Más allá de las enfermedades que puedan sobrevenir, una persona puede considerarse globalmente sana cuando cuida la alimentación, descansa correctamente, mantiene una vida activa física y mental y cuenta con un entorno social estable. Sin embargo, en el ritmo acelerado del día a día, existen funciones básicas a las que muchas veces no se presta atención suficiente, a pesar de su impacto directo en la salud. Estas funciones, aunque automáticas y cotidianas, pueden deteriorarse de forma progresiva sin generar una alarma inmediata, lo que favorece que muchos pacientes no les den importancia hasta que el problema ya está avanzado.
La respiración nasal tranquila, la audición, el sueño, la voz o el equilibrio forman parte de los pilares silenciosos de la salud, y cuando alguno de estos elementos se altera, pueden encadenarse problemas a medio y largo plazo que afectan de forma progresiva a la calidad de vida.
“La pérdida progresiva de bienestar se oculta tras frases aparentemente pequeñas que los pacientes han normalizado durante años sin ser conscientes de que pueden reflejar un problema de salud subyacente”, señala Manuel Páez Romero, especialista en Otorrinolaringología de Monarka Clinic.
Entre los ejemplos más claros se encuentra el ronquido, que durante años se ha considerado un fenómeno sin importancia clínica. Sin embargo, puede estar relacionado con una obstrucción parcial de la vía aérea durante el sueño. En este contexto, distintos estudios estiman que el ronquido habitual afecta aproximadamente al 25%–30% de la población adulta, mientras que la apnea del sueño podría afectar a más de dos millones de personas en España, con una alta tasa de infradiagnóstico.
Cuando el flujo de aire se ve comprometido durante el sueño, pueden producirse pausas respiratorias que afectan a la oxigenación y fragmentan el descanso. Aunque el organismo activa mecanismos de respuesta que reanudan la respiración, estos despertares interrumpen la calidad del sueño.
“Ese descanso fragmentado termina generando una deuda fisiológica que se traduce en cansancio, menor concentración y peor rendimiento durante el día”, concluye el especialista.