Hay que ser muy mendrugo en los tiempos que corren para pensar que, de acuerdos como el que se acaba de intentar perpetrar (UE-Mercosur), esos ciudadanos españoles no van a tener conocimiento de sus inmediatos efectos y sus calamitosas consecuencias. La verdad sale a la luz por mucho que se pretenda mentir, defraudar, camuflar (todo por no tener vergüenza torera)… porque lamentablemente ésa es la actitud casta bipartidista comunitaria (PP-PSOE) que hemos visto y sufrido en los últimos días, con un atisbo final de esperanza después de la fechoría que han trabajado para consumar y que ha sido inicialmente paralizada.
Parece mentira que siendo el campo español y nuestros agricultores la despensa de Europa, jugándonos tanto, los politicastros que han apoyado la entrada masiva de ‘productos Mercosur’ no se hayan querido percatar del enorme daño que produce lo que es, lisa y llanamente, no competencia desigual sino competencia desleal, esto es, inadmisible.
En un mundo global, en los circuitos internacionales del comercio, puede tener pase que se entre en liza con países (Brasil, Argentina, Uruguay o Paraguay) que produzcan con costes (laborales, fiscales, medioambientales) más bajos, y esto nada menos que en productos como la carne, el azúcar o el arroz, por citar algunos básicos; una situación que hace que los agricultores españoles compitan con unos precios que no pueden igualar sin pérdidas.
Pero no tienen bastante nuestros agricultores con soportar los gastos salariales, energéticos y todas las inversiones adicionales en bienestar animal y medio ambiente que se les exigen a riesgo de ser multados como para ver cómo ahora, politicastros que sólo conocen el lenguaje de las dietas y las moquetas, les sigan atosigando con sus imposiciones mientras hacen la vista gorda y dejan manga ancha para los ‘productos Mercosur’, sometidos éstos a unos estándares (baste citar trazabilidad y seguridad alimentaria) mucho más laxos.
El campo se ha levantado (poco de hecho aún) contra esas castas bipartidistas de moqueta y dieta con un mensaje atronador: “nos obligan a producir caro y limpio, y ahora nos obligan a competir con lo barato y lo desregulado”. ¡El mundo al revés!
Poco hay que opinar cuando queda todo tan palpablemente constatado. Los politicastros españoles -los del norte de Europa o los de aquellos países donde la agricultura y la ganadería es marginal tendrán sus propios intereses- han actuado como unos traidores. Peor: intentando hacer comulgar con ruedas de molino a quienes querían engañar: quienes se dedican, de sol a sol, a la ganadería extensiva, a mantener pequeñas explotaciones familiares, a hacer que mantengan la prosperidad las zonas rurales de nuestro país…
No todo está perdido. Hay altavoces y partidos políticos que, conservando no sólo altamente necesarios gramos de dignidad sino un apego admirable al interés nacional, se han revuelto contra esta tropelía. Y no tengan la menor duda, los de la moqueta y las dietas, de que los españoles (de largo mucho más allá de los que conservan su oficio en el sector primario) les toman cada día la matrícula por motivo precisamente de sus desatinos y traiciones… en la no tan lejana Europa.