puede desmoronar como un castillo de naipes. Y, entonces, ¿de qué van a vivir?
Por eso les encanta hacerse las víctimas y llorar. Votadnos, porque si no ganamos, perderemos nuestro modus vivendi. Esta es la realidad. A ellos les importa muy poco la independencia. Lo que les preocupa es seguir viviendo del cuento. La realidad es que se vive mejor de la independencia que con la independencia. El que los conocía muy bien era Josep Pla. Este escribió que “el catalán es un ser humano que se da -que me doy- pena”. Y que “el bilingüismo plantea, a mi modo de ver, el problema del subconsciente catalán -origen de todo el drama cultural del país [Cataluña], porque el pueblo que no logra manifestar su subconsciente de manera holgada, libre y normal, pierde fatal y certeramente su personalidad. El arrinconamiento al que aludo crea en el catalán un sentimiento de inferioridad permanente”.
Es lo que tenemos. Por eso los de antes nos dan mejores momentos que los de ahora. Los primeros tienen más asumido este sentimiento de inferioridad y expresan mucho mejor el sentimiento de pena.