Se unía habitualmente encima del hombre derecho y caía por la espalda hasta las pantorrillas. En las estatuas se representa a veces enrollado en el brazo izquierdo. Los emperadores romanos también lo usaban de color púrpura. En estos días, hay o han aparecido dos noticias que han sido hechas y buscadas adrede: Julio Iglesias, el cantante, que octogenario, de 82 años, puede tener el pito lacio, triste y aburrido en El Caribe; y que pudo haber tenido ánimos sexuales forzados con mujeres que trabajaban en su casa. A la vez, ¡qué frío!, Pedro Sánchez, aunque solo por intenciones, se desnuda ideológica, política y estratégicamente en Groenlandia. A Julio Iglesias, rico en dinero pero, por lo visto, más pobre en afectos de lo supuesto, le han breado y lo están breando en la tele a cualquier hora. Denostar, vilipendiar e infamar a cualquiera es barato, da cancha y voz a quien se preste; y, por lo que parece con Iglesias aumenta los índices de audiencia de mañana, tarde, noche y madrugada. Ahí han caído todos; y, benditos lo que oyen o se tapan las orejas, todas. Mejor sin nombres porque, para su desdoro, están en mentes, retinas y memorias.
Por un tiempo y aunque sea de momento, ‘lo de Gulio’, con ‘g’ suave, ha perfilado que lo que buscaba Pedro Sánchez, a cuenta de su desnudo ante la Unión Europea, afines y compañeros de complacencias y martirios se queden, sólo, en unas frases dichas en favor de Groenlandia y Dinamarca. Pero es que ese desnudo, además, llevaba implícita una declaración-postura anti Trump que, por patriotismo de los norteamericanos, se extiende a los Estado Unidos de América, socio y financiador principal de los gastos que necesita la OTAN para hacer frente a las necesidades que están a la vuelta de la esquina. De momento, Sánchez arrima el ascua a su sardina, queda por ver si es la sardina de todos nosotros. Sus ministros, desde la ministra de Defensa hasta Bolaños y Pepe Manolo Alabares en Asuntos Exteriores, de momento y parece que sin opinión propia, no retrucan. Como coro obediente, hacen eco.
Ítem más, Pedro Sánchez en hora de audiencia máxima, en el telediario de las tres de la tarde de hoy, acaba de aventurar el fin del tratado de la Alianza Atlántica del norte (OTAN) si Trump hace lo que dice en Groenlandia. Sánchez no es, precisamente, alguien en quien confiar cuando predice el futuro. También que sus opiniones, mutables en tiempo y forma según le convengan, cada vez importan menos en la UE, en el resto del mundo y entre todos nosotros. Por eso, con el episodio del pito de Julio Iglesias amortizado o a punto de serlo, puede ser el momento y ocasión para sugerir una noticia transaccional que evite roces con Trump y haga posible la concordia que, hasta el desnudo extemporáneo del socialista Sánchez, ha habido: Una capa de forma triangular sujeta al hombro por medio de un broche metálico, caída por la espalda hasta las pantorrillas, enrollada en el brazo izquierdo o suelta. Puede ser motivo de chanza o guasa. Incluso, allá gustos, algo bobo, estúpido o mono, según quien la lleve. Pedro Sánchez, por ahora, no es un emperador romano vestido de color purpura, escarlata o carmesí; ni va a serlo. Es, todavía, el presidente del gobierno de coalición que tiene y usa el poder desde el palacio de La Moncloa. Por arte de birlibirloque y por ser menos nocivo que inútil también puede aparecer como paludamento, un socialista carmesí.