Así, ha trascendido en las últimas horas el intenso debate en el PP precisamente para acordar un plan que frene el trasvase de votos a VOX. Pero no se puede soplar y sorber al mismo tiempo. Eso sí que es imposible. Así que no termina de entenderse que los cráneos más privilegiados de Génova estén en una estrategia de ‘robar’ votos al partido de Abascal pero ‘sin endurecer los mensajes’. What??
Es un hecho incontestable que, por primera vez en la historia de España, la inmigración se va a convertir en factor decisivo del voto electoral. Como lo es que hemos llegado a este penoso punto por las políticas del referido sujeto al frente de la nave y sus gualtrapas, y en segunda instancia de los ‘centristas’ y ‘moderados’ que no han cogido el toro por los cuernos simplemente por cobardía; no ya por falta de principios o reflejos sino por el miedo a ser tildados de xenófobos por las terminales mediáticas que cada día engrasa el nefasto gobierno socialcomunista que está desguazando, de manera constante y gravísima, España.
De manera más o menos sólida, los sondeos reflejan una tendencia alcista. VOX se dispara en las encuestas, capta a ciudadanos decepcionados con la oposición -en muchos aspectos- blandengue del PP, y lo que está ocurriendo en nuestro solar patrio, lejos de ser un fenómeno insólito, es por el contrario un fiel reflejo de lo que ya sociológicamente, políticamente, ha llegado a otras naciones de la decadente Europa; tan timorata y falta de pulso y reacción, tan abocada ya a los derroteros, el barranco y el precipicio de lo inane.
¿Hay más sitio para el centro? ¿El centro se ha movido? ¿Tiene todavía margen de maniobra para crear y sostener un guión propio el PP de Feijóo, más allá de verse en la obligación de neutralizar, contener al menos el destape en apoyos de VOX? ¿Es reversible el fortísimo impulso, por ejemplo, que entre los jóvenes de derechas ha tomado Abascal frente a un dirigente, el gallego, que parece haber quedado en tierra de nadie?
Mala cosa cuando en lugar de ponerse en primer lugar para cualquier toma de decisiones el interés general de una nación como la nuestra, de manera decidida e innegociable, se mira de reojo -con preocupación, con celos- para, a partir de ahí, reconstruir relatos, como el que le da forma al barro con las manos. Sobre la marcha. ¿O no es lo que está pasando?