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El mandato natural de tener hijos

El mandato natural de tener hijos

· Por Miguel Córdoba, economista

viernes 23 de febrero de 2024, 08:46h
“Creced y multiplicaos” no es sólo una frase que recuerdan los creyentes en los Evangelios cristianos. Es simplemente la razón de existir de la raza humana. Durante muchos siglos y épocas, la humanidad ha ido creciendo en población y nadie cuestionó nunca que esa era la forma “natural” de vivir… Hasta ahora, cuando podemos observar que el año pasado nuestra tasa de natalidad ha llegado a mínimos desde 1941, con tan sólo 322.075 niños nacidos, y ahí incluimos los que tienen los cada vez más numerosos inmigrantes que, en muchos casos sí que tienen claro el mandato natural de tener hijos. Si, además, recordamos que 1941 fue el peor año de la postguerra con un temporal de frío que mataba tanto españoles como el hambre y los fusilamientos masivos, y que habían muerto cientos de miles de hombres en los combates de la Guerra Civil, podemos afirmar que la cifra es todavía más preocupante.
El mandato natural de tener hijos

No podemos llegar a vivir en una sociedad en la que los niños que nazcan procedan de la inmigración o de comunidades religiosas que tienen todos los hijos que se puedan engendrar, porque no usan anticonceptivos. Si las mujeres españolas han decidido no tener hijos, o no tenerlos como se tenían antes, puede que sea porque prefieran tener un buen trabajo y tener hijos les lastre su carrera profesional, o porque consideren que el tema de tener hijos debe hacerse en pareja, y cada vez hay más “singles” que no tienen intención de renunciar, casándose, a una vida en la que pueden disfrutar de su soltería hasta una edad avanzada sin tener que sacrificarse, dedicando una parte significativa de sus ingresos a tener hijos, lo cual nos llevaría sencillamente a estar hablando de egoísmo.

Pero, además de los posibles cambios en la idiosincrasia de los españoles, hemos de considerar que tenemos un gobierno que no apuesta para nada por la natalidad y que, no establece ayudas importantes para que los españoles decidan pensar más en la natural multiplicación de la especie que en su propia comodidad. Probablemente, este último aspecto sea el que más lastra el índice de natalidad. España no está comprometida con este tema, y ninguno de los dos partidos mayoritarios ha hecho casi nada por buscar soluciones; de hecho, el PSOE ha estado siempre más comprometido con la causa del feminismo que con la de la natalidad.

Si, en un país en el que los salarios son muy bajos en relación con el resto de Europa, no se actúa en los próximos años, probablemente llegaremos a una situación en la que la población autóctona llegará a disminuir, lo que causará importantes problemas para la cobertura del déficit y para la sostenibilidad del sistema de pensiones.

No obstante, tenemos que poner el énfasis en que lo que está ocurriendo no solamente es una cuestión que debemos imputar en exclusiva a nuestros hijos, tan poco acostumbrados al sacrificio porque no se les ha educado adecuadamente. El Gobierno también tiene que poner los mimbres para que exista el caldo de cultivo adecuado que permita que, de forma natural, se produzcan los tan necesarios nacimientos.

Francia tiene una política mucho más favorecedora de la natalidad, pero tampoco es suficiente. El óptimo sería que el Estado asumiera la mayor parte de los gastos de los niños desde 0 a 16 años, edad en la cual, los que lo necesiten, podrían ponerse a trabajar si así lo decidieran, o a estudiar con las becas y ayudas que se consideraran necesarias, aunque lo ideal sería que compatibilizaran el estudio con algún trabajo a tiempo parcial, para que fueran tomando contacto con lo que es la vida, y salir de esa campana de cristal en la que muchos padres tienen a sus hijos hasta que tienen veintitantos años, lo cual favorece que quieran seguir teniendo esa vida sin responsabilidades el resto de su existencia.

Vamos a realizar un pequeño ensayo de análisis coste-beneficio para evaluar lo que significaría para el Estado sufragar los gastos de los niños que pudieran tener las parejas a partir del segundo hijo (entendemos que el primero es la aspiración de una buena parte de la población y simplemente encareceríamos el gasto público si lo extendiéramos a la totalidad de los hijos).

En el citado análisis compararemos lo que puede suponer el gasto durante dieciséis años para una familia media, incluidas las monoparentales, con los potenciales beneficios que obtendría el Estado de que esos niños se incorporaran al sistema productivo durante un período de unos 45 años, hasta su jubilación. Comencemos por los gastos, para lo cual he contado con la inestimable ayuda de mi esposa que conoce muy bien lo que le ha costado criar a nuestros hijos:

Ello supone que las necesidades básicas de un niño desde que nace hasta que cumple 16 años podrían cifrarse en 91.850€, prescindiendo de actualizaciones y capitalizaciones, ya que no pretendemos hacer ningún estudio académico. En cualquier caso, estaríamos hablando de que criar un hijo le supone a una familia algo menos de cien mil euros, una cifra considerable para el nivel salarial que tenemos sen España.

¿Y qué recibe el Estado de ese niño cuando, una vez formado, se pone a trabajar, digamos de los 22 a los 67 años? Si consideramos que percibe un salario medio de unos 29.000€ anuales, consumiendo el 90% de su renta disponible, y aplicando un tipo medio del IVA del 15% y un 25% de IRPF durante 45 años, los ingresos a percibir serían los siguientes:

En el cuadro anterior hemos considerado también el beneficio que obtendrían las empresas (20%) del consumo adicional que realizaría esta persona por el mero hecho de existir, tributando al 25%.

Por tanto, que las españolas tengan hijos es rentable en el largo plazo para el Estado, casi 6 a 1. Evidentemente, estamos hablando de plazos largos y del hecho que los pagos se realizan de forma anticipada, ya que, si financiamos durante 16 años, hasta que esos niños no cumplan 23, no se empezará a recibir la compensación por esa inversión, y eso nuestros políticos, comprometidos con el cortoplacismo de los votos, no es fácil que lo entiendan, salvo un pacto de Estado, lo cual habida cuenta de como están las relaciones entre los partidos mayoritarios, creo que sería bastante difícil.

El coste para el Estado de conseguir que nazcan 100.000 niños más cada año, para estar acorde con unos índices más europeos sería el siguiente:

El gasto medio de esta política supondría menos de 5.000 millones de euros al año como media, pero resulta que eso no llega ni al 15% de los intereses que pagamos al año por nuestro excesivo endeudamiento, con la particularidad de que el pago de intereses se “tira”, mientras que el nacimiento de niños sería una inversión, ya que siete años después, esos niños comenzarían a producir, a consumir, a pagar impuestos y a soportar el déficit endémico de la Seguridad Social.

Así que, vamos a ver si conseguimos explicar a nuestros próceres políticos la diferencia entre gasto e inversión y lo que significa el servicio público para aquellos que se dedican a ello, entre otras cosas planificar el futuro de las próximas generaciones, en lugar de hacer encuestas a ver si sacamos o no un escaño más en las próximas elecciones, o si colocamos a amigos, familiares y los que tienen el carnet del partido, al margen de que antes hayan sido o no porteros de discoteca.

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