Una brecha de liquidez que la contabilidad no refleja
El problema tiene una dimensión estructural que los datos macroeconómicos confirman. Según el Observatorio de Morosidad de CEPYME, el plazo medio de pago entre empresas privadas sigue estando un 34% por encima del límite legal fijado por la Ley de Morosidad. Solo el 15% de las grandes empresas pagó dentro de los plazos legales en 2025, frente al 26% del año anterior, y el coste financiero total asociado a esos retrasos superó los 5.568 millones de euros, de los que casi 2.000 millones correspondieron exclusivamente a pymes.
“Los datos de Embat adquieren especial relevancia porque miden la consecuencia directa de esa brecha sobre la caja. La diferencia de 21 días entre cobrar y pagar no solo implica que una empresa está financiando a sus clientes; implica que lo hace sin tipo de interés, sin garantías y, en muchas ocasiones, sin visibilidad de cuándo exactamente llegará ese dinero”, explica Carlos Serrano, co-CEO de Embat.
El descubierto como síntoma, prácticamente un episodio al mes
La consecuencia más inmediata aparece en los datos de descubierto. En el primer trimestre de 2026, según el análisis de Embat, las empresas entraron en números rojos una media de 1,53 veces por compañía, acumulando 22,8 días en descubierto. En la práctica, en cada uno de los tres meses del trimestre hubo al menos un episodio de tensión de liquidez por empresa.
"El descubierto es el síntoma, no la enfermedad. La enfermedad es no saber en tiempo real cuánto dinero entra, cuándo entra y cuánto sale. Muchas empresas detectan que están en tensión de liquidez cuando ya es demasiado tarde para reaccionar", señala Serrano.
La tecnología como antídoto, de la gestión reactiva a las previsiones ajustadas al comportamiento real de pago
Además, las empresas españolas pagan a sus proveedores con un retraso medio de 14,42 días en el primer trimestre de 2026, lo que las sitúa 1,3 días por encima de la media europea, confirmando que el problema no es solo de gestión interna, sino también de cultura de pago.
Ante este panorama, la respuesta del mercado apunta hacia la automatización y la inteligencia artificial. Según el propio informe de Embat sobre el uso de IA en tesorería, el 50% de los directivos financieros destaca la reducción del tiempo en tareas repetitivas como el principal beneficio de incorporar estas tecnologías a sus procesos, lo que libera capacidad para anticipar y gestionar la liquidez de forma proactiva.
"El problema no es que las empresas cobren tarde. El problema es que sus previsiones de caja asumen que los clientes pagarán cuando deben, no cuando realmente lo hacen. Con tecnología que analiza el comportamiento histórico de pago de cada contraparte y ajusta automáticamente las proyecciones, el equipo financiero deja de gestionar la liquidez sobre el papel y empieza a gestionarla sobre la realidad. Esa diferencia, en la práctica, es la que separa a las empresas que anticipan una tensión de las que la descubren cuando ya están en descubierto.”, apunta Carlos Serrano.