Tradicionalmente, la tauromaquia ha atraído a un gran segmento de jóvenes en España, porque reúne varios elementos que conectan con inquietudes muy actuales, aunque sea un tema polémico. De un lado, en un mundo muy digital, el toreo ofrece algo poco común: riesgo auténtico, tensión en directo y emociones no filtradas por pantallas, lo que resulta poderoso y distinto. Por otra parte, y más allá del debate ético, la tauromaquia se presenta como una mezcla de teatro y ritual: el movimiento, el silencio, la música y la simbología crean una experiencia estética que puede atraer a quienes buscan arte vivo y no convencional.
En conclusión en el debate seguramente en el ICAM aflorarán las raíces culturales y la identidad ligada a la fiesta: para jóvenes interesados en la historia y las tradiciones, el toreo funciona como un puente con generaciones anteriores. No es solo el espectáculo, sino todo el universo cultural que lo rodea: lenguaje, literatura, pintura, moda o música.