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La IA ya está en las empresas: El problema es que muchas aún no ganan más dinero con ella

La IA ya está en las empresas: El problema es que muchas aún no ganan más dinero con ella
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  • Antonio Martínez (Level UP): "La inteligencia artificial no arregla el caos de una empresa; lo multiplica"

miércoles 08 de julio de 2026, 11:28h

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad empresarial. Sin embargo, la gran pregunta ya no es quién utiliza IA, sino quién está consiguiendo que esa inversión se traduzca en más rentabilidad. Las empresas destinan cada vez más recursos a herramientas de inteligencia artificial, pero la adopción tecnológica no siempre se convierte en mejores resultados. Automatizar procesos, generar contenido o reducir tiempos no garantiza, por sí solo, un incremento de la productividad ni de los beneficios. De hecho, uno de los errores más frecuentes es incorporar tecnología sin una estrategia previa que determine para qué se utiliza y cómo se medirá su impacto.

"La inteligencia artificial no soluciona el desorden de una empresa; lo acelera. Si los procesos son ineficientes o la organización carece de una estrategia clara, la IA solo hará que esos problemas ocurran más rápido", explica Antonio Martínez, director del Departamento de Tecnología de Level UP.

Precisamente con el objetivo de ayudar a empresarios y directivos a convertir la IA en una ventaja competitiva real, Martínez impartirá el próximo 9 de julio el taller "IA con Rentabilidad", una sesión centrada en casos reales, errores habituales y aplicaciones con impacto directo en la cuenta de resultados.

La estrategia va antes que la tecnología

El principal fallo que detectan los especialistas no está relacionado con la elección de una herramienta concreta, sino con el orden en el que las empresas afrontan la transformación digital, apunta el experto. Y prosigue, “antes de implantar inteligencia artificial es necesario definir la estrategia del negocio, establecer objetivos claros y preparar la organización para trabajar con nuevos procesos. Solo después tiene sentido decidir qué soluciones tecnológicas incorporar”.

"Muchas empresas empiezan preguntándose qué herramienta utilizar. La pregunta correcta es qué problema de negocio quieren resolver", señala Martínez.

Según explica, la IA solo genera valor cuando está alineada con los objetivos de la empresa, ya sea aumentar la facturación, mejorar la rentabilidad, optimizar costes o elevar la experiencia del cliente.

La productividad no se mide en horas ahorradas

Reducir el tiempo dedicado a tareas administrativas es uno de los beneficios más visibles de la inteligencia artificial, pero no necesariamente el más importante.

Para Martínez, ahorrar horas únicamente tiene sentido si ese tiempo se reinvierte en actividades de mayor valor para el negocio.

"Si una empresa libera diez horas semanales gracias a la IA pero esas horas no generan nuevas ventas, mejor atención al cliente o mayor capacidad estratégica, el retorno económico será muy limitado".

Por ello, recomienda medir cualquier proyecto de IA con los mismos criterios que cualquier otra inversión empresarial: indicadores de rentabilidad, productividad, eficiencia, crecimiento y mejora del servicio al cliente.

La experiencia del cliente sigue siendo humana

Aunque la automatización gana terreno, no todas las decisiones deben delegarse en la tecnología. Las tareas que afectan directamente a la relación con el cliente, la toma de decisiones estratégicas o la creación de valor diferencial necesitan seguir bajo supervisión humana. En definitiva, "la inteligencia artificial es una herramienta. El criterio, la responsabilidad y las decisiones continúan perteneciendo a las personas", afirma.

Empezar por soluciones transversales

Para las pequeñas y medianas empresas que quieren comenzar a trabajar con IA sin realizar grandes inversiones, el experto recomienda apostar primero por plataformas que integren inteligencia artificial de forma transversal en el trabajo diario.

El objetivo no es incorporar decenas de aplicaciones distintas, sino crear una cultura de uso que permita a toda la organización aprovechar la tecnología en tareas cotidianas como la gestión documental, el correo electrónico, la comunicación interna o la atención al cliente.

Solo cuando esa base está consolidada resulta recomendable avanzar hacia soluciones especializadas para áreas concretas del negocio.

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