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El cobre es el nuevo oro… y el nuevo riesgo

El cobre es el nuevo oro… y el nuevo riesgo

· Ramon Boixadós Professor Asociado ESCP Business School

lunes 06 de abril de 2026, 10:01h

El 4 de mayo de 2025, un robo de cable en la provincia de Toledo afectó a la línea de alta velocidad Madrid–Andalucía. Más de 30 trenes y más de 10.000 viajeros se vieron afectados. Se cortó el flujo de información que hace segura y operable una infraestructura moderna.

El robo de cobre se ha convertido en una noticia de actualidad diaria.
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El robo de cobre se ha convertido en una noticia de actualidad diaria.

En 2024 se registraron en España 4.433 robos de cableado de cobre y materiales conductores, un 87% más que hace cinco años. La seguridad tiene una ley no escrita: defender siempre es más caro que atacar. El atacante necesita una cizalla, una furgoneta y veinte minutos. El defensor necesita vigilancia, mantenimiento, redundancia, procedimientos, coordinación y presupuesto continuo.

El cobre es oro para el delincuente: es vendible, es transportable. El cobre es también oro para la economía productiva: es el metal del cableado, de los transformadores, de las redes eléctricas, de los centros de datos, de la electrificación. La Agencia Internacional de la Energía ha advertido recientemente que el mercado podría afrontar un déficit de cobre hacia 2035.

En 2024, el sistema ferroviario español movió cientos de millones de pasajeros y mercancías. Cuando un país quiere atraer inversión, necesita que la logística funcione, sea predecible. Cuando se quiere competir, se necesita que la infraestructura aguante.

En el debate público, la reacción típica es: más cámaras. La segunda reacción típica es: más policías. Ambas pueden ayudar, pero ninguna resuelve el problema. La resiliencia se construye en tres capas: material y diseño físico, detección temprana, y operación.

El material y el diseño físico importan. Sustituir cobre por aluminio o fibra donde sea viable reduce atractivo para el mercado negro. Refuerzos en canalizaciones, arquetas, conductos sellados y puntos críticos dificultan el acceso.

La detección temprana también afecta: sensores de vibración, cortes de señal, anomalías eléctricas o de comunicaciones, patrones de actividad. En infraestructuras extensas, no se puede vigilar todo, pero se puede diseñar para que el sistema “grite” pronto cuando algo no cuadra.

Pero el gran salto está en la tercera capa: la operación. Hay que poder gestionar. El país necesita centros de control que no solo reciban alarmas, sino que correlacionen, prioricen, guíen la respuesta y dejen trazabilidad.

En España hay una compañía tecnológica, EXDESIS, que trabaja en la operación de seguridad y la gestión de eventos en entornos 24/7, con foco en trazabilidad e integración. EXDESIS distribuye, implanta y da soporte en España y Portugal a TERA, una plataforma para operación integrada de centrales receptoras de alarmas. Diseñada para responder a la normativa de seguridad privada y para proporcionar una operación completa y óptima del centro, con implantaciones orientadas a minimizar impactos en la transición. TERA pone un acento explícito en algo que en infraestructuras críticas es esencial: la trazabilidad como cobertura de seguridad jurídica y como base para interacción con aseguradoras y fuerzas de seguridad.

TERA no es solo software de alarmas, es una solución que recibe eventos y selecciona y guía los que requieren intervención humana, con criterios de eficiencia operativa, con integración mediante API y servicios, y con despliegues orientados a disponibilidad. Contempla una arquitectura del dato orientada a aplicar Inteligencia Artificial para pasar de una operación reactiva a una proactiva.

Seguritecnia ha publicado un análisis sobre el uso de IA en la CRA en TERA, señalando que la IA aporta un beneficio tangible en monitorización y tratamiento de señales y que la clave no es tener IA, sino integrarla con seguridad, estabilidad y trazabilidad, manteniendo continuidad 24/7 y enfoques en escenarios sensibles de human-in-the-loop.

Si trasladamos esto al ámbito de las infraestructuras críticas, la relación es directa. Lo que hace daño no es solo el corte físico, sino el tiempo que se tarda en detectarlo, interpretarlo, escalarlo y actuar. La diferencia entre un incidente gestionable y un caos público suele estar en minutos y en procedimientos. Y para eso hace falta tecnología instalada y operable.

El cobre es el nuevo oro porque el mundo lo necesita para comunicarse y ahí está el riesgo porque el hampa también ha aprendido que cortar un “hilo” es barato y que el coste lo paga otro: el operador, el usuario, el contribuyente, la empresa que llega tarde, el paciente que espera, el turista que pierde su conexión, el trabajador que no ficha porque el sistema está caído.

No hay solución mágica, pero sí hay una dirección clara: diseñar para que sea difícil acceder, poder detectar rápido, y operar con método. Y aquí es donde las compañías tecnológicas, como EXDESIS, con soluciones como TERA, que ya trabajan en operación 24/7, trazabilidad y gestión inteligente de eventos, aportan algo más que software: aportan una forma de operar.

La pregunta final, no es si el cobre seguirá robándose. La pregunta es: ¿Se va a seguir pagando el impuesto invisible de la interrupción, o se va a invertir en que la infraestructura aguante?

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