Quién sabe si para ‘endulzar’ el mensaje, o para lanzar no se sabe qué tipo de tranquilidad, desde el ejecutivo riojano del PP se ha añadido que no sólo allí se acogerá a menores no acompañados que entran ilegalmente en nuestro país sino a otras personas “que tengan necesidades por su situación de vulnerabilidad”. Y esto, en el fondo, es casi peor, porque arrastra automáticamente una pregunta: ¿no se había planteado antes el gobierno riojano comprar un centro religioso o militar o de la naturaleza que fuese para utilizarlo como albergue de esas personas -riojanas u oriundas de la parte de España que fuere- en situación de vulnerabilidad? ¿Ahora sí se toman medidas cuando, paradójicamente, se trata de diseñar un escudo social para individuos foráneos que se encuentran en situación de ilegalidad?
Hay una realidad patética y dura, pero también esperanzadora, que deja esta estampa de nuestro país: estamos en la hora en la que hay al menos un partido político que propone la devolución de los menas a sus países de origen; en la que no se sabe cuántos más van a venir, ni de dónde, ni cuándo; y en la hora en la que unos españoles que las están pasando canutas para poner una mesa de Navidad con un poco de dignidad en las viandas tienen que padecer cómo una morterada de millones de euros de sus impuestos van destinados, cada minuto, a cubrir las crecientes y siempre diligentemente atendidas necesidades de los menas.
VOX ha pedido reiteradamente a Sánchez que haga pública toda la información relativa al número total de menas a los que económicamente mantenemos, así como su reparto por comunidades autónomas, como su país de origen, incluso su situación administrativa dentro del genérico marco de ilegalidad en el que se hallan. Es un hecho tan innegable como previsible que sólo con opacidad institucional puede responder el gobierno de la corrupción. Y así lo está haciendo. Y también lo es que, sólo si el partido verde introduce su cuña algún día -tal vez en el futuro más o menos inmediato- en el gobierno de España, estas políticas aparentemente bienintencionadas pero radicalmente desastrosas y discriminatorias para con los españoles se acabarán, a buen seguro, con el primer Consejo de Ministros.