Primera lección. Prejuicios.
Mal consejero es tener prejuicios. Craso error muy repetido es incurrir en la siguiente equivocada interpretación: cuántas veces en la vida rechazamos una lección porque a quien la enseña no lo vemos como esperamos que se vea un maestro. Como defensa, la paciencia tolerante.
Segunda lección. Ego.
No te acompañes todo el rato del ego; apártalo de vez en cuando. No es inteligente debatir para ganar; sí lo es hacerlo para aprender y saber algo nuevo.No te enamores de tus ideas, y sobre todo no las defiendas solo porque son tuyas. Todas, las tuyas también y probablemente más que las de otros, son susceptibles de mejora. Como defensa, la humildad.
Tercera lección. Sensación.
Ante el mismo estímulo en momentos distintos, la sensación cambia. La percepción del paso del tiempo depende de dos factores: en primer lugar, del tiempo ya vivido; cuantos más años se tiene,aumenta la sensación de que más rápido pasa el tiempo; y en segundo lugar, de la frecuencia de los eventos novedosos que tienes en un periodo determinado.
Para los niños, un mes tarda mucho en pasar, entre otras razones porque un mes en la vida de un niño porcentualmente no es un tiempo menor y además en esa época cada día está lleno de nuevos eventos y descubrimientos, las sorpresas son continuas y vivir es una ilusión; en cambio,para los mayores, un mes se pasa sin sentir, un mes en toda una vida representa un porcentaje temporal mínimo y además en esas edades les aplasta la rutina, todos los días son prácticamente iguales, las sorpresas son una excepción y vivir es una repetitiva realidad.
No es lo mismo vivir más,que es el caso de los adultos,que se te hagan largos los días, que es el caso de los jóvenes. Como defensa, la adaptabilidad.
Cuarta lección. Sentido común.
No confíes en tu particular sentido común. Síse pregunta. ¿De dónde crecen los árboles? Una inmensa mayoría de personas, fundamentalmente las que carecen del conocimiento científico adecuado, plenamente convencidas de contestar lo correcto, responderían: “De la tierra, del suelo a través de sus raíces”. Y con tal respuesta, supuestamente lógica, natural y sencilla, aprendida en el colegio, suspenderían el examen porque no es plenamente acertada al estar errada en lo fundamental.
Porque los árboles, que no son un objeto sino un proceso, aunque les cueste creerlo,mayormentecrecen del aire, exactamente del aire.
Si se planta una pequeña semilla en una maceta, y mientras con el transcurrir de los días recibe luz y únicamente se riega con agua, con el pasar del tiempo de esa maceta surge un tallo, ramas, hojas (masa en definitiva) y poco a poco luego todo esto se convierte en un arbolito, para finalmente tener un árbol.
Si sacamos este árbol de la maceta con toda su masa acumulada, como hizo Jan Baptist van Helmont en 1648, y medimos cuánta tierra hay, veremos que se tiene prácticamente la misma que había cuando plantamos la semilla; por tanto, el desarrollo de la planta mayoritariamente no sale de una transferencia de elementos del suelo a dicho árbol. No hay un significativo detrimento de la tierra y sus elementos (minerales, nitrógeno, fósforo, potasio) en beneficio de ese árbol. Obviamente, sí ha utilizado el agua (H2O) que hemos aportado, pero ahora después veremos con quéfin.
Luego, ¿de dónde ha tomado el árbol tales elementos que le han permitido desarrollarse? Aquí hay que hacer una parada: la madera, que es el componente de un árbol, no se compone mayormente de agua ni de minerales, nitrógeno, fósforo o potasio;la madera básicamente es en un 50% carbono (C), y ese carbono no lo han proporcionado las raíces, dado que tampoco hay carbono en el agua, porque el carbonoque hace falta para crear un árbol se encuentra en el aire.El árbol se queda con el carbono del dióxido de carbono (CO2) que hay en el aire, usando para ello los cloroplastos que tiene en las hojas y en unión con los fotones de la luz que le proporciona el sol, crea celulosa y lignina, y expulsa el oxígeno que no necesita para nada y que nosotros respiramos. ¿Recuerdas la palabra fotosíntesis? Pues eso, al respirar, lo que haces es aprovechar un subproducto (el desecho) de un proceso. No somos tan importantes; hay una relación química y física real y directa entre el material del que estamos hechos nosotros y el material del que están hechos los árboles.
El árbol, usando las instrucciones contenidas en el ácido desoxirribonucleico (ADN), construye masa año tras año, la madera, y lo hacedesde el aire, tomando el carbono (la materia prima) y combinando este con agua y la energía proporcionada por el sol.
Y de esta manera, nace toda esa estructura organizada de hojas, ramas, corteza y tronco que percibimos como un objeto, pero que química y físicamente es un proceso, pues cuando el árbol se destruye, por ejemplo al quemar la madera en una hoguera, donde el calor que se desprende es luz del sol almacenada,se rompen las moléculas;ese carbono se libera al prenderle fuego y vuelve al aire.
También nosotros los humanos somos un proceso: el 16% de nuestro cuerpo es carbono, un 65% es agua y el resto, pequeños elementos. Y cada átomo de carbono que ahora está en nuestras neuronas, huesos y músculos,con anterioridad algo lo capturó del dióxido de carbono, probablemente un alga, una planta, un árbol que,tras morir y a través de la cadena trófica, ha llegado hasta nosotros; me temo que no somos conscientes de hasta qué punto nuestra realidad está interconectada.Cuando te sientes a la sombra de un árbol, piensa que podría ser uno de tus parientes más lejanos, pues igual el actual carbono de tu cuerpo antes, en el Holoceno, estuvo en un árbol como ese.
Volviendo al árbol.¿Y las raíces? Sin negar que toman el agua del subsuelo y algún otro elemento en muy pequeñas proporciones para el proceso,básicamente sirven,dado que el árbol acumula masa por encima de su base, para proporcionar estabilidad al árbol, para que el viento no los tumbe; son un ancla. El árbol precisa estar arriba para capturar carbono y luz solar y necesita estar abajo para mantenerse en pie; la forma de las raíces, extensión y profundidad dependen de la función de estas en cada especie según las características climáticas del lugar donde habita.
Así que, contrariamente a lo que probablemente creías, porque pensabas que, así fue como te lo enseñaron en el colegio, los árboles no crecen desde el suelo, crecen desde el aire. Desprecia prejuicios, despréndete del ego, no olvides que las sensaciones no son inamovibles y, por encima de todo, duda de tu particular sentido común.
Y a partir de ahora,antes de defender enconadamente sus ideas, sean estas las que fueren, recuerde:si es usted amante del medio aéreo,que en boca cerrada no entran moscas; si no le convencelo suficiente tal afirmacióny la prefiere con un punto marítimo,no olvide que por la boca muere el pez; y si es de los que tiene los pies en la tierra, quizás le valga más el que dice que el poco hablar es oro y el mucho hablar es lodo.