Y podríamos seguir. La Constitución republicana, de marcado carácter masónico, quiso acabar con la Iglesia Católica. Como cualquier revolución que se precie, se prohibió una orden religiosa que tiene cuatro votos. Sólo los jesuitas cumplen esta norma. Con lo cual se abolió esta institución. Se aprobaron los cementerios civiles, el divorcio, el aborto… Se instauró una anarquía contra todo aquello que olía a iglesia.
Rusia tenía el ojo puesto en España. Querían instalar en el sur de Europa un satélite para, desde ahí, avanzar hacia el norte y extender el comunismo en toda Europa. Por eso se enviaron asesores políticos. También muchos de los dirigentes españoles viajaron a Rusia y fueron adiestrados en lo que debía ser el nuevo estado. Hubo excepciones, pero la realidad es que, estos, tarde o temprano, si no hubieran aceptado los nuevos postulados, serian aniquilados. Sí pasó con algunos. Recordemos a Andreu Nin.
La II República no fue un vergel de grandezas y de una vida idílica. Nada varió. Las clases trabajadoras siguieron en la más absoluta miseria. Los privilegiados vivieron aún mejor. Y aquellos que ascendieron gracias al apoyo a la República se hicieron ricos.
Todo se fue preparando, día a día, para que estallara una guerra civil en España. Como ocurre siempre, cuando uno quiere imponer su pensamiento sin oír la otra parte, se dividió la sociedad en los sectores claramente diferenciados. Estos se enfrentaron diariamente en las calles. La gente iba con pistola por miedo a atacados. No había tranquilidad y muchos estaban deseando que todo estallara y todo acabara.
Salvador de Madariaga, al ser preguntado porque se había marchado de España al proclamarse la República, contestó que el final de España sería una dictadura al frente de uno de los dos Franciscos. Se refería a Francisco Largo Caballero y a Francisco Franco. No se equivocó.
Por eso, 90 años después, muchos de los que hoy saldrán con la bandera republicana, que darán vítores y se llenaran de satisfacción al recordar lo que pasó, quizás tendrían que leer un poco y conocer la realidad de un periodo que, si bien tuvo algunos puntos positivos, hubo más desencuentros que encuentros. Debemos conocer la historia para no repetirla.
La II República no fue un vergel de libertades, de derechos sociales y de prosperidad. Nada de esto ocurrió. Cuando sí hubo todo esto fue a partir de 1975, con la Transición y la monarquía de Juan Carlos I. Antes, por desgracia, nada de esto ocurría.