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Esperanza

Esperanza
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· Por Julio Bonmatí, Observador de masas

martes 26 de septiembre de 2023, 10:19h
No suelen acordarse de ella los que reciben todos sus vientos por popa, los que ufanos –La gente L’Oreal, porque yo lo valgo- sienten que merecidamente todo les va bien. En su podio no la necesitan o mejor dicho no creen necesitarla. Para ellos no es esta columna de opinión; a todos esos miembros de honor en el club de los favorecidos, por riguroso orden de antigüedad, hoy aquí que les den.

Esta columna es para quien dignamente por supervivencia recurre a un auto construido estado de ánimo pretendidamente optimista, basado en la expectativa de la existencia de una posibilidad en la materialización de unos resultados favorables a la par que altamente improbables; es decir es para quienes para sobrevivir recurren a la esperanza.

Siempre me pareció de una lucidez extraordinaria la afirmación de José Ortega y Gasset “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo” publicado en su obra Meditaciones del Quijote (1914).

Y así para quien en su vida se ve obligado a unir circunstancia y esperanza:

En un extremo nos encontramos con aquel que para su fortuna sólo depende de él la salvación de su circunstancia, en cuyo caso obviamente no sin esfuerzo al final podrá salvar su persona; y en definitiva más le vale cuanto antes ser consciente de que él es su particular esperanza.

Y en el extremo opuesto tenemos al que por su infortunio de tan ajena para nada depende de él ni de otros la eliminación de su circunstancia, y solo le cabe en su desesperación apelar a una triste esperanza, aquella que consiste en ver materializada la súplica de que lo aborrecido e inevitable tarde un poco más en llegar, o lo que es peor que llegue cuanto antes.

Para estos últimos los auténticos desesperados, a los que su suerte ha despojado de toda posibilidad de situarse en ninguno de los puntos del segmento de la reversibilidad de su maldita circunstancia, por saberse abandonados de toda esperanza desde aquí todo mi más mayúsculo respeto a su resignación acompañada de su repudio a la inútil queja; y si no les tengo ninguna compasiva admiración es porque considero que tenérsela es una impostura y la más miserable de las formas impúdicas de crueldad.

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