La realidad es que nuestro vigente marco democrático elige a la vez al Legislativo y al Ejecutivo, pues una vez elegidos los diputados, son estos los que tienen que elegir al Gobierno. Si el conjunto de diputados fuera incapaz de elegir, por mayoría absoluta a un gobierno, tal vez fuera conveniente pensar, en un futuro a medio plazo, en la conveniencia de hacer las modificaciones necesarias para separar las elecciones del Legislativo de las del Ejecutivo, de forma que este último, es decir, los presidentes del gobierno nacional, autonómico o local pasasen a ser elegidos directamente por los ciudadanos mediante un sistema de elección mayoritaria a dos vueltas.
Pero no especulemos sobre futuras formas de elegir a los gobiernos, atengámonos por ahora por ver el posible funcionamiento del sistema vigente.
Los resultados de las elecciones autonómicas de Extremadura, 29 diputados del PP (derecha) más los 11 de VOX (derecha de la derecha), superan con creces la mayoría absoluta, que se sitúa en 33 diputados, mientras que el PSOE (izquierda) tiene 18 y Podemos (izquierda de la izquierda) tiene 7. En suma, 40 diputados de derechas frente a 25 de izquierdas.
Estas cifras hacen que lo lógico y natural, en democracia, sería que PP y Vox se entiendan acordando un programa de acción política mixto, que incluiría temas de VOX y temas del PP y que, en consonancia con ese acuerdo, formen un gobierno de coalición en el cual, en función del número de diputados que cada formación aporta, al PP le corresponderían, grosso modo, el 75% de las Consejerías y a Vox el 25% restante. Sería incoherente que llegaran a un acuerdo programático y que sin embargo fueran incapaces de constituir un Gobierno de coalición que lo pusiera en práctica, porque eso implicaría una profunda desconfianza entre ambos partidos.
No es ahora el momento de mirar al pasado y recordar cuando Vox fue marginado por el PP y Ciudadanos, ni cuando el PP incumplió compromisos firmados que tenía con VOX, respecto a las alcaldías entre otras a la de Madrid. Tampoco es el momento de entrar en debate sobre la ruptura de los gobiernos autonómicos de coalición, que tuvo lugar en julio 2024 cuando VOX se salió de ellos. Ahora las circunstancias de ambas formaciones deberían permitir un acuerdo racional y equilibrado.
Respecto al programa de la coalición, aunque se trate de un programa autonómico, y por tanto de nivel local, las grandes políticas de VOX y PP deberían llegar a coincidir. De hecho. PP y VOX llegaron en octubre de 2025 al acuerdo de derogar la ley de Memoria Histórica de Extremadura y sustituirla por la ley de Concordia de Extremadura. Asimismo, es presumible que ambos estén de acuerdo a grandes rasgos en temas tales como la recuperación del Estado de Derecho, aunque eso esté al margen de las competencias de un gobierno autonómico.
Habrá temas fáciles para llegar a un acuerdo como el de manifestarse a favor de la prolongación de la vida de la central de Almaraz. Más delicados serán otros temas tales como la actitud ante la inmigración y, en especial, sus aristas culturales. Asimismo, el tema del género, sus chiringuitos colaterales y su presencia en los programas educativos. Y por supuesto, el tema de la financiación autonómica a las organizaciones sindicales. En suma, será una negociación intensa que debería dejar públicamente claros los puntos de divergencia en los que no se haya podido llegar a un acuerdo, o en los que ambos partidos tengan puntos de vista muy diferentes. En todo caso, los votantes tienen derecho a ser informados, sobre lo acordado y sobre las discrepancias pendientes que quedarán para resolverse más adelante o en futuras contiendas electorales.
Presumo por tanto que PP y VOX llegarán a un programa consensuado de gobierno de coalición, lo que incluye el derecho a seguir insistiendo en los puntos de vista de cada partido, si bien con la moderación que requiere el compartir un gobierno.
La alternativa, en caso de que no se llegara a un acuerdo, sería la convocatoria de nuevas elecciones, lo cual podría ser mal recibido por la ciudadanía. Pero ¿y si éstas tampoco dieran la mayoría absoluta a un partido? Hay tantos problemas políticos en España y en todos sus territorios que es necesario entenderse, lo cual no es lo mismo que fusionarse. Para lograr ese entendimiento la claridad en la negociación y el principio de proporcionalidad son irrenunciables.