El acercamiento se produce en un momento en el que China lidera los sectores que están definiendo el crecimiento mundial: vehículo eléctrico, inteligencia artificial, robótica, energías limpias, infraestructuras, biotecnología y farmacia avanzada. Ámbitos que, según el Ejecutivo, resultan clave para la competitividad futura de la economía española.
“La apuesta por China tiene mucho sentido porque supone seguir la estela del país líder en los sectores que van a definir este siglo”, afirma Kai Torrella, consejero delegado de Gesinter y gestor del fondo Gesinter China Influence. “China se ha convertido en una potencia consolidada en las industrias del futuro, muy lejos de la imagen del fabricante de bajo coste del pasado”.
De mercado emergente a mercado imprescindible
Desde el ámbito económico se subraya que China ya no es un mercado emergente ni una apuesta a largo plazo, sino una realidad estructural del presente. Medida en paridad de poder adquisitivo, China ya es la primera economía del mundo, y todo apunta a que su peso seguirá aumentando en términos nominales.
“Si analizamos el tamaño real de su economía, China ya ocupa el primer puesto, no en PIB nominal, pero sí en en términos de paridad de poder adquisitivo”, explica Torrella. “Desde 2012 ha más que doblado su PIB, elevando renta per cápita, salarios y pensiones sin generar grandes desequilibrios macroeconómicos”.
Este proceso se ha sostenido gracias a una capacidad de planificación a largo plazo poco habitual en otras economías, con planes quinquenales que han permitido orientar inversión, innovación y desarrollo industrial durante décadas.
China, el gran mercado fuera de la UE para España
La consolidación de China como mercado clave se apoya en una relación económica ya de primer orden. En 2025, China fue el principal socio comercial de España fuera de la Unión Europea y su segundo proveedor de bienes, con importaciones superiores a los 50.000 millones de euros.
Las exportaciones españolas, cercanas a los 8.000 millones, se concentran en productos químicos y farmacéuticos, agroalimentarios y minerales, mientras que España importa de China bienes de equipo, electrónica, automoción y tecnología vinculada a la transición energética.
Este desequilibrio ha llevado al Gobierno a impulsar un cambio de enfoque: pasar de la relación comercial al acceso estructural al mercado chino, mediante alianzas industriales, tecnológicas y de inversión.
Tecnología, ciencia y energía: por qué China importa
Uno de los factores que refuerzan el papel de China como mercado de referencia es su liderazgo en ciencia e innovación. Según rankings internacionales, 8 de las 10 instituciones con mayor producción científica en salud y ciencia son chinas.
“Esta presencia en la frontera del conocimiento no es anecdótica”, subraya Torrella. “Es la base sobre la que se construyen las ventajas competitivas del mañana, y China lleva años invirtiendo de forma sistemática en ella”.
A ello se suma su liderazgo en energías renovables, especialmente solar y eólica, que ha reducido su dependencia energética y reforzado su estabilidad frente a los grandes shocks geopolíticos.
China en el nuevo orden económico global
La reiteración de visitas de Sánchez a Pekín refleja una lectura compartida por cada vez más actores económicos: el crecimiento global ya no se entiende sin China. Su papel como socio comercial alternativo, motor industrial y centro tecnológico la sitúa en el centro del nuevo equilibrio mundial.
Aunque la economía china aún gestiona los efectos de su pasada crisis inmobiliaria, los indicadores sugieren que la fase más severa ha quedado atrás.
“Cuando China recupere plena tracción, lo hará liderando precisamente los sectores del siglo XXI”, concluye Torrella. “Por eso, China ha dejado de ser una opción interesante para convertirse en el mercado que hay que entender, analizar y tener en cuenta”.