El impacto real de la reutilización a largo plazo
El recorrido de Roll’eat, empresa catalana que en 2026 celebra 20 años de trayectoria, permite poner cifras a este impacto acumulado. Desde su fundación en 2006, la compañía ha vendido más de 10 millones de productos reutilizables en más de 25 países, contribuyendo directamente a la reducción de residuos asociados al consumo alimentario y logrando un ahorro de emisiones de CO₂ equivalente al generado por un turismo dando 20 vueltas al mundo.
“La reutilización funciona cuando se convierte en hábito”, explica Meritxell Hernández, ingeniera industrial y fundadora de Roll’eat. “No se trata de acciones puntuales, sino de gestos que se repiten cada día durante años. Ahí es donde el impacto ambiental deja de ser anecdótico y pasa a ser estructural”.
Esta lógica de repetición es especialmente relevante en el contexto actual, en el que la generación de residuos sigue creciendo y los sistemas de reciclaje muestran límites evidentes. Reducir el residuo antes de que exista se perfila como la vía más directa para aliviar la presión sobre el planeta.
Educar para reducir residuos
El impacto de la reutilización se amplifica cuando se integra desde edades tempranas. La iniciativa escolar “Recreos sin Residuos”, impulsada por Roll’eat desde 2021, demuestra cómo la educación ambiental aplicada al día a día se traduce en resultados tangibles. En solo seis años, los centros participantes han logrado evitar más de 1.020.924 metros cuadrados de papel de aluminio, una cifra que permite dimensionar el volumen de residuos que generan los recreos escolares.
“El recreo es uno de los momentos donde más residuos se generan, pero también uno de los espacios con mayor capacidad educativa”, señala Hernández. “Cuando un niño deja de usar envoltorios de un solo uso cada día, no solo reduce ese residuo concreto, interioriza un hábito que probablemente mantendrá en la edad adulta”.
La experiencia de los centros participantes evidencia que la sostenibilidad no se consolida a través de mensajes abstractos, sino mediante acciones simples, repetidas y con un propósito claro.
Una sostenibilidad basada en hábitos, no en excepciones
El reportaje propone abordar la crisis ambiental desde una mirada a largo plazo: la de los pequeños gestos sostenibles mantenidos durante décadas. En una fecha simbólica como el Día de la Madre Tierra, la historia invita a reflexionar sobre cómo la protección del planeta se construye en decisiones cotidianas que rara vez ocupan titulares, pero cuyos efectos, acumulados, son decisivos.
La mirada de Meritxell Hernández aporta contexto técnico y experiencia práctica para analizar cómo la reutilización, la educación ambiental y el diseño de soluciones reutilizables pueden contribuir de forma efectiva a la reducción de residuos y a una relación más equilibrada con el entorno.