De salida, y con el referido griterío subiendo de decibelios infatigablemente, el gobierno ya ha nacionalizado, porque sí, a medio millón de “nietos de republicanos exiliados” al amparo de la Ley de Memoria Democrática, que va mucho más allá de la pura cosmética, la pura propaganda, la pura transformación del Valle de los Caídos o los morados, anacrónicos y subvencionados eventos anti-franquistas.
La cifra no es moco de pavo y, por tener una ligera idea, ya supera al número de votos de Esquerra Republicana en las últimas generales. Tampoco hay disimulo ni que ocultar para los socialistas, y los datos han sido expuestos estos días, con luz y taquígrafos, por el ministro Ángel Víctor Torres.
En efecto, hay un alcance internacional de la norma. En efecto, hay un fuerte crecimiento en ese proceso de concesión de la nacionalidad. Y, ahí es nada, alrededor de 2,4 millones de personas (se dice pronto) han solicitado cita en consulados españoles repartidos por países como Argentina, Cuba, Venezuela o Chile con el objetivo de iniciar los trámites para convertirse en ciudadanos españoles: ¿hay pasaporte más directo al voto sanchista?
Ésta es la verdadera cuestión. El -en apariencia- desguazado sanchismo pisa el acelerador y sólo entre 2024 y 2025 se han sumado más de 200.000 nuevas nacionalizaciones, lo que supone un incremento cercano al 70%.
No es el azar sino el cálculo socialista: la norma actual extiende el derecho (de nacionalidad, de voto) no solo a hijos y nietos, sino también a bisnietos de españoles que se vieron obligados a abandonar el país como consecuencia de la Guerra Civil, o que perdieron la nacionalidad “por otras circunstancias ligadas al exilio”, siendo este supuesto un verdadero y radicalmente intencionado cajón de sastre.
Al contrario que a Sánchez, a la oposición ‘los árboles sí le han impedido ver el bosque’. Y así, estando la oposición preocupada, alerta, denunciante ante la atronadora, carísima, archimediática y chusca propaganda anti-franquista que deriva de la Ley de Memoria Democrática, ya llega tarde para denunciar e impugnar lo esencial de la misma: que los socialistas la concibieron y la están usando descaradamente para amañar el censo electoral. Fin. La España que vota hoy, por consiguiente, no tiene en modo alguno que ver con la que votará cuando se convoquen las próximas elecciones generales. ‘Alea jacta est’.