El Museo del Prado no es un museo, si se me permite el juego de palabras para comenzar. Es, por supuesto, un museo, lo lleva en el nombre y lo demuestra en cada una de sus salas, pero es mucho más, o al menos lo es para mí, que soy su amante más devoto. El Museo del Prado es, además de la mayor pinacoteca del mundo, uno de los museos más relevantes de todo el planeta, y lo es no sólo por los nombres y las obras que pueblan sus muros, sino porque se ha edificado sobre la base del amor por el arte, del cuidado por cada una de sus obras y el firme deseo de que cada visitante se sienta como en su propio hogar aunque esté caminando entre gigantes. El Museo del Prado rezuma devoción por el arte y amor a los visitantes en cada rincón. Es algo que se respira y se siente muy dentro.
He recibido tanto del museo que me sentía en la obligación de corresponder con este libro, para intentar agradecer con mis palabras lo que me ha dado en cada visita.
Después de haber escrito “Mitología en los monumentos y edificios de Madrid”, sentía que los mitos clásicos formaban ya parte de mi, que se habían quedado alojados en mi cabeza y que me pedirían de nuevo que los dejara escapar para hablar de ellos en otro contexto. Así comenzó, a partir de una sugerencia del editor, la aventura que ha sido la escritura de este libro.
La mitología griega y romana no es sólo una recopilación de historias que sirven de base a una religión hoy extinta, al contrario, cada uno de los mitos está vivo porque es un reflejo de lo que somos. Los mitos componen una descripción exhaustiva y taxonómica del ser humano, del funcionamiento de su mente y de su alma, son la suma de lo que somos y seremos.
Las historias de dioses, héroes y criaturas nos explican, nos narran y nos definen. Es por eso que su influencia escapa de los templos y alcanza cada aspecto de la vida. Por supuesto, el arte es uno de los principales beneficiarios de esta influencia.
Las mujeres robustas de Rubens, los hombres cansados de Velázquez, los personajes demenciales de Goya o los cuerpos sinuosos de Tiziano encuentran un motivo para existir en los mitos. La mitología es la excusa para su creación pero también es el fundamento de su persistencia, es lo que les da sentido y los convierte en inmortales, porque cada historia que cuentan sigue viva hoy, tan viva como lo estuvo la primera vez que fue narrada.
Ya fuera por responder a un encargo, ya por satisfacer sus deseos personales o por encontrar una excusa que permitiera burlar la censura, los artistas usaron las peripecias de dioses y héroes como armazón para sus obras, tal vez sin ser conscientes de que nos estaban dejando un legado narrativo y artístico imborrable. Pintaban a Afrodita cuando necesitaban mostrar un desnudo femenino como recurrían a Troya cuando sentían necesidad de hablar de la guerra y la épica, las transformaciones de Zeus eran perfectos puntos de partida para el erotismo tanto como los dramas más trágicos advertían y aleccionaban contra el mal uso de nuestros dones humanos.
En las salas del Museo se cuentan en silencio las historias de los antiguos dioses y su relación con los humanos, que somos nosotros. Cuadros y esculturas nos hablan de nuestros orígenes y de cómo crecimos como personas, de cómo tropezamos y cómo nos alzamos. En cada historia hay nombres que se suman a otros nombres hasta dar forma a una genealogía de mortales e inmortales que se mueve, crece y cambia sobre la telaraña invisible que enlaza sus historias, un andamio hecho con palabras sobre el que se sustentan los mitos, los afianza y asegura su permanencia en el tiempo.
“Mitología en el Museo del Prado” intenta ser ese guía que nos alumbra el camino para no perdernos en la avalancha de narraciones y nombres que se escapa de los cuadros. Este libro habla de los autores, de cómo fueron y qué fueron, de cómo alcanzaron su maestría y cómo dejaron una huella tan profunda en la historia del arte, pero a la vez nos presenta los mitos atrapados en un lienzo
o en un bloque de mármol, nos hace partícipe de la intimidad de los dioses, de sus relaciones, de sus hazañas o de sus vergüenzas.
Organizado como una guía didáctica, recorre el museo en orden, siguiendo recorridos que nos llevan de sala en sala, que nos sitúan ante las más grandes obras y las otras, las que no alcanzaron la fama pero igualmente son hijas de las palabras que dan forma a los mitos.
Desde la planta cero hasta la segunda planta del museo, de sala en sala y pasillo en pasillo, el libro nos presenta más de doscientas obras. Nos sitúa ante ellas y nos permite mirar por una rendija en el tiempo para conocer a sus creadores y para escuchar los mitos que les dan sentido. De la grecia clásica a Roma, del renacimiento al barroco, desde el neoclasicismo al siglo XIX, los autores, los mecenas, los monarcas y los artesanos bebieron de la mitología, se empaparon con las palabras que narran como conjuros sus historias y la convirtieron en un vehículo para hacer llegar su mensaje particular al mundo.
Un mismo mito aparecía con frecuencia utilizado por distintos autores, y cada uno lo convertía en algo diferente. La historia de Venus y Adonis la contó Tiziano para Felipe II, pero también lo hicieron Veronese y Carracci, y de cada uno nos ha quedado un lienzo sublime con una visión única del triste mito. La guerra de Troya, la mayor historia jamás narrada, con su increíble variedad de personajes y aventuras o desventuras, inspiró por igual a Tintoretto, a Rubens, Albani o Van Dyck, y de cada pincel surgió una obra maestra que no sólo nos habla de los mitos, sino que nos cuenta la historia de su creador, de su época o de quien encargó su creación. La Mitología se convirtió en una materia prima dúctil y versátil con la que dar forma a las más grandes expresiones del arte y así lo han hecho los mayores artistas desde el momento en que los mitos vieron la luz.
El Museo del Prado es, ante todo, un arca prodigiosa en la que se guardan todas las historias. Conviven en armonía las biografías de los artistas con las peripecias particulares de cada obra y con los mitos de los que nos hablan, pero también se quedan en el Prado, impregnadas en sus paredes y en sus obras, las historias de cada visitante, las de cada par de ojos que contempla un cuadro o una escultura y siente que le ha sido revelado un secreto, un misterio, que se ha creado un vínculo que lo mantendrá unido para siempre a los pasillos que recorren el prodigioso Museo del Prado.
De todo ello quiere hablar este libro, de los mitos, del arte, de los artistas y de cómo la maravilla que habita el museo se adueña de nosotros y se queda a vivir para siempre en nuestro recuerdo.