Lo ideal, más allá de seguir las tendencias, es aprender a ser un consumidor consciente e inteligente, es decir, aprender a sacarle partido a tu armario, tener una personalidad a la hora de vestir, porque la moda es, al fin y al cabo, un lenguaje. El cómo vestimos habla mucho de nosotros.
Sabemos que no siempre es fácil resistirse a las compras y es que estamos sometidos constantemente a mensajes publicitarios allá donde vamos. Para evitar ser tan fácilmente convencidos por estos mensajes, lo ideal es dedicar tiempo a conocerse mejor y saber qué es lo que realmente necesitamos, para de esta forma no ser tan influenciables. Y es que si una persona se conoce y tiene en claro cuáles son sus gustos y sus referentes estéticos y culturales, da igual lo que digan y a menos que sea algo que se adapte realmente a su esencia, no va a sucumbir tan fácilmente.
La creatividad también juega un papel importante en el consumo inteligente. Y aunque ahora pensemos que no la tenemos, es algo que se puede ir trabajando y mejorando con el tiempo. Vivimos tan rápido, que nos hemos acostumbrado a recurrir a la inmediatez de las cosas para facilitarnos la vida, sin darnos cuenta de la repercusión que esto puede tener.
Para poder comenzar a practicar un consumo inteligente y comprar solo aquello que realmente necesites, deberías dedicar una pequeña parte de tu tiempo a analizar las prendas de tu armario y ver las diferentes combinaciones de prendas. De esta forma te darás cuenta de toda la infinidad de opciones que ofrece tu armario y qué prendas realmente necesitas renovar o adquirir.
Una de las ventajas de las tendencias es que siempre vuelven, así que si consigues ir invirtiendo parte de tu tiempo en analizar tu armario, seguro que consigues crear looks tendenciosos gracias a prendas de hace años.