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GUERRA EN EUROPA

Las consecuencias económicas del desafío de Vladimir Putin a la legalidad internacional

Las consecuencias económicas del desafío de Vladimir Putin a la legalidad internacional
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· Por Dr. Alexandre Muns Rubiol, Profesor, EAE Business School

domingo 27 de febrero de 2022, 09:26h

La invasión de Ucrania por parte de Rusia empezó el jueves 24 de febrero pero no ha avanzado según preveía el presidente Vladimir Putin. Las fuerzas rusas han sido incapaces de capturar la capital, Kyiv, ni las ciudades próximas a las fronteras rusas como Járkov o Jerson. A pesar de haber rodeado a Ucrania por tres lados y haber lanzado numerosos ciberataques contra ministerios y bancos ucranianos, los efectivos rusos se han estrellado contra más resistencia de la que se esperaban. Putin exige a los ucranianos que se rindan y prometan por escrito nunca aspirar a integrarse en la OTAN. Pretende sustituir al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y sus instituciones democráticamente elegidas por títeres que cumplan las órdenes del Kremlin. El presidente ruso Vladimir Putin dejó claro en su discurso de 57 minutos del lunes 21 de febrero que no acepta la disolución de la URSS ni la existencia de Ucrania como estado soberano. Los analistas militares coinciden en que sus 190.000 tropas y arsenal de cohetes, aviones, tanques, baterías antiaéreas, artillería y embarcaciones anfibias son suficientes para derrotar al ejército ucraniano. Pero no es seguro que puedan ocupar el mayor país de Europa (comparable al estado de Tejas en superficie) durante un tiempo indefinido, ni mucho menos impedir acciones de guerrilla contra un ejército de ocupación. De momento Putin fracasa en su intento de convertir a Ucrania en un estado vasallo como lo es Bielorrusia desde 1994 bajo su temido dictador Alexander Lukashenko.

¿Cuál será el precio económico que se pagará por la aventura de Putin? La UE-27 y Europa en general tiene mucho más comercio, inversiones productivas y dependencia energética de Rusia que Estados Unidos. El 35% del gas natural que consume la UE lo suministra Rusia. El barril de petróleo se ha acercado a los 100 dólares. Ha subido el precio de la gasolina y el gas natural en todo el mundo. También lo pueden hacer el de los cereales (trigo, maíz) e incluso alimentos derivados de dichas materias primas. El objetivo general de las sanciones impuestas por los aliados es restringir severamente la capacidad de que Rusia se financie en los mercados occidentales. EEUU prohibió la compra de deuda soberana rusa en los mercados secundarios. Los aliados occidentales (EEUU, la UE-27, Reino Unido) han prohibido transacciones con diversos bancos rusos y congelado los activos de Vladimir Putin, oligarcas y los líderes de las repúblicas separatistas. Los bancos en cuestión son VTB, Sberbank, Otkritie, Novito, Sovcom, Rossiya, IS Bank, GenBank y Promsvyazbank. Alemania negó la certificación de su regulador en relación con el gasoducto Nord Stream 2, acabado en septiembre pero que aún no bombeaba gas natural de Rusia a Alemania por el mar Báltico.

Ante los que piden medidas más contundentes, los líderes occidentales argumentan que tienen que reaccionar a hechos y no a las palabras de Putin y que deben reservar las más contundentes para una aún hipotética e improbable agresión contra un miembro de la OTAN. Putin despreció públicamente hace meses las sanciones occidentales. Ya se impusieron algunas después de la anexión de Crimea y la guerra lanzada por Putin en el Donbás en 2014. El presidente ruso contaba evidentemente con las medidas que han consensuado EEUU, la UE, el Reino Unido y el G7. Ha acumulado en un fondo soberano centenares de millones de dólares en divisas. Por fin se ha acordado entre Washington y Bruselas la expulsión de diversos bancos rusos del sistema de pagos global SWIFT, que permite las transacciones entre 11.000 bancos e instituciones financieras. Se han superado las reticencias iniciales de Alemania, Italia, Bélgica, e Hungría. También se puede limitar la convertibilidad del rublo e imponer controles a la exportación de semiconductores y otros productos de tecnología a Rusia. Las mencionadas acciones han sido propuestas y debatidas por los aliados occidentales. Las élites empresariales y económicas europeas se quejan ya de las consecuencias de dichas medidas para la inversión, sus clientes y la afluencia de turistas rusos. Pero defender la democracia y la libertad tiene un coste.

Ante dichas sanciones, Rusia tiene a su disposición contratos con China por valor de 117.000 millones de dólares en el sector de petróleo y gas natural. El fondo soberano ruso ha acumulado divisas por valor de 635.000 de millones de dólares. Desde 2014 Rusia ha reducido su posesión de deuda de EEUU y dólares. Según un estudio en enero del prestigioso Instituto Internacional de Finanzas, las reservas en euros y oro son mayores que las que tiene en dólares.

