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S.O.S. Crisis energética

S.O.S. Crisis energética

· Los países que más están sufriendo las consecuencias de la guerra en Oriente Medio son las potencias asiáticas con la excepción de China

miércoles 08 de abril de 2026, 10:11h

Mientras tanto, el fantasma de la estanflación regresa al Viejo Continente. Si logra imponerse la ley darwiniana del más fuerte, con el derrumbe de toda legislación internacional, las consecuencias serán terribles. Desde el pasado 28 de febrero la economía global arranca a trompicones. El cierre parcial del estrecho de Ormuz, Irán ingresa más dinero que antes cobrando peajes de tránsito de hasta dos millones de dólares por navío (más información al enlace https://shorturl.at/NkocO), ha aminorado el suministro del 17% de crudo a nivel global. Porcentaje que luego se ha estabilizado en torno al 10% tras la activación de rutas alternativas y la liberación de reservas estratégicas previa orden de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Sin embargo estos niveles son excepcionalmente elevados. En 1973 la reducción aproximadamente del 5% en el abastecimiento energético durante un semestre fue suficiente para cuadruplicar los precios. Hoy la velocidad de impacto es similar, pero multiplicado por dos.

No cabe duda de que algunos estados se han vuelto más eficientes: la producción de una unidad del Producto Interior Bruto (PIB) requiere aproximadamente un tercio del consumo que se requería hace medio siglo. Pero trátense de una eficiencia desigual: el 90% de las mercancías se transportan a través de la superficie acuífera y su distribución requiere casi por completo del oro negro. Los combustibles empleados suelen producirse en gran medida en los establecimientos que a diario son bombardeados por Israel, Estados Unidos e Irán. Esa fuente de energía se encuentra actualmente varada en el Golfo perjudicando los arquitrabes de la globalización contemporánea: cadenas de valor en múltiples fronteras y movilidad basada en contenedores.

El aumento del precio de la gasolina repercute en los bolsillos de los consumidores. La inflación está disparada, gran pesadilla de Donald Trump, y el crecimiento económico de Europa sigue estancado al hilo también de la crisis por la guerra en Ucrania. Combinación perfecta de una dinámica estanflacionaria. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con sede en París, en sus estimaciones divulgadas a finales de marzo, pronostica una desaceleración del crecimiento del 0.4% y un aumento de la inflación del 0,6% en 2026 (véase enlace https://shorturl.at/nLAVK).

El pánico se ha instalado en algunas cancillerías y los departamentos gubernamentales intentan a toda prisa dar respuestas a un electorado que ve subir pasivamente las facturas. El primer ministro transalpino Giorgia Meloni se ha convertido en una moderna Willy Fog con viajes constantes tanto en Europa como en Asia. Pero una crisis de suministro energético debería solucionarse redistribuyendo los costes, una película que nos acompaña desde febrero de 2022. Casi cuarenta gobiernos han anunciado reducciones de impuestos a los combustibles, mientras que una treintena opta por reducir el consumo y evitar peregrinaciones para llenar el depósito. Eslovenia quiso cerrar virtualmente sus gasolineras a los conductores italianos. Se prioriza frenar la demanda y no influir en la oferta o frenar el consumo.

Pero similares medidas no reducen las exigencias de la ciudadanía, especialmente si adoptadas por parte de los grandes importadores de gas y petróleo. La escasez no se liquida, más bien se traslada otro lugar. Políticas que además no se aplican gradualmente, sino que se inyectan de forma generalizada y salvaguardan aquellos que consumen más. El resultado es que tanto China como EE.UU. gracias al tamaño de sus reservas transfieren una mayor parte de los ajustes a los más necesitados.

Fijémonos en Europa, la realidad que más nos atañe. Los problemas de suministro podrían convertirse en una gran preocupación. Casi todos los petroleros que salieron a la mar antes del 28 de febrero han llegado a sus destinos y “si la guerra no termina antes de abril nos enfrentaremos a una escasez de combustible”, matiza el economista jefe para Europa de Standard & Poor’s Sylvain Broyer. La gran incertidumbre afecta a los productos refinados. Tanto Arabia Saudí como los Emiratos podrían incrementar el flujo de crudo a través de los oleoductos alternativos, pero el diésel y combustibles para aviones necesitan de proceso de refinación y se transportan por vías marítimas.

Además la situación de las potencias europeas es muy distinta. Berlín logra producir casi el 90% del diésel, Italia alrededor del 80% y Francia poco más del 50% si bien dispone del comodín nuclear. Según un informe de la consultora Argus (es posible descargar el informe al enlace https://shorturl.at/6O2o1), Londres representa el eslabón más débil con depósitos limitados y menor capacidad de refinación que otros países. Y ante una escasez de oferta, los países más afectados estarán dispuestos a pagar más excluyendo a otras naciones.

Importantes multinacionales de la aviación empiezan a sufrir las consecuencias de la guerra en Oriente Medio. La escasez de combustible obligará a la alemana Lufthansa a “hacer descansar” casi 40 bimotores, el 5% de su flota. La compañía de bajo coste Ryanair, que se ha consolidado como la número uno en Europa, ha comunicado una subida de los precios ante la imposibilidad de abastecerse normalmente.

Pero es Asia quién se encuentra en alerta máxima. Los gobiernos de Indonesia y Sri Lanka han aprobado el racionamiento de diésel y gasolina, centrándose Corea del Sur en la diversificación de la oferta de combustible. Mientras tanto Australia e India optan por recortar impuestos, gestionar las reservas y confiar en la sensatez de sus ciudadanos, posponiendo las impopulares medidas de contención de daños. Probablemente el caso más emblemático de un reajuste de las alianzas internacionales es el de Japón, con la conservadora Sanae Takaichi dispuesta a “conversar con Irán en el momento oportuno y de acuerdo con los intereses nacionales”. Se ha confirmado que dos butaneros de la compañía Mitsui OSK Lines cruzaron Ormuz el 27 de marzo, pero desde Tokyo optaron por silenciar los detalles para no enfadar ulteriormente a un Donald Trump atrapado en un endiablado laberinto.

Pese al intento de algunos mandatarios de utilizar la política exterior como subterfugio para tapar las vergüenzas internas y los casos de corrupción en periodo electoral, sin mencionar lo pornográfico de exhibir camisetas futbolísticas con números que reivindican meros espejismos o exhibir gorras patrióticas en el sepelio de uniformados, la amenaza de una crisis está más cerca de los que están dispuestos a admitir. Y mientras tanto, en un rincón del Kremlin, alguien descorcha botellas de vodka e ingesta caviar…

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