La diplomacia internacional suele abanderar una solución al decenal conflicto que favorezca la coexistencia de dos entidades territoriales oficialmente reconocidas. Pero ¿qué clase de Estado deberían lograr los palestinos? Aproximadamente 450 mil colonos israelíes controlan la vida de dos millones y medio de personas en Cisjordania. Los judíos constituyen el 57% de los habitantes de Jerusalén y unos doscientos mil ocupan barrios de la ciudad de propiedad de los árabes basándonos en el derecho internacional. Israel se anexionó la urbe unilateralmente en 1980, y pese a los esfuerzos de la ex vicealcaldesa Fleur Hassan para garantizar una convivencia aceptable entre las diferentes culturas la villa asemeja a una santabárbara a punto de estallar.
En mayo Israel Katz, ex responsable de Asuntos Exteriores y desde noviembre de 2024 al frente del Ministerio de Defensa, justificó 22 nuevos asentamientos en espacios ocupados al tratarse de “una medida estratégica que impedirá la creación de un Estado palestino”. La seguridad de Israel como mantra justificativo. No es baladí que estuviera acompañado en aquella circunstancia por Bezalel Smotrich, halcón de halcones en el Gobierno de Netanyahu y sujeto muy criticado por altos representantes municipales de Jerusalén. Katz es quién sugirió a “Bibi” utilizar el ejército para arrinconar en Gaza a 600 mil palestinos, la denominada “aldea humanitaria”, y que la hambruna lograra protagonismo.
El mismo Smotich, líder del Partido Sionismo Religioso, considera un mandato divino la anexión de la Franja sacrificando incluso a los rehenes del 7 de octubre de 2023 si es necesario. No existirían guerras sin víctimas colaterales. “El siguiente paso es una total y absoluta soberanía”, anunció el fatídico 22 de mayo. Lo hizo parafraseando estultamente un antiguo eslogan de la National Aeronautics and Space Administration (NASA) en la exploración de Marte.
En esta coyuntura se va reforzando el deseo generalizado de que dos territorios puedan coexistir. Únicamente Washington se opone en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU) y 143 de los 193 estados miembros respaldarían una aceptación. Salvo Israel y la radical Hungría de Viktor Orban, que permitió a “Bibi” callejear por Budapest no obstante un mandato de captura internacional, incluso la mayoría de quienes se abstienen o muestran desavenencias estarían dispuestos a favorecer el reconocimiento. Simplemente creen que oficializarlo a corto plazo sería prematuro o contraproducente. Italia se mueve en tal disyuntiva.
Quizás un boicot político generalizado e incluso más sanciones económicas tendrían un efecto inmediato y tangible sobre el capitoste del Likud. Pero Netanyahu nunca dará su brazo a torcer mientras siga contando con el respaldo de la administración Trump. Además los estados occidentales parecen incapaces de actuar de común acuerdo debido a los intereses en juego y el peso de las históricas relaciones con Tel Aviv en los casos alemán e inglés. Francia es la única de las grandes potencias continentales que habría manifestado seriamente el descontento por las barbaridades que se están produciendo en Gaza. En Berlín los anuncios de que se interrumpirá el envío de armamiento a las IDF choca con el gravamen de una memoria histórica que ha condicionado las relaciones diplomáticas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. A veces sería necesario recordar que los palestinos no tienen ninguna responsabilidad por el Holocausto y que Alternative Für Deutschland (AdF) ha logrado convertirse en la segunda formación más votada en las generales de 2025 pese a una admirable labor de memoria histórica de los gobiernos anteriores.
Quienes están implementando un verdadero boicot al Estado Sionista son las universidades, asociaciones profesionales, los centros de investigación e incluso los destinos vacacionales. Los ciudadanos de Israel sufren un arrinconamiento generalizado, alejados del mundo al que sienten pertenecer. Además la crítica situación económica de un país en guerra impulsa a los cerebros más brillantes a encontrar alternativas laborales en las grandes tecnológicas estadounidenses. El santuario de las startups corre el riesgo de vaciarse a ritmo acelerado como se explicaba en un artículo de octubre de 2024 (más información al enlace https://shorturl.at/tiBO6). Pese a todo “Bibi” sigue impertérrito su camino.
El modus operandi del primer ministro israelí y de Hamás es muy similar. Ambos anteponen la defensa de sus intereses al bienestar común y de los conciudadanos. Cabe recordar que la Liga Árabe y los países de la comunidad islámica han reafirmado su apoyo a Palestina y a la Autoridad de Ramala, instando a la organización terrorista a rendirse. Y la sinrazón de la formación islamista queda retratada ante propuestas como la del Gobierno de Egipto de 2024. A los seguidores del jeque Ahmed Yasín, eliminado por los servicios de Israel en marzo de 2004, nunca les ha interesado gobernar en Gaza. Tampoco renunciarán a sus armas para librar su sangrienta yihad y alcanzar el máximo objetivo de una limpieza étnica “del río hasta al mar”. Frase antisemita que ha sido utilizada tristemente por miembros del actual Gobierno de España.
¿Tiene sentido entonces respaldar a un país inexistente? El decenal conflicto está siendo utilizado tanto por Vladimir Putin como por Xi Jinping en la Asamblea General de la ONU para quitar trascendencia a la guerra en Ucrania. A lo mejor un reconocimiento generalizado forzará ulteriormente el aislamiento de Israel y hará implosionar definitivamente aquellas franjas sociales contrarias a las políticas de “Bibi”. Pese a los esfuerzos del aparato de propaganda del Estado, cada vez un número mayor de israelíes protestan contra una guerra sinsentido e insoportable desde el prisma moral. Fíjense en los malabarismos dialécticos de Dana Erlich, recién nombrada encargada de negocios de la embajada de Israel en España, a las inteligentes preguntas de Alejandro Requeijo de El Confidencial (se aconseja la lectura de la entrevista al enlace rb.gy/nlul8m). Una representante diplomática que fuentes de total solvencia definen como “totalmente alejada de Netanyahu (…). Ella quiere de verdad crear buenas sinergias con el Gobierno de España, pero tiene estrechos márgenes de maniobra”.
Asimismo, muchísimo dependerá de los mismos palestinos y de la Autoridad de Ramala. Abu Mazen nunca ha sido un combatiente, sino más bien un burócrata privilegiado. El líder debería visitar, si la salud lo consiente, todas las grandes capitales y reunirse con los mandatarios para reforzar su estatus y principalmente transmitir a sus conciudadanos que Hamás no es la única alternativa. Tristemente nada similar está ocurriendo, como si reformar el sistema, renovarlo en términos de personas e ideas no fuera una obligación apremiante. El estancamiento y la mediocridad siguen determinando su mandato, como si nada ocurriera en Palestina.