Para Ucrania, que exige sanciones duras desde hace semanas, es una cuestión existencial. No reciben demasiada ayuda militar occidental (ni mucho menos tropas) ante el ejército ruso, que es de los mayores y más sofisticados del mundo. Los 250.000 efectivos de las fuerzas armadas ucranianas y su población civil están dando una lección de heroísmo, coraje y patriotismo. Incluso se plantan desarmados ante tanques rusos o lanzan bicicletas para frenarlos. Emplean cócteles Molotov como hicieron los finlandeses ante el Ejército Rojo. Pero no tienen nada en su arsenal para derribar misiles, bombarderos, cazas y helicópteros de ataque rusos. Ya hay más de 120.000 refugiados ucranianos en Polonia y Rumanía, ambos miembros de la UE y de la OTAN. La agresión de Putin ya es la mayor operación militar convencional en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Si no se para por una combinación de sanciones y diplomacia, se puede convertir en la peor tragedia humanitaria en el Viejo Continente desde las guerras de disolución de la ex Yugoslavia en los años noventa. Algunos prevén hasta cinco millones de refugiados ucranianos fuera de sus fronteras, a los cuáles habría que sumar los desplazados dentro de su país.

Se barajan medidas adicionales. Boicotear acontecimientos deportivos en Rusia o expulsar a sus equipos de competiciones que se celebran fuera de las fronteras rusas. Todas ellas parten de la premisa de que China se mantendrá al lado de Moscú en el Consejo de Seguridad Nacional de las Naciones Unidas. Xi Jinping ya advirtió públicamente a los cuadros chinos que Pekín necesitará a Rusia si decide atacar a Taiwán en un futuro no lejano. Occidente no reconocerá diplomáticamente a un gobierno impuesto por la fuerza en Ucrania.

EEUU sí ha mandado miles de soldados a los estados bálticos (Estonia, Letonia, Lituania), Polonia y Rumanía para reforzar las capacidades de la OTAN. En 2014 se acordó el despliegue de cuatro batallones (4.000 tropas) en Polonia, Estonia, Letonia y Lituana. Han permanecido en la región bajo el liderazgo respectivo de EEUU, Alemania, Reino Unido y Francia. Pero el presidente Joe Biden siempre subraya que las tropas de su país nunca entrarán en Ucrania y que las armas que se entregan a Ucrania son defensivas. Las capacidades de Ucrania no son comparables en preparación, sofisticación y avance tecnológico a las rusas.

En sus dos discursos en la última semana el presidente Joe Biden ha preparado en cierta medida a la opinión pública de EEUU. Subirá el precio ya alto de la gasolina, gas y otros productos. El galón de gasolina ya cuesta de promedio 3,54 dólares. El umbral de 4 dólares se puede cruzar pronto con el precio del barril de petróleo cerca de cien dólares. EEUU puede movilizar su reserva estratégica de petróleo para amortiguar los ascensos de precio. También se ha hablado sobre la posibilidad de suspensión de impuestos sobre la venta de gasolina. Los líderes europeos que visitaron a Putin antes de la invasión han destacado que el presidente de Rusia parece inmerso en una burbuja, aunque no cuestionan su salud física ni mental.

Se ha destacado que Putin no parece querer recibir ninguna noticia mala, incluso de altos cargos. El mejor ejemplo es cómo trató al jefe del servicio de inteligencia exterior, el SVR. En la escena internacional Moscú ha conseguido el apoyo explícito de Siria y la neutralidad de China. No habrá lógicamente ninguna condena ni resolución en el consejo de Seguridad Nacional de la ONU, dónde tanto China y Rusia tienen derecho de veto.

El impacto económico y financiero dependerá de la duración de las hostilidades en Ucrania y su posible extensión a otros países. Afortunadamente lo peor del invierno ya ha pasado. Desde el inicio de la crisis en diciembre Putin nunca ha amenazado con restringir el flujo de gas natural que fluye por Nord Stream 1 o por los gasoductos que atraviesan Bielorrusia o Ucrania. Tendría poca lógica que lo hiciera, porque por ahora no hay ningún proyecto de construcción de gasoductos que puedan exportar el petróleo y gas natural a China.

Mientras se mantengan los corresponsales y cámaras de cadenas de noticias occidentales en Ucrania, la agresión de Putin no desaparecerá de los informativos de las democracias. Iniciativas para pactar un alto el fuego y una presencia en Ucrania de la Organización para la Cooperación y Seguridad en Europa, (CSCE), la Cruz Roja y el Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados serían muy bienvenidas. Los que creen que Vladimir Putin se dará por satisfecho con la subyugación de Ucrania probablemente se equivocan.

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