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ANÁLISIS PAYDEN & RYGEL

Puntos de estrangulamiento: la nueva intersección entre geopolítica y macroeconomía

Puntos de estrangulamiento: la nueva intersección entre geopolítica y macroeconomía
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  • Por Jeffrey Cleveland, economista jefe de Payden & Rygel

miércoles 15 de julio de 2026, 13:03h

El poder se ha concentrado históricamente en manos de quienes controlan los cuellos de botella geográficos, o "puntos de estrangulamiento". En la Antigüedad fueron estrechos marítimos o rutas comerciales. El cierre del Estrecho de Ormuz ilustra hoy cómo esos enclaves físicos siguen siendo relevantes. Pero han surgido además nuevos cuellos de botella globales mucho menos evidentes e igualmente decisivos, según detalla Edward Fishman en su libro Chokepoints: las redes de divisas, los bancos corresponsales, los seguros marítimos y las cadenas de suministro de semiconductores. Cerrar un estrecho corta físicamente el tráfico, pero una simple notificación del Tesoro de EEUU puede dejar a un país fuera del sistema financiero mundial. Para los inversores, entender quién controla estas infraestructuras y cómo pueden utilizarse constituye ya una cuestión tanto geopolítica como macroeconómica.

El dólar como arma

Uno de los principales puntos de estrangulamiento es el propio sistema financiero internacional basado en el dólar. EEUU representa menos del 10% de las exportaciones mundiales, pero el billete verde interviene en cerca del 90% de las transacciones internacionales de divisas. Incluso operaciones entre dos países ajenos a EEUU, como la compra de carbón australiano por parte de India, suelen pasar previamente por el dólar. China lleva años intentando internacionalizar el renminbi sin demasiado éxito: apenas supone el 4% de los pagos internacionales y sólo el 30% del comercio exterior chino se liquida en su propia moneda.

Durante décadas, Washington evitó utilizar esa posición dominante. Temía que convertir al dólar en un arma "socavaría su papel como moneda de reserva", en palabras del ex secretario del Tesoro Robert Rubin. Esa cautela desapareció tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando EEUU comenzó a imponer sanciones financieras a gran escala. La prueba de fuego llegó en febrero de 2022, tras la invasión rusa de Ucrania. EEUU y sus aliados inmovilizaron más de 300.000 millones de dólares en reservas internacionales rusas. Pronto quedó claro que incluso los activos mantenidos en jurisdicciones y monedas "seguras" dependen de la alineación geopolítica. Ese episodio explica, en buena medida, la fiebre de compras de oro de los bancos centrales –liderada por China, Polonia, India y Turquía– que ha impulsado el precio del metal un 135% entre febrero de 2022 y abril de 2026.

Cortado por su propio banco

Si el dólar es el idioma común de las finanzas, la banca corresponsal es su sistema postal. Como la mayoría de las operaciones en dólares deben pasar por bancos regulados en EEUU, una gran parte de los pagos internacionales termina canalizándose a través de entidades situadas en Nueva York y del sistema de compensación Clearing House Interbank Payments System (CHIPS). Esto permitió al Tesoro estadounidense convertir la infraestructura bancaria en un punto de estrangulamiento mediante la llamada "Lista SDN", una lista negra de personas y entidades sancionadas que hoy supera las 2.000 páginas. Cualquier entidad señalada se enfrenta al congelamiento de activos y, en la práctica, a la expulsión del sistema del dólar.

El caso del Banco Delta Asia, en Macao, demostró la eficacia de este enfoque en 2005. Tras ser señalado por facilitar operaciones de Corea del Norte, numerosas entidades financieras rompieron voluntariamente sus relaciones con el banco para evitar riesgos regulatorios, sin necesidad de que existiera una orden expresa. Con Irán ocurrió algo similar: las sanciones directas al comercio apenas surtieron efecto porque Washington nunca compró petróleo iraní. El punto de inflexión llegó en 2012, cuando EEUU amenazó con expulsar del sistema de compensación en dólares a cualquier banco que operara con Irán, obligando a los grandes bancos internacionales a elegir bando. BNP Paribas y HSBC pagaron multas de 9.000 y 2.000 millones de dólares, respectivamente, por intentar operar con ambos sin declararlo.

Aguas turbulentas

El transporte marítimo, del que depende el comercio mundial, necesita cobertura aseguradora. Este mercado está abrumadoramente concentrado en Londres: el International Group of P&I Clubs, con sede en la capital británica, cubría más del 95% de todos los cargamentos de petróleo al inicio de la guerra ruso-ucraniana. Esa concentración permitió diseñar uno de los instrumentos más sofisticados de sanción en la era posterior a 2022: el tope al precio del petróleo. Desde finales de ese año, las empresas occidentales no pueden transportar, asegurar ni financiar petróleo ruso vendido por encima de 60 dólares el barril. La medida permitió mantener el suministro mundial de crudo sin provocar un fuerte aumento de los precios, al tiempo que reducía los ingresos obtenidos por Moscú. Rusia respondió con una "flota fantasma" de petroleros viejos y aseguradoras opacas, que le permite seguir vendiendo, aunque con un descuento permanente: sus ingresos petroleros cayeron casi un 50% interanual en el primer semestre de 2023.

Chips en el campo de batalla

El punto de estrangulamiento más relevante en la actualidad quizás sea la industria mundial de los semiconductores. Una sola empresa, ASML, produce los equipos de fabricación más críticos: los sistemas de litografía ultravioleta extrema. Nvidia diseña más del 70% de los chips de IA de vanguardia del mundo; y la taiwanesa TSMC acapara el 90% del mercado de fabricación de semiconductores más avanzados.

La utilización inicial de los semiconductores como arma comenzó casi por accidente. En 2018, EEUU cortó a la china ZTE el acceso a componentes estadounidenses, y la empresa estuvo a punto de quebrar en semanas. La lección quedó clara para ambos bandos: el acceso a la tecnología estadounidense podía ser tan vital como el acceso al dólar, y eliminarlo podía ser igual de letal.

En 2022, Washington impuso controles de exportación sin precedentes contra China, forzando a fabricantes como TSMC a elegir entre Huawei o la tecnología estadounidense. El resultado no fue perfecto: en 2023 Huawei presentó un teléfono con un chip avanzado diseñado y fabricado íntegramente en China, aunque dependiente de equipos de fabricación más antiguos y menos eficientes.


Un mundo condicional, no desconectado

La conclusión de Fishman es que los puntos de estrangulamiento menos visibles que los geográficos podrían volverse cada vez más importantes y mucho más determinantes para el mercado. No estamos siendo testigos de una desglobalización; más bien, estamos aprendiendo que la participación en la economía global ha dejado de ser incondicional. El dólar sigue dominando; la mayoría de las transacciones transfronterizas continúan fluyendo a través de Nueva York; los barcos no dejan de zarpar; y los chips funcionan en todo el planeta. Pero esa infraestructura a través de la que opera todo eso depende en gran medida de decisiones jurisdiccionales y políticas estadounidenses y, en casos extremos, es tan susceptible de convertirse en arma como cerrar un estrecho oceánico angosto.

Para los inversores, comprender la infraestructura financiera, legal y de redes de la economía global ahora importa tanto como conocer los mercados, los precios y la geografía. Usar este enfoque también podría ayudar a anticipar el próximo gran movimiento de algún actor geopolítico, tal vez incómodo con el dominio estadounidense, que busque eludir estos nuevos puntos de estrangulamiento.

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