INDAGANDO EN EL MEJOR MODELO DE FINANCIACIÓN
Buscando financiación: los 'angel partners'
· Por Juan Ramón Sánchez Carballido
lunes 12 de septiembre de 2016, 09:01h
La nueva economía alumbrada por la revolución digital ha perturbado también los esquemas clásicos sobre financiación empresarial. No se trata de un movimiento preconcebido estratégicamente ni auspiciado desde ningún centro de poder. Es una simple consecuencia derivada del perfil de las empresas de nuevo cuño que apoyan su actividad en las tecnologías de vanguardia. Estas compañías aparentan siempre un carácter incipiente. Apenas cuentan con una sencilla idea de negocio y no soportan grandes necesidades de equipamiento para poder lanzar al mercado una primera versión “beta” de su producto. Las conocidas como star up no necesitan, en definitiva, tanto dinero para arrancar como las compañías tradicionales o las que se desenvuelven en un ecosistema diferente al digital. A pesar de ello, se ha producido un aumento espectacular en las inversiones realizadas en el campo del desarrollo de software, que en el lapso de 2013 a 2015 experimentó un incremento del 40% respecto a los registros de 1999-2002. En estos mismos períodos la inversión eh hardware, por ejemplo, sufrió un dramático descenso de más del 78%.
En este nuevo escenario aun opera un fundamento heredado del pasado, cual es el afán de esquivar a toda costa los intereses financieros de las entidades de crédito o de inversión. En estos casos resultaría mucho más apropiada la aportación monetaria a cargo del segmento del capital riesgo, si no fuera porque su participación parece venirles demasiado grande. Como decimos, las star up no requieren de inversiones iniciales tan enormes como las que se mueven en el entorno del millón de euros, que es la banda donde operan las venture capital. A fin de cuentas, el mito de que se puede revolucionar el mundo de la informática desde el garaje de un adosado de clase media sigue sólidamente instalado en el imaginario colectivo.
Para hacernos una idea de lo que está ocurriendo podemos acudir a los datos del Foro Económico Mundial. En la última década se ha reducido el número total de estas venture capital para dejar su puesto a otras formas alternativas de financiación. En cambio, los Business Angel o Angel Partners experimentaron entre 2009 y 2013 un incremento del 30%, en el caso de grupos de empresas, y de un 22% en el caso de los inversores particulares.
El problema –porque no hay mundos perfectos- radica en que la fisonomía de star up es la predominante en un porcentaje elevadísimo de las nuevas empresas tecnológicas. Esta proliferación comienza a perturbar con un exceso de peticiones. Consideremos que, a pesar del descenso en el número de empresas de capital riesgo en los países desarrollados, la cantidad global de capital invertido en nuevas empresas creció un 30% en el período 2012-2014.
¿De dónde sale este dinero, si no es de las venture capital? Ya conocemos la respuesta. Entonces, ¿qué se debe hacer para invocar la “angelical” providencia financiera? Si, como decimos, los Angel Partners vienen a cubrir la banda de capital que no interesa abordar a los fondos de inversión de capital riesgo; y si Asia se está convirtiendo en un importante centro de irradiación de venture capital; entonces, es muy probable que los ángeles del capitalismo surjan en territorio del comunismo chino.
Más que probable, de hecho. La relación entre el crecimiento en los mercados emergentes y la generación de riqueza privada resulta tan indisoluble como la relación entre estos nuevos ricos y las fuentes de capital para la creación de empresas, nuevas también. Y, según afirma el The Wealth Report de 2015, entre 2004 y 2014 el número de individuos con una renta superior a los cien millones de dólares se triplicó, acaparando China el 33% de ellos.
Con todo, debe tenerse en cuenta que las cosas ya no resultan tan sencillas como lo fueron en la última década. Hay tanto donde elegir que los tiempos de espera se van incrementando y crece la competencia entre buenas ideas, así como la pugna suscitada entre proyectos que resultan atractivos y viables de por sí. Hasta qué punto la proliferación va a cambiar el modelo star up todavía es una incógnita. Si hasta la fecha competía al consumidor decidir si una aplicación de software en modo de prueba merecía o no un desarrollo ulterior, lo cierto es que ahora cada propuesta debe someterse y superar la evaluación previa de un ángel cada vez más exigente. La reciente consigna de “lanza pronto, yerra pronto, corrige pronto” tal vez quede en entredicho, anquilosando el sorprendente éxito y la maravillosa versatilidad de la nueva economía.