A finales de 2025, Donald Trump volvió a dejar clara su visión sobre la "decadente" Unión Europea. Tras dilapidar la relación de confianza a ambos bandos del Atlántico a golpe de aranceles y amenazas sobre la OTAN, el presidente de Estados Unidos prepara ahora un nuevo asalto contra las leyes tecnológicas europeas. "En los próximos meses, EEUU nos atacará ,eso es seguro, por la regulación digital", advirtió Emmanuel Macron a principios de febrero. Mientras amaga con sanciones económicas a los 27, Washington ya ha ordenado a sus diplomáticos combatir todos los intentos nacionales por regular el uso de datos recopilados por los gigantes tecnológicos y tomar represalias contra oenegés y académicos críticos con Silicon Valley.
El Mobile World Congress no es ajeno a esa realidad. A pesar de su carácter comercial y apolítico, el peso de las amenazas de Trump permeará en la influyente feria internacional de la tecnología, que celebra su 20ª edición en Barcelona. Y no solo en los encuentros ministeriales a puerta cerrada, sino también en los escenarios principales. Desde mañana lunes hasta el próximo jueves 5 de marzo, el MWC 2026 acogerá un total de 52 charlas y sesiones de debate dedicadas a la soberanía tecnológica, lo que supone casi un 80% más que las que hubo el año pasado y un aumento de 766% respecto a la de hace cuatro.
El regreso de Trump a la Casa Blanca y su manifiesta voluntad de instrumentalizar la dependencia tecnológica como herramienta de presión a la UE han convertido la soberanía tecnológica en una urgencia de seguridad nacional compartida entre los 27.
El deseo europeo de tener una mayor autonomía en el plano digital no es nueva. En 2020, la pandemia del covid-19 y su impacto sobre las cadenas de suministro globales expuso la profunda dependencia exterior de la UE. Aproximadamente el 80% de la infraestructura digital de Europa está bajo el control de gigantes tecnológicos como Amazon, Microsoft y Google. La subordinación a esas compañías ya se vio entonces como un fallo estratégico. Sin embargo, el regreso de Trump a la Casa Blanca y su manifiesta voluntad de instrumentalizar esa dependencia como herramienta de presión a Bruselas han convertido la soberanía tecnológica en una urgencia de seguridad nacional compartida
Las amenazas de Trump no son nuevas para el MWC. El año pasado, la administración trumpista aprovechó el escaparate mundial que es la feria celebrada en el recinto Gran Via de Fira de Barcelona de L'Hospitalet de Llobregat para denunciar la Ley de Servicios Digitales (o DSA, por sus siglas en inglés), la regulación europea que obliga a los gigantes de Internet la inmensa mayoría de ellos estadounidenses a adoptar medidas de transparencia que van de prohibir los patrones adictivos de las redes sociales a frenar la desinformación. "Es un régimen regulador que impone normas excesivas, va en contra de nuestra tradición de libertad de expresión y de nuestras empresas. Y las defenderemos", aseguró Brendan Carr, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones de EEUU. Desde entonces, su advertencia se ha traducido en medidas reales.
La feroz reacción de Trump se entiende mejor al saber que Bruselas estableció el pasado diciembre la primera multa por violar la DSA. La damnificada con una sanción de 120 millones de euros fue X, la red social propiedad del magnate tecnológico Elon Musk, exasesor del presidente estadounidense.
El malestar con las exigencias de la DSA no es exclusivo de Silicon Valley. Desde Telefónica hasta Siemens, grandes empresas digitales de la UE también llevan meses presionando a Bruselas en favor de una mayor desregulación, un giro también respaldado por GSMA, patronal mundial de las empresas de telecomunicaciones. La Comisión Europea ha escuchado esas peticiones de la industria y, en consecuencia, ha presentado el llamado Ómnibus Digital, una propuesta de simplificación de varias normativa, entre ellas el Reglamento General de Protección de Datos que vela por la privacidad online de los usuarios o la que regula la IA según sus riesgos.
La iniciativa, que despierta el rechazo de organizaciones civiles y de los eurodiputados socialdemócratas, liberales o verdes, aún debe ser aprobada por el Parlamento Europeo. Organismos como el Comité Europeo de Protección de Datos han mostrado su apoyo a la simplificación, pero también su escepticismo ante "preocupaciones clave".
Significativamente, la jornada inaugural del MWC 2026 reunirá un panel de debate formado por Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva para la Sobiranía Tecnológica, la Seguridad y la Democracia de la Comisión Europea y los directores ejecutivos de Telefónica, Deutsche Telekom y Eutelsat.
CONCLUSIÓN
La IA es indispensable para el progreso, pero es un peligro si se usa sin supervisión. La tendencia en el MWC 2026 no es prohibirla, sino avanzar hacia una IA responsable(Human-Centric AI) que priorice la seguridad del usuario y la veracidad de la información